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Clientes de Caixabank y Bankia: ¿cómo les afectará la fusión en 2021?

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Primer match point solventado. Esta semana Caixabank y Bankia tenían dos citas clave en las que se jugaban el futuro de la fusión que adelantaron el pasado 3 de septiembre, hace ya justo dos meses. Y es que ambas entidades celebraran sus respectivas juntas de accionistas (el día 1 y 3 de diciembre) en las que darían luz verde la operación. En el caso de la de Goirigolzarri fueron el 99,2% de los accionistas los que votaron a favor. También dieron el visto bueno los propietarios de la entidad catalana a una operación que tendrá que ahora superar las autorizaciones regulatorias. 

Eso sí, aún quedan todavía varios flecos importantes que atar como el organigrama de la futura Caixabank  (que será, por cierto, el mayor banco de España con más de 660.000 millones de euros en activos) que, más allá del consejo de administración, es todavía un enigma y así lo seguirá siendo, al menos, hasta dentro de unas semanas. 

Otro punto de partido a tener en cuenta será el visto buena de Competencia, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Banco de España y el Banco Central Europeo (BCE) que se recogerá desde el Ministerio de Asuntos Económicos. Tras esto, terminará la integración jurídica y comenzará la tecnológica. Está previsto que este proceso tenga lugar durante el cuarto trimestre de 2021. “En ese momento, las entidades estarán totalmente unidas y los clientes contarán con una única plataforma y red de oficinas y un catálogo de productos y servicios unificados”, señaló Gorigolzarri. 

José Ignacio Goirigolzarri, Bankia

Clientes

Así las cosas, todavía queda un largo recorrido hasta finales del año que viene para que los clientes se vean “afectados” por la unión de ambas entidades. Por lo general, y antes de nada, los bancos resultantes de las fusiones siempre acostumbran a homogeneizar las condiciones de sus productos, así como sus tarifas, y esto además no se trata de un proceso inmediato, por lo que podríamos estar hablando ya de 2022. 

Los bancos pueden cambiar unilateralmente las condiciones de las cuentas y de las tarjetas. Es probable que al principio sean las mismas pero que tras un plazo de tiempo prudencial, la entidad unifique dichas condiciones. En cualquier caso, están obligadas a informar a los clientes con antelación. Otro de los cambios probables es que los clientes de Bankia -entidad absorbida- vean modificado su código IBAN, aunque es un trámite que no les debería generar ningún perjuicio ya que la entidad es quien redireccionaría las domiciliaciones hacia el nuevo. 

En el caso de las hipotecas o préstamos, estos no se verían afectados ya que hablamos de contratos con una duración definida, por lo que no podrían modificarse de forma unilateral. No obstante, las condiciones particulares de los productos vinculados sí podrían verse alteradas si no aparecen fijadas en las escrituras. Por ejemplo, las primas de los seguros podrían ser diferentes tras la renovación, se podrían incluir nuevas comisiones en tarjetas, etc.

Por último, en el caso de los productos de inversión, es probable que los clientes se vean obligados a traspasar sus fondos a los productos comercializados por el nuevo banco, ya que no todas las entidades bancarias comercializan los mismos fondos de inversión ni planes de pensiones. Este traspaso puede obligar al cliente a tener que asumir las comisiones de la otra entidad. A efectos fiscales, este cambio no supondría ninguna alteración para el cliente. 

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