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Eduardo Inda: «Los PGE de Sánchez son los presupuestos de ETA»

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Uno puede enriquecerse de dos maneras: la honrada, que augura grandes complicaciones en el camino y casi nulas posibilidades de éxito, y la golfa, que pasa por ponerte la legalidad y la ética por montera para hacerte millonario lo más rápida y fácilmente posible.

El ser humano es débil por naturaleza y el español genéticamente envidioso.

Esto último no lo digo yo, lo han señalado ilustres seres made in Spain como Cervantes, Gracián, Unamuno o Machado.

¿Cuántas veces una pareja habrá cuchicheado por lo bajini “con lo que tú trabajas, tendríamos que vivir como ellos” en referencia a los padres del compañero de colegio de su hijo, a los vecinos del séptimo o a los peripuestos invitados de la cena a la que han sido invitados?

Muchas veces sin saber que el triunfador o triunfadora envidiado ha acumulado un potosí con modos y maneras que desbordan claramente la legalidad: unos cobrando comisiones en empresas o en cargos públicos, otros consiguiendo recalificaciones urbanísticamente imposibles tras untar a todo pichipata, otros mercadeando con drogas y los últimos blanqueando dinero chungo.

Sirva esta metáfora para describir lo que está siendo el sanchismo en general y muy en particular el que gobierna España de enero a esta parte. Hay que partir de la base de que estamos ante el presidente con peores guarismos de diputados de la historia: menos aún que el otro Sánchez que ganó las elecciones de abril del año pasado.

Aquellos 123 escaños se antojan una heroicidad al lado de los 120 que se anotó en los comicios del 10-N. Una reverenda porquería al lado de los 137 de Mariano Rajoy en 2016 o de los 186 que sumó el popular en 2011, de los 164 de Zapatero en 2004, de los 185 de Aznar en 2000 y no digamos ya si en el otro fiel de la balanza colocamos los 202 de Felipe González el 28 de octubre de 1982.

Vamos, que estamos ante el presidente con menos respaldo popular de todos los tiempos.

Y con ese raquítico aval ciudadano se está convirtiendo en el inquilino de Moncloa que más poder tiene en sus manos: la mayoría de los medios está adquirido por convicción o por dinero, le pasan por alto sinvergonzonerías que a un presidente del PP le costarían el cargo —mismamente, la tesis—, ha conseguido que la oposición esté en una lucha fratricida que puede acabar como el rosario de la Aurora y España vive una suerte de proceso revolucionario del que nadie sabe a ciencia cierta cómo saldremos pero seguro que no precisamente bien.

¿Y cómo ha hecho Sánchez para tener más poder casi que el Felipe de los buenos tiempos? Pues como el dinero los millonarios malandrines: con malas artes, anteponiendo el deseo a la ética, echando mano del repugnante “aquí, vale todo”, haciendo bueno ese maquiavélico aserto que sostiene que “el fin justifica los medios”.

En nuestra democracia había un acuerdo no escrito, respetado sistemáticamente por PSOE y PP, que pasaba por no pactar jamás con los herederos de ETA.

Es decir, con Bildu, Sortu o como quiera que llamen a esa banda de malnacidos metidos a políticos.

Lo viví en mis carnes en Navarra, donde las buenas artes de Rubalcaba y antaño Felipe González por un lado y de Aznar y Rajoy por otro impidieron que se tuviera que depender de los machacas de la dirección de ETA. Que el PSOE ganaba las autonómicas, pues UPN y PP le daban vía libre para gobernar en minoría; que quien se llevaba el gato al agua era UPN, pues el PSOE daba un paso al lado y permitía que fuera UPN quien rigiera los destinos de la comunidad. Un turnismo virtuoso que mantuvo históricamente a raya a esa gentuza.

Como también existía una entente cordiale que consistía en no pactar jamás de los jamases con partidos independentistas.

Algo que llevó tanto a Adolfo Suárez, como a Felipe González y a Aznar a no fraguar un solo acuerdo de Gobierno con ERC, ya fuera a nivel nacional, autonómico o local por pequeño que fuera el municipio en cuestión.

Los tres tuvieron meridianamente claro que con las cosas de comer no se jugaba.

Y la unidad de España es una de esas cosas de comer que hasta Zapatero fueron intocables. La Constitución, ni más ni menos que el artículo 2, no se anda con rodeos al respecto: “La Carta Magna se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

Zapatero, el gran culpable de la deriva que está teniendo lugar en España, un extremista de falsa sonrisa travestido de demócrata tolerante, fue el que rompió todos los consensos al alentar el tripartito catalán, en el que por primera vez el PSOE iba de la manita de ERC, un partido entonces manifiestamente separatista y ahora fehacientemente golpista.

