Cultura

El Concurso de Cante Jondo de 1922, convertido en una novela de intriga

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En menos de dos años se cumplirá el centenario del Concurso de Cante Jondo, una de las iniciativas culturales más importantes del siglo XX, que cambió la historia del flamenco, relegado hasta entonces a la categoría de un arte menor, de segunda categoría. Varias instituciones están preparando la presumible conmemoración: habrá conciertos y conferencias, e incluso el cineasta granadino José Sánchez Montes dirige un ‘largo’ de animación sobre el tema. Lo que quizá nadie esperaba es que el sevillano Fernando Otero (1978) escribiera una novela sobre el evento. Y sobre todo, nadie esperaba que escribiera ‘La suite jonda’, que acaba de publicar Algaida y que constituye una inesperada vuelta de tuerca al mito del Concurso.

«Hay novelas que surgen de historias. Otras, de personajes», dice Otero. «Pero esta surgió de una lectura. Estaba leyendo ‘El robinson urbano’, de Muñoz Molina, y pude ver un artículo dedicado al Concurso de Cante Jondo. Sabía de su existencia, pero no de la profundidad de sus consecuencias». Tras esa lectura, el también autor de ‘La sonanta’, otra novela en torno al flamenco y ambientada en Granada, se vio, según propia confesión, «empujado a contar la historia, y a contarla en una novela que mezclara la intriga con el flamenco».

El pretexto se lo dio un acontecimiento político coetáneo con el Concurso: el llamado ‘desastre de Annual’, uno de los episodios más negros de la historia militar española, ocurrido en el marco de la Guerra de África. Así, el arranque del la novela coloca al lector en la primavera de 1922, cuando el general Juan Picasso –tío del genial pintor– entrega al Consejo de Guerra un expediente de 2.000 páginas sobre el suceso. A partir de ahí, comenzará una carrera mortal de dos fuerzas: una que quiere ocultar el informe y otra que quiere darlo a conocer al mundo entero.

El campo de batalla de esa lucha será Granada y la fecha, junio, en pleno Concurso de Cante Jondo. Personajes como Falla, García Lorca, Giner de los Ríos, Dámaso Berenguer, Diego ‘El Tenazas’ o Ignacio Zuloaga, y escenarios como la casa de Falla en la Antequeruela, el Hotel Alhambra Palace, el Centro Artístico o la taberna del Polinario, todos reales, comparten páginas con personajes ficticios, como los espías Carol Butler y Albert Léger, en una apretada tela de araña que atrapa a quien busca una recreación histórica cuidada y un relato, si no veraz, al menos plausible.

Importancia

Afirma Otero que «no se ha ponderado suficientemente la importancia que tuvo el Concurso de Cante Jondo. Si bien es cierto que Ramón Ferreras lo llamó ‘despotismo ilustrado flamenco’, y que la visión que podemos tener de él hoy está desenfocada, lo cierto es que fue la primera vez en la historia en que hubo una auténtica preocupación por el arte jondo». Otero defiende que el hecho de que personajes que venían de disciplinas más ‘académicas,’ como Falla, Juan Ramón Jiménez o Giner de los Ríos firmaran el manifiesto en defensa del flamenco, y que el propio Falla obtuviera una subvención de 12.000 pesetas del Ayuntamiento para sufragar parte de los gastos, da idea de que la preocupación que encontramos en aquellos intelectuales es mayor de la que las administraciones públicas demuestran en nuestros días.

También cita el autor la condición de pionero que tuvo el Concurso: «Abrió la puerta a muchos otros, como el que tuvo lugar en 1925 en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, con la presencia del propio rey. Esa es otra de las razones que lo convierten en un evento capital para la historia de la cultura».

El ‘pathos’ de ‘La suite jonda’ es, según Otero, Granada. Una ciudad capaz de ser escenario de las emociones más intensas, como las que vivió él mismo durante su estancia en la UGRcomo alumno de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. En ella ha colocado a los protagonistas reales y ficticios y a algunos personajes corales. En este punto, el autor pide «perdón» –lo hace expresamente en el libro– por si alguien se siente ofendido por alguna de las licencias dramáticas que se toma. Quien lea ‘La suite jonda’ se va a encontrar con pasajes ‘curiosos’, pero todos sirven a una intriga que se prolonga hasta la IIGuerra Mundial, con un epílogo de encuentro entre los dos espías.

Subyace, también, en el fondo de la trama, cierto componente social, según el autor. «Es una novela que habla de la miseria. Por un lado, la de los flamencos, obligados a cantar y que no concebían cobrar por su trabajo. Y por otro lado, la miseria moral de quienes, merced a la Ley de Quintos, pudieron pagar el quedarse en su casa y no ir a la Guerra de África. El de Annual fue, en cierta medida, un desastre que derivó en una masacre de hombres pobres».

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