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El sueño de Biden y la oportunidad de Kamala Harris: “Joe, serás presidente”

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La felicidad en el Partido Demócrata se ha desbordado por todo Estados Unidos. Los seguidores del candidato Joe Biden aguardaban desde el pasado miércoles el momento en el que poder celebrar una victoria electoral que le abriera al curtido político las puertas de la Casa Blanca. Y así ha sucedido tras los comicios presidenciales más tensos de la historia estadounidense.

Ha habido que esperar recuentos interminables y amenazas veladas -y no tan veladas- del republicano Donald Trump, pero en la tarde del sábado (hora española) corría como la pólvora una frase de tan solo dos palabras orquestada con el sonido de fondo de los cláxons de los coches en las principales ciudades estadounidenses: Biden, presidente”.

El veterano político, que fue vicepresidente con Barack Obama, cumplía así, tras las más reñidas elecciones celebradas en el gigante americano, un sueño que anhelaba desde sus primeras campañas, cuando aún vivía su primera esposa, fallecida junto a la hija menor de ambos, en un accidente de circulación en 1972, poco después de que él fuera elegido senador sin haber cumplido los treinta años. Los otros dos hijos del matrimonio sufrieron en el mismo suceso graves heridas de las que lograron reponerse.

Biden tiene hoy 77 años y experiencia sobrada de gobierno, aunque son legión los que creen que se apoyará mucho en su vicepresidenta, Kamala Harris, que lo tiene todo para embelesar a la opinión pública y que se cincelará durante los próximos años para poder ser la primera presidenta de Estados Unidos si su jefe de filas decidiese, como ha dejado atisbar, dar un paso a un lado y renunciase a un segundo mandato.

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante su intervención en la noche electoral en la Casa Blanca en Washington.

Harris -con padres de origen jamaicano e indio- es joven -acaba de cumplir 56 años-, tiene magnetismo personal y domina a la perfección las intervenciones en público. Y transmite un torrente de energía, para compensar la tranquilidad y parsimonia del cabeza de cartel. El tándem con Biden le ha convertido en la primera mujer vicepresidenta del país y en el motor y empuje necesario para un presidente de edad avanzada. Su rival, Donald Trump, tiene 74 primaveras, pero accedió al despacho oval con 70.

Biden ha ganado –los últimos datos de Pensilvania le dieron el espaldarazo final– pero los focos tras cerrase los colegios electorales se han centrado en Trump. Algo debía barruntarse el aún 45 presidente norteamericano cuando empezó a poner palos en las ruedas al recuento de votos por correo y exigiendo paralizar el proceso electoral en aquellos estados que le negaban la mayoría suficiente como para hacerse con los 270 compromisarios que le habrían permitido revalidar un segundo mandato.

Biden ha ganado con el mayor respaldo de la historia electoral estadounidense y con la mayor participación conocida hasta el momento. Biden ha ganado, entre otras cosas, porque Trump ha perdido. Biden ha derrotado a Trump en elegancia verbal y en decencia política mientras que el magnate ha chapoteado en el fango, ha sido castigado por el mismo Twitter que le ayudó hace cuatro años a ganar y los medios de comunicación se han cobrado sus desprecios en las ruedas de prensa interrumpiendo su último mensaje a la nación por considerarlo una fake news. Biden ha derrotado a Trump sin despeinarse, sin estridencias y sin atizar la división nacional que Donald Trump se ha encargado en zarandear. 

El magnate estaba jugando al golf cuando las matemáticas daban vencedor a Joe Biden. Lejos de aceptar el resultado -como ha venido siendo costumbre en EEUU, salvo contadas excepciones- Trump pisaba el acelerador de la presión. De hecho, el republicano ha vuelto a insistir sin aportar pruebas en la contabilización de “votos ilegales”, así como de fraude en los comicios: “La elección está lejos de haber finalizado”, amenazaba el aún presidente. 

Cuando los resultados no le han sido favorables el empresario los ha cuestionado, del mismo modo que nada de lo que haga o diga Biden cuenta con su respaldo o consideración. La posición de Trump ha llegado al extremo de criticar a Biden por lo que él entiende que es reclamar “falsamente” la victoria de su candidatura. “Todos sabemos por qué Joe Biden se ha apresurado falsamente a proclamarse ganador, y por qué sus aliados están tratando con tanta insistencia de ayudarle: no quieren que se exponga la verdad. El hecho básico es que esta elección está lejos de haber finalizado”, indicó Trump en un comunicado emitido por su campaña.

Expresidentes como Barack Obama se apresuraron a felicitar al ganador en las urnas con mensajes en las redes sociales. Pero la primera en dirigirse al que será 46 presidente de Estados Unidos fue Kamala Harris. La vicepresidenta, rebosando felicidad, con el pelo recogido, gafas de sol y vistiendo ropa deportiva, habló por teléfono móvil con Biden. Harris le dijo antes de lanzar una sonora carcajada: “Lo hemos conseguido, Joe. Serás el próximo presidente de Estados Unidos”. En ese mismo instante se cumplía el sueño de Biden y surgía la oportunidad para Harris, que en cuatro años podría aspirar a ser la primera presidenta estadounidense.

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