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El chófer de Bárcenas detalla ante el juez las órdenes policiales en el caso Kitchen

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A puerta cerrada y bajo secreto. Así ha declarado por segunda vez en el caso Villarejo el que fuera chófer de Luis Bárcenas. Sergio Ríos Esgueva ha comparecido a petición propia ante el magistrado que investiga la presunta operación ilegal para espiar al extesorero del PP y en su comparecencia ha precisado al detalle las órdenes policiales que recibió de la policía patriótica para este cometido, bautizado como Kitchen, y que se costeó con fondos reservados del Estado, según confirman fuentes jurídicas a este diario. 

Como ya hiciera a comienzos del 2019, Ríos Esgueva ha vuelto a la Audiencia Nacional ataviado con un casco de moto y sin mediar palabra con los periodistas que aguardaban a su salida. Si en su primer interrogatorio explicó cómo fue captado por la policía patriótica, ahora el topo policial de este operativo ha comparecido para esclarecer los detalles de un cometido con el que Villarejo y su entorno quería extraer a Luis Bárcenas documentación clave que guardaba sobre la caja ‘b’ del Partido Popular. Durante mucho tiempo, el funcionario figuró como la cara visible de esta operación que tuvo lugar entre los años 2013 y 2015; sin embargo las confesiones de Enrique García Castaño en las que apuntaba a Francisco Martínez, derivaron en una implicación en estos hechos del entonces Ministerio del Interior. 

El propio chófer pidió comparecer de manera voluntaria ante el magistrado Manuel García Castellón para aportar documental e información sobre esta operación “extramuros” de la Justicia. Sin embargo, tras ese ofrecimiento, el juez ordenó un registro en su domicilio en el que los agentes se incautaron de pendrives y documentación clave sobre la que ha sido preguntado en esta nueva citación judicial. A pesar de que el secreto de sumario de esta pieza séptima del caso se levantó el pasado mes de septiembre, el magistrado ha celebrado esta diligencia de manera secreta por lo que no han podido presenciarla los abogados de las defensas y acusaciones. 

EFE

Enfado de Villarejo

De hecho, esta situación ha provocado el enfado de algunos imputados por el espionaje como José Manuel Villarejo el cual ha remitido un escrito a la causa en el que expone que su abogado tenía derecho a presenciar el contenido del interrogatorio. De acuerdo con el texto, al que ha tenido acceso La Información, el hecho de que se declare secreta un testimonio pedido de forma voluntaria vulnera su derecho a un proceso con todas las garantías. “Se trata de una declaración voluntaria y de carácter general que afecta a toda la causa investigada y que no responde a una investigación parcial y concreta del a causa”, explica. De hecho, va más allá y recuerda que el macropocedimiento en general se ha instruido con todas las líneas de investigación bajo secreto de sumario. 

El magistrado no atendió el requerimiento y siguió adelante con esta cita judicial. Se trata de la segunda declaración del chófer pero su tercera comparecencia en sede judicial. En la primera se acogió a su derecho a no declarar en tanto todavía estaba secreta la pieza pero días después volvió para confesar cómo se produjeron los hechos. Según consta en los audios de su declaración, comenzó a trabajar como chófer de la familia Bárcenas-Iglesias a principios de 2013. Entonces el exgerente popular estaba en el foco mediático tras filtrarse en prensa los famosos papeles sobre pagos en ‘b’ a altos cargos del partido, a quienes identificó a través de sus iniciales. Consciente de la repercusión del asunto y del avance de la investigación general, el que fuera máximo responsable de las finanzas del PP le pidió a su chófer que extremara precaución en los viajes. 

La mano política

En aquel entonces el chófer comenzó a detectar seguimientos no solo en su trabajo sino también en su vida personal. “Cuando un individuo me estuvo marcando unos días ya me preocupo porque cuando me iba a comer o al gimnasio le veía. Llamé al 091 manifestando que me seguían y mi sorpresa es que cuando llegan le identifican, se sonríen entre los tres y me dijeron: “Tranquilo chaval, que es de los nuestros”, en referencia a que eran agentes de la Policía. Esgueva también dio nombres: dijo que fue García Castaño el que le intentó captar. Luego hizo lo propio Villarejo aprovechando que tenían en contacto el también imputado Andrés Gómez Gordo. Este inspector, que ejerció como jefe de seguridad de María Dolores de Cospedal, conocía a Ríos Esgueva. El motivo reside en que este último también fue chófer de Francisco Granados. 

Ríos Esgueva explicó que le habían captado alegando que tenía que colaborar en una investigación judicial para encontrar la fortuna de Bárcenas en el extranjero. Sin embargo, nada más lejos que la realidad. Los documentos que lograron sustraer nunca llegaron a la investigación del caso Gürtel. Con todo, lo que en un primer momento parecía que se ceñía a una operación policial controlada por el entonces DAO Eugenio Pino, las grabaciones de Villarejo y el avance de las pesquisas pusieron de manifiesto que el Ministerio del Interior podría tener un papel relevante en este asunto por el que Esgueva percibió unos 2.000 euros mensuales de los fondos reservados del Estado. Incluso Villarejo aludió en sus conversaciones que Cospedal y marido estaban al corriente de este asunto porque les preocupaba la documental que pudiera tener Bárcenas sobre la caja ‘b’. Anticorrupción pidió la imputación de ambos pero el magistrado decidió esperar a que contar con más pruebas. 

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