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El BCE tensa la cuerda en busca de más sinergias en la unión Unicaja-Liberbank

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La segunda gran boda bancaria del año está cada vez más cerca. Unicaja y Liberbankya casi están en capilla, pero para conseguir consumar la unión necesitan el beneplácito del Banco Central Europeo (BCE). El supervisor de los mercados recibió hace unas semanas la primera documentación sobre la potencial operación de concentración y no se ha quedado del todo conforme con los resultados del primer análisis. El BCE ha solicitado que aumenten las sinergias de costes de 150 millones de euros inicialmente contempladas

Fuentes financieras recuerdan que el objetivo de esta nueva ola de fusiones que comenzó con la unión de CaixaBank y Bankia, que se materializó la semana pasada, es construir bancos más fuertes a través de las uniones con importantes sinergias en costes; es decir, que sean más eficientes y rentables. Para ello, se necesitan equipos más pequeños, menos oficinas y más digitalización. Es precisamente en este punto en el que el supervisor de Fráncfort habría puesto la lupa en la unión de los dos bancos españoles. 

Manuel Azuaga, presidente ejecutivo de Unicaja.

Unicaja y Liberbank son dos sociedades muy capitalizadas -su nivel CET1 ‘fully loaded’, el capital de máxima calidad, supera en ambos casos el 14%- y se encuentran por encima de los requerimientos regulatorios. Por esta razón, el supervisor no duda de su solvencia, pero busca crear un banco más fuerte, rentable y eficiente para afrontar el próximo ciclo económico que se presentará tras la pandemia de la Covid-19. 

Para ello, una de las opciones que se estaría barajando es el aumento de las salidas y el cierre de un mayor número de oficinas una vez que se consume la fusión. En el plan inicial se contemplaba el recorte de hasta 1.500 empleados y echar la persiana a unas 400 sucursales. Estas cifras podrían verse aumentadas para conseguir mayores ahorros de costes, lo que implicaría un consumo de capital mayor inicialmente, pero reforzaría la generación futura. Sea como fuere, los pormenores de este punto se negociará una vez que se cierre la operación de fusión, apuntan fuentes conocedoras de los procesos.

Las entidades barajaban inicialmente las cifras de 1.500 salidas de empleados y el cierre de 400 oficinas

Ambas entidades confirmaron la existencia de conversaciones formales para cerrar una posible fusión a principios del pasado mes de octubre. Desde entonces las negociaciones han avanzado en los aspectos claves de la operación: el gobierno corporativo y la ecuación de canje. En estos aspectos aún quedan flecos por cortar y no han terminado de cerrarse, confirman a La Información fuentes conocedoras. 

Azuaga será presidente ejecutivo

El punto del gobierno corporativo ha estado claro a grandes rasgos desde el principio de las negociaciones. Manuel Azuaga, actual presidente de Unicaja, mantendrá su cargo ejecutivo en la entidad que resulte de la fusión, mientras que Manuel Menéndez, actual CEO de Liberbank, se convertirá en el consejero delegado de la malagueña. Pese a que esta estructura estaba clara “desde el principio”, reconocen fuentes financieras, no así las atribuciones de cada puesto. 

Azuaga, haciendo valer el papel de Unicaja como absorbente, ha pedido mayores funciones en el futuro banco, pidiendo tener un papel preponderante y no meramente institucional. Cabe recordar que el BCE lleva años pidiendo a las entidades bajo su supervisión que exista un único puesto ejecutivo en la persona del CEO y que el presidente sea un cargo no ejecutivo. En cambio, las últimas fusiones que se están viendo en el mercado nacional contradicen esta máxima, por lo que podría llegar a solicitar un plazo máximo de vigencia del mandato del primer espada. 

Con respecto al otro punto clave, la ecuación de canje, dejaría el capital de la entidad en un 59,5% en manos de Unicaja y el 40,5% restante en manos de Liberbank. A falta de cerrar los últimos flecos, estas cifras podrían variar en una horquilla de hasta 0,5 puntos porcentuales, siempre en beneficio de una mayor posición de Liberbank. En cualquier caso, el accionista mayoritario seguirá siendo la Fundación Unicaja que, tras amortizar la autocartera ha conseguido superar el umbral del 50% en la entidad actual, lo que le asegura una participación por encima del 30% en el banco resultante. Este hecho le permitirá mantener los beneficio fiscales que tiene actualmente como grupo consolidado, una de las grandes líneas rojas que motivó el fracaso de la operación en anteriores intentos.

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