Negocio

Azuaga quiere tener en la nueva Unicaja más poder real que ‘Goiri’ en CaixaBank

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Manuel Azuaga, actual presidente de Unicaja, mantendrá su cargo en la entidad que resulte de la fusión de la antigua caja malagueña y Liberbank. Y lo hará como ejecutivo, es decir, con la misma consideración que tiene ahora. En cambio, quedan dos flecos por cortar para sellar definitivamente la fusión. El primero de ellos es la concreción de las atribuciones que tendrá Azuaga como ejecutivo en la futura entidad una vez que se lleve a cabo la unión con la asturiana, para lo que el actual presidente ha solicitado que su papel supere al que José Ignacio Goirigolzarri tendrá en la futura CaixaBankes decir, que tenga plenos poderes. 

La primera operación de la nueva ola de fusiones, la que unirá a CaixaBank y Bankia y se aprobará la próxima semana en las juntas de accionistas de ambos bancos, es una guía clara para las que han venido después. En lo que a gobierno corporativo se refiere, Goirigolzarri, pese a tener un cargo ejecutivo, se quedará solo con las áreas de auditoría, la secretaría del consejo de administración y la comunicación. Azuaga quiere hacer valer el papel de banco absorbente en esta fusión, por lo que ha pedido tener más atribuciones en la futura entidad. 

Junta General de Accionistas de Unicaja.

Este es el principal punto de discusión en una negociación que ahora apunta a un cierre exitoso. Desde el principio del proceso de ‘due diligence’ ambas entidades han tenido claro el nombre y el puesto de cada uno de los miembros de su futura cúpula. A Azuaga le acompañará como consejero delegado el actual CEO de Liberbank, Manuel Menéndez, justo el esquema opuesto al que se utilizó en la unión de CaixaBank y Bankia, con el absorbido como presidente y el absorbente como consejero delegado. Es decir, en el caso de la malagueña y la asturiana, los andaluces buscan que el poder recaiga, al menos, en ambas partes por igual. 

En cambio, aún es necesario esperar para conocer quién será el encargado de cada área de responsabilidad en la futura Unicaja -la entidad resultante mantendrá el nombre de la malagueña-. Cabe recordar que el Banco Central Europeo (BCE) lleva años pidiendo a las entidades bajo su supervisión que exista un único puesto ejecutivo en la persona del CEO y que el presidente sea un cargo no ejecutivo. En cambio, las últimas fusiones que se están viendo en el mercado nacional contradicen esta máxima.

Fundación Unicaja supera el 50% del capital

También queda por resolver la ecuación de canje, es decir, el peso que cada entidad tendrá en el futuro banco. En este sentido, y como adelantó La Información, era condición ‘sine qua non’ que la Fundación de la antigua caja malagueña consiguiese la autorización de los reguladores para superar el 50% del capital antes de la fusión y mantener así, una vez que se realizase la operación, los beneficios fiscales que le corresponden por mantener el grupo consolidado. 

Este segundo punto está casi cerrado. Por un lado, la Fundación habría conseguido dicha autorización y llevado a cabo la amortización de la autocartera, lo que le ha permitido superar el umbral del 50%. En concreto, de acuerdo con los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el pasado miércoles la Fundación Bancaria Unicaja habría aumentado el número de derechos de voto en 1,2 puntos porcentuales, pasando del 49,685% con el que contaba hasta el momento al 50,812% que ostenta ahora. Este pequeño paso le permite ceder en la ecuación de canje con respecto a Liberbank y salvar los errores que en el pasado condenaron la operación.

De acuerdo con fuentes financieras, la ecuación de canje que ahora está sobre la mesa dejaría el capital de la entidad en un 59,5% en manos de Unicaja y el 40,5% restante en manos de Liberbank. En este sentido, y de acuerdo con las mismas fuentes, estos números aún podrían ajustarse un poco más, pues cabe la posibilidad modificarlos en una horquilla de hasta 0,5 puntos porcentuales. De respetarse estos porcentajes, la Fundación Unicaja se quedaría con un 30,23% lo que le permitiría mantener los beneficios fiscales con los que ahora cuenta gracias a la Ley de Cajas y evitar lanzar una opa en caso de que quisiese seguir creciendo en el capital de la entidad resultante una vez que se utilice la fusión. 

Por tanto, y pese a que las negociaciones marchan viento en popa, ninguna de las dos entidades las da por cerradas todavía y los próximos días serán claves para conocer qué pasará con la segunda fusión de una nueva ola en la que CaixaBank y Bankia han hecho de guía y que ya han seguido otros grandes bancos como BBVA y Sabadell

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