Política

Anián Berto: » Mí querida España, no la va a conocer ni la madre que la parió»

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Un solo gesto de Sánchez, el coletas y la marquesa de Galapar, transmitiría solidaridad a España.

El tiempo se agota, la paciencia también. Vamos tarde, quizá apresurados, para salvar a ‘mi querida España, esa España mía, esa España nuestra’. Y no esperemos que alguien lo haga por nosotros, de lo contrario ‘vamos a dejar a España qué no la va a conocer ni la madre que la parió’. Mocedades y Alfonso Guerra lo dijeron alto y claro allá por los años 80’s en sus respectivas frases célebres que no pierden actualidad. Nadie entonces pudo imaginar que la letra de aquella canción sirviera para tanto, ni el propio grupo musical. De igual modo, el segundón político socialista, vicepresidente de aquel Gobierno y vicesecretario del entonces PSOE, previno que sentaría cátedra en su convencimiento rabioso, maniático, progre y eterno de cambiar a España en su estilo y tendencias, a cambio de rancias ideas, caducas y pre-históricas que desangra sus principios.

El social-pedrismo de Sánchez ni resuelve ni se compadece del sufrimiento desolador de los ciudadanos víctimas de la situación devastadora de las crisis que la pandemia provoca. Un solo gesto de Pedro Sánchez, secundado por su séquito, incluido el coleta y la marquesa de Galapar, transmitiría solidaridad a España. Es reducir su sueldo, no ampliarlo como ha hecho, sino al revés. Un salario acorde con la situación y en beneficio de los más desfavorecidos, identificándose con los españoles que sufren necesidades vitales, familias y niños que sienten hambre, empresarios arruinados y una sociedad desestructurada que presenta una grave conflictividad. ¿Dónde está la bondad del social-comunismo?.

El país vuelve a estar en guerra, donde no se derrumban edificios, pero si cierran sus puertas, en una contienda política-bacteriológica imposible de vencer por las estrategias improvisadas, tardías y diseminadas de estos políticos. Un caos con muchos frentes y pocas trincheras que, cómo siempre, fulmina a los más débiles en primera línea de fuego.

El virus faltaba para hacer valer el desconcierto que necesita el poder de Sánchez en aprovechamiento propio para hacerlo fértil. La Covid-19 está, y ha venido para quedarse, No existirá una vacuna en muchos años que convierta en bálsamo la hecatombe social-económica que produce ahora. Los politólogos tendrán tiempo y motivaciones para enredar lo que ellos mismos embarullan. Es imposible resolver problemas pensando de la misma manera que se crean’, decía Albert Einstein. Mientras una pancarta colgada en una valla apostilló que, ‘la solución está en manos del problema’.

El ser humano por naturaleza es animal de costumbres, aprendemos del semejante y actuamos por impulsos. No somos racionales, sino emocionales, que más tarde razonamos. Utilizamos los cinco sentidos a través de los sentimientos aprendidos. Y es así cómo nos hemos familiarizado con los telediarios, las noticias y el guión de las televisiones, prensa y radios afines subvencionadas por el Gobierno. Injerencias en la división de poderes, supervisión e intervención de la libertad de expresión a través de su única verdad, un insinuante ministerio extremadamente contradictorio del Gobierno más mentiroso de la historia. Se deduce de la ineptitud dictatorial criterios políticos que pretenden aborregar y adoctrinar en el gregarismo al personal.

El maná no caerá del cielo. La nueva inmovilidad que aprieta la libertad al ciudadano hundirá aún más la economía y la salud, o ambas a la vez. Los medidores nos sitúan en un empobrecimiento superior al 40 %, el PIB caerá alrededor de 13 puntos y el paro se acerca a cuatro millones de personas. ¿A qué esperamos?. Los socios de la Unión Europea nos vigilan y no van a permitir un despiporre de las ayudas prometidas, exigirán acciones competentes y esfuerzo de los españoles. La población está obligada a dar un paso al frente, evitar conformismos de ‘paguitas’ y aprender a pescar. Aquí nadie está dispuesto a sacar las castañas del fuego, en un país maniatado, acorralado y, cada vez, más limitado y estresado. España, no solo necesita auxilio económico, sino españoles con agallas y gallardía que griten, ¡¡ Basta ya !!.

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