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El ‘caso Microsoft’: por qué Netflix no pagará más al Fisco al vender en España

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Netflix cambiará su forma de facturar en España. El gigante del vídeo bajo demanda cobrará desde este país a los usuarios, en vez de hacerlo desde Países Bajos, como ha venido haciendo desde su aterrizaje en este mercado en el año 2016. Esta decisión se toma después de la presión recibida en los últimos años por su estructura fiscal. Una presión que llegó incluso desde el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que la señaló con el dedo, sin nombrarla, en uno de sus discursos en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, no implicará un pago mayor de Impuesto de Sociedades local. Y la prueba está en otra de las grandes multinacionales del sector, Microsoft, que fue pionera y completó el mismo movimiento hace dos años sin ningún impacto fiscal relevante.

Hasta ahora, la plataforma creadora de grandes series como Stranger Things, Élite o Gambito de Dama tenía una estructura muy similar a otros gigantes como Google, Facebook, HBO, Disney+ o Uber. La filial española principal de la multinacional hacía las veces de comisionista de la matriz con sede en Amsterdam (Países Bajos), refacturándole trabajos de promoción y gestión. Ésta última sociedad holandesa es la que cuenta con la propiedad intelectual y todos los activos intangibles clave para ofrecer el servicio de vídeo a los españoles. Y era esa compañía, Netflix International BV, la que prestaba el servicio final y facturaba a cada uno de los millones de usuarios de pago en el país.

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A partir del próximo año, tal y como anunció a comienzos de esta semana, facturará desde una de las sociedades con las que opera en España. Es decir, declarará íntegramente en el Registro Mercantil todos el volumen de negocio real. Hasta ahora esa cifra es absolutamente desconocida, pues sólo existen estudios de consultoras y estimaciones de organismos públicos o de competidores. La compañía no quiso ofrecer ningún tipo de previsión ni de los ingresos ni tampoco de los impuestos que se abonarán. Pero, ¿qué significa esta modificación? La cifra de ventas se disparará, pero a costa de otro capítulo de gastos que hasta ahora era testimonial: los aprovisionamientos. Y la razón hay que encontrarla, precisamente, en la propiedad intelectual y los ‘royalties’.

Netflix, al igual que el resto de compañías como Google (Irlanda) o Uber (Países Bajos), tiene alojada toda la propiedad intelectual clave en el funcionamiento en la compañía con sede en Amsterdam. La consecuencia es que la española pasa de ser una comisionista por servicios vinculados a la venta a ser directamente una distribuidora. Pero para hacer ese paso, la española deberá incrementar las compras de los ‘royalties’ a esa matriz internacional, según explican varios expertos fiscalistas consultados por La Información. Esa transacción ha de hacerse a un precio de transferencia fijado. Ese precio ha sido utilizado tradicionalmente por muchas compañías para elevar los gastos en el país de origen y trasladar buena parte del negocio a la matriz, ubicada en un país con tributación especialmente favorable. En este caso, se trataría de los Países Bajos.

El ‘Caso Microsoft’ como ejemplo

Pero para ilustrar más las consecuencias reales para las arcas de la Agencia Tributaria de este cambio se encuentra el caso de Microsoft. El fabricante de Windows operaba en España con un modelo mixto: facturaba directamente a clientes corporativos españoles todo lo que es el servicio de soporte y consultoría y refacturaba comisiones por soporte y ayuda a ventas a diferentes empresas del grupo, principalmente Microsoft Ireland, con sede en Dublín. Éstas últimas ventas son las que, en su gran mayoría, se declaran desde el año 2018 desde la filial local, radicada en Madrid. Por tanto, ya hay un primer ejercicio fiscal completo para ver el impacto en los impuestos pagados en España. Y éste ha sido prácticamente nulo.

Como era de esperar los ingresos de Microsoft Iberica (España) se dispararon desde los 217 a los 380 millones de euros, debido al registro de todo ese negocio de licencias en la nube y de ‘hardware’ a través de esa filial. ¿Y todo eso ha ido a parar a la cuenta de los beneficios? Ni mucho menos. Los aprovisionamientos también han crecido de manera exponencial desde los 23 a los 193 millones de euros. La empresa los delimita perfectamente: esos 193 millones son ‘Consumo de Mercaderías’. Es decir, se convierte en un mero distribuidor del producto, que sigue en manos de la irlandesa.

¿Cuál ha sido la factura fiscal en ese ejercicio 2019, concluido en junio de ese año? En total, pagó 7 millones de euros de Impuesto de Sociedades. La cantidad es prácticamente calcada a la que abonó un año antes, por lo que no ha habido ningún tipo de incremento. Pero hay que tener en cuenta algo: en el ejercicio 2017-2018 tuvo que afrontar el pago extraordinario de impuestos del pleito que tenía con Hacienda tras una de las grandes inspecciones que lanzó. Para tratar de descontar ese extraordinario, si se compara la factura con el modelo de facturación en España con el del ejercicio 2016-2017, el pago es igualmente calcado: 6,8 millones. ¿Y qué ocurre con el IVA? No hay cambios. Básicamente desde la reforma del año 2015, las ventas de servicios digitales a clientes comunitarios se consideran prestados en el lugar de residencia del consumidor y no en el del prestador. Por tanto, el IVA se abona en el país donde se recibe el producto, es decir, España.

Los precios de transferencia, clave

La clave radica en el precio de transferencia que la filial española paga a las matrices en Irlanda o Países Bajos para explotar los servicios o productos en el país. Y ese es justo el meollo de toda esta cuestión. Ante esta posibilidad de trasladar las rentas a otros países con fiscalidades mucho más favorables, muchos directivos de compañías ‘tradicionales’ han puesto el grito en el cielo. El propio presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, ha reclamado una y otra vez que se haga una revisión a fondo del esquema impositivo. “El hecho imponible ya no es la presencia física; hay que adaptar las reglas digitales al nuevo mundo. Nosotros vendemos productos digitales, pero tributamos aquí”, admitía recientemente.

Mientras eso sucede, Netflix ya ha anunciado que registrará los ingresos desde España justo cuando la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) le exigirá el 5% de lo facturado en el país para destinarlo a cine europeo como hacen telecos y televisiones privadas, según la nueva Ley Audiovisual, cuyo anteproyecto ya está en marcha. Un cambio que no tiene por qué implicar más ingresos para la Agencia Tributaria.

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