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El INE abate la ‘recuperación milagro’ de Calviño y siembra de dudas los PGE

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“Es bastante increíble que Economía presentara el miércoles esas previsiones si sabía que el INE iba a revisar a la baja de forma tan drástica el crecimiento del segundo trimestre. Con esa información es imposible defender un crecimiento del 6,5% para este año“. Los analistas no dan crédito a la sucesión de acontecimientos de las últimas horas. La entusiasta revisión al alza de su previsión para España de la OCDE hasta llevarla al 6,8%, el anuncio de la vicepresidenta de Asuntos Económicos de que España recuperará el nivel de actividad diario anterior a la pandemia ya este mismo año…no acompañada sin embargo de una mejora de la previsión oficial de crecimiento y, sólo con 24 horas de decalaje, el jarro de agua fría sobre este optimismo que ha supuesto el dato de crecimiento del segundo trimestre publicado por el INE, que muestra una evolución del 1,1% frente al 2,8% que se había avanzado el pasado mes de julio.

La corrección operada por Estadística respecto al dato de avance de julio ha cambiado de un plumazo el ‘feeling’ de los analistas respecto al crecimiento que tendrá la economía española este año 2020. “Vamos a tener que variar nuestras predicciones con toda seguridad”, asegura uno de los analistas consultados por La Información, cuyas previsiones forman parte del panel de Funcas, que traslada el consenso de los institutos privados de análisis sobre el comportamiento de la economía española. Sucede que la mayoría de las previsiones formuladas en los últimos días por los institutos de análisis, que presentaban de forma generalizada revisiones al alza del crecimiento español para este año, se sustentaban sobre el dato de avance del segundo trimestre publicado por el INE en julio y descontaban un cierto efecto arrastre de ese crecimiento hacia los trimestres posteriores.

Las simulaciones ‘de urgencia’ que han realizado los analistas incorporando a sus modelos de predicción la nueva información proporcionada este jueves por el Instituto Nacional de Estadística, con la fuerte corrección a la baja al crecimiento del segundo trimestre que implica, revelan un recorte de entre cuatro y cinco décimas en las previsiones de crecimiento para el conjunto del año con las que venían trabajando hasta la fecha. Aplicado este patrón a la previsión gubernamental resultaría que el PIB de España ya no crecería el 6,5% – una previsión que ya se situaba tres décimas por encima del consenso y dos décimas por encima de la previsión del Banco de España – sino que se quedaría en el entorno del 6% y que la apuesta de Calviño por recuperar los niveles de actividad anteriores a la crisis este mismo año entraría también en el terreno de lo poco factible.

El Gobierno se apresuró este jueves a descartar una revisión del cuadro macro pese al revés que ha supuesto sobre su previsión oficial la revisión del INE y pese a la impresión generalizada entre los analistas de que ese crecimiento del 6,5% se ha convertido ya, por pura estadística, en un objetivo inalcanzable. “Ya que no revisamos al alza nuestras previsiones cuando hay noticias positivas u organismos, incluso el INE, que revisan al alza sus cifras, pues tampoco procede revisar cuando hay otro tipo de ajustes”, subrayó la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, durante una comparencia parlamentaria, en la que restó importancia al ajuste estadístico, que en su opinión sólo traslada la dificultad de realizar previsiones en un contexto de tanta incertidumbre como el actual.

La dimensión presupuestaria

El caso es que la previsión oficial de crecimiento tiene transcendencia en otros campos, entre los que quizá el más relevante sean los Presupuestos Generales del Estado, que construyen buena parte de sus grandes cifras sobre la información macroeconómica que la Vicepresidencia de Asuntos Económicos proporciona al Ministerio de Hacienda. En esa información se sustenta, por ejemplo, la previsión de crecimiento de los ingresos tributarios o la evolución del gasto en prestaciones por desempleo.

La previsión oficial de crecimiento del 7% para 2o22 ratificada el pasado martes por el Gobierno contrasta con la del 5,9% difundida por el Banco de España; con la del 6,1% del panel de Funcas, revisada hace apenas unos días; o con la más optimista del 6,6% que acaba de difundir la OCDE. Hablamos de discrepancias que se cuentan en más de 12.000 millones de euros en el peor de los casos y cuyos efectos sobre los supuestos presupuestarios serán más que relevantes.

Explicaciones a una revisión histórica

El INE ha venido advirtiendo desde el inicio de la pandemia de que las tremendas fluctuaciones y la gran incertidumbre existente sobre el comportamiento de las diferentes rúbricas de la Contabilidad Nacional podrían generar alteraciones más significativas que de costumbre entre los datos de avance y la información definitiva proporcionada sobre el comportamiento de la economía española. Ello no ha impedido que este jueves surgieran voces críticas contra el trabajo del INE.

“Tiene una explicación metodológica”, advierte Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos. El dato de avance se construye a partir de la información disponible sobre el mercado de trabajo, de la que en julio ya se tiene toda la foto del trimestre; y los datos de consumo privado, de los que se conocen dos meses. “Y esos son precisamente los ámbitos donde la recuperación se ha producido de una forma más rotunda en la pasada primavera”, señala. Por el contrario, los datos que se incorporaron después, como los de inversión, sector exterior o beneficios de las grandes empresas han mostrado un perfil mucho más plano y ello habría ‘tirado para abajo’ del crecimiento anticipado en julio.

“Estamos ante una crisis en lo que lo primero que se ha recuperado ha sido el empleo y éste ha tirado del consumo. Pero todavía no se ha traducido en más inversión o en un mejor comportamiento del sector exterior”, explica Izquierdo. El jefe de análisis del IEE se alinea no obstante con los que, como el Banco de España, prevén un buen tercer trimestre y auguran un cuarto trimestre algo más gris. ¿Las razones? El nivel de inflación, el menor empuje del turismo y la progresiva normalización del consumo extra derivado del ahorro forzoso embalsado durante la crisis.

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