Sea como fuere, me llama poderosamente la atención que un diario como El País, históricamente socialdemócrata, ahora vendido al poder de turno con tal de que les salve su ya proverbial bancarrota, titulase en modo groupie el acuerdo con los malos: “Sánchez saca en los Presupuestos más votos que en la investidura”.

El subtítulo no desmerecía del que se hubiera sacado de la chistera Arriba o El Alcázar para loar al dictador: “El Gobierno logra 188 apoyos a las cuentas de 2021 con el mayor gasto social de la historia para afrontar la peor crisis sanitaria”.

Encabezamiento que tenía más pinta de estar mandatado desde Moncloa que otra cosa, ya sabemos cómo operan estos gurús del periodismo y la verdad que se creen que mean colonia.

Lo peor de todo es que, más que dar la sensación, los españoles tenemos la convicción que el vicedelincuente Iglesias tenía razón cuando afirmó que “Bildu está en la dirección del Estado”.

Estos Presupuestos son, para empezar, una piñata de pasta a País Vasco y Cataluña (40.000 millones sumando inversiones directas y la gestión de las pensiones), y para terminar, el principio del final de la segunda nación más antigua de Europa con un sinfín de cesiones territoriales entre las cuales la del cuartel de Loyola es la más sangrante pero no la única.

Vamos, que Sánchez compra su continuidad en Moncloa y en el Falcon con dinero de madrileños, andaluces, murcianos, castellanomanchegos, valencianos, castellanoleoneses, gallegos, asturianos, cántabros, aragoneses, extremeños, riojanos, baleares  y canarios. La fiesta de Su Excelencia, Bildu, PNV y ERC la pagamos los españoles que no vivimos en el País Vasco, Navarra o Cataluña. De risa si no fuera para llorar a moco tendido.

Por no hablar de la inmoralidad supina que constituye el acercamiento al País Vasco de los asesinos de los Jiménez-Becerril, que dejaron huérfanos de padre y madre a tres niños de 9, 7 y 4 años, de los que se llevaron para siempre a Ernest Lluch o de ese Kantauri que ordenó que se privara de la vida a ese otro gran socialista que era Fernando Múgica.

Y qué quieren que les diga de los beneficios penitenciarios concedidos a ese hijo de Satanás apodado Txapote, que mató a cañón tocante a Miguel Ángel Blanco y sin conmiseración a Goyo Ordóñez. Pues que me cisco en la calavera de quien los ha otorgado. Y no le echo mal de ojo porque carezco de esos poderes que, si no, lo hacía. Vaya si lo hacía.

Con todo, lo más infamante es que Sánchez e Iglesias escogieran como primer socio presupuestario a Bildu, el brazo político de ETA. Los obedientes políticos de una banda terrorista que ha asesinado a 856 compatriotas, ha secuestrado a decenas de personas, ha herido, mutilado y quemado a miles, ha extorsionado a decenas de miles y ha provocado el exilio de 250.000 vascos.

Un grupo criminal que no es la “gente de paz” de la que hablan Zapatero o Iglesias cuando se refieren al jefe etarra Otegi sino más bien seres diabólicos que se han disuelto tan formal como falsariamente. ¿Cómo se puede mantener que “ETA ya no existe” cuando no se han arrepentido, no han pedido perdón, no han contribuido a resolver 300 asesinatos cuyos autores siguen siendo desconocidos y no han entregado las armas?

ETA y los golpistas de ERC gobiernan España, tal y como asegura con maldad pero estricto apego a la realidad Pablo Iglesias. Son los auténticos vencedores de esta película de terror llamada Presupuestos Generales del Estado. Y todo porque Sánchez antepone su egoísmo personal al bien nacional, al interés general.

Jamás pude imaginar que nuestra democracia caería tan bajo, que estaríamos acercándonos a ese 36 de tan infausto recuerdo, que ese bendito turnismo que hemos vivido durante 40 años se esté yendo a tomar viento y que la Constitución sea ya poco menos que papel mojado. La siguiente ignominia la verán nuestros ojos: a los filoterroristas de Bildu y a los golpistas de ERC en el Consejo General del Poder Judicial.

Qué añoranza de esos tiempos en los que dos partidos moderados y sensatos como PP y PSOE se alternaban en el poder con un común denominador: el respeto a esa Constitución que acabó —pensábamos que para siempre— con esa secular España a garrotazos retratada magistralmente por Don Francisco de Goya y Lucientes.

Bastaría con que Sánchez y Casado se pusieran de acuerdo en los grandes acuerdos de Estado para que estas bestias regresasen a las madrigueras de las que nunca debieron salir.

Soñar es gratis.

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