Política

El supuesto triunfo del terror islámico

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Hace unos días era asesinado en Francia Samuel Paty, un joven profesor de Geografía e Historia, por un islamista checheno a las puertas de su centro de enseñanza. Su “motivo”, rememorar en clase el monstruoso asesinato de los dibujantes de “Charlie Hebdo”, exhibiendo unas caricaturas de Mahoma, y así luchar por la laicidad. Ha sido decapitado por haber impartido clases sobre la tolerancia y la libertad de expresión. Fue la crónica de una muerte anunciada, al ser señalado previamente por los asesinos de la libertad. Es la continuación de la guerra santa declarada por los guías espirituales del yihadismo para atentar contra los que llaman infieles, los que defienden la laicidad del Estado y son contrarios a la teocracia fundamentalista.

Curiosamente, después del horrendo asesinato, la defensa de la libertad de expresión la enarboló el escritor musulmán Boualem Sansal destacando que: “Francia sigue sin comprender la realidad a la cual está confrontada. Cree que está siendo golpeada por terroristas, cuando está enfrentándose, en realidad, a una guerrilla que, poco a poco, toma impulso para alcanzar dimensiones de guerra total, como muchos países la vivieron y la viven en diversos grados (Argelia, Mali, Afganistán, Siria, Libia, Somalia)”. Y, como decía, Gabriel Albiac “Es difícil no entender que Francia no es, en eso, más que el primer eslabón de Europa”. Hoy son muchos los profesores en Francia que han pedido protección policial por sentirse amenazados, incluso evitan ir al centro educativo en su propio coche. Esto no puede ser aceptable en un Estado de Derecho como Francia, máxime cuando es el país de Europa occidental con más musulmanes, más de seis millones, y el islam es la segunda religión más profesada, después del cristianismo.

Ya en el año 2015 la revista Dar Al Islam, órgano de propaganda en lengua francesa del Estado Islámico, con su titular “Francia arrodillada” decía: “Está claro que los enseñantes de la educación nacional que propagan la laicidad están en guerra abierta contra la familia musulmana”. Para seguir diciendo: “el Islam, la única religión verdadera, no puede coexistir con la laicidad”(…) “Si llevas a tu hijo a la escuela republicana, aceptas que trague esa papilla de descreimiento corrupto que le lleva al infierno”. Son amenazas, no veladas, realizadas meses después de los atentados contra la revista satírica Charlie Hebdo que se suceden desde hace ya muchos años, sin que las agencias de seguridad francesas las hayan evitado. Más de 250 personas han sido asesinadas en Francia en los últimos años y parece inevitable él suma y sigue. El objetivo del autoproclamado Estado Islámico en Francia es propiciar la autodestrucción de su sociedad, tratando de provocar un enfrentamiento entre la mayoría cristiana y la abultada minoría musulmana, como señalan los observadores. Esperemos que no acaben con  nuestra civilización para imponer su teocracia. En Europa no podemos rendirnos y debemos luchar unidos con ahínco contra el fanatismo islamista, como ha gritado toda Francia.

La libertad en el autoproclamado “Estado Islámico” no existe. Entre sus principios no existe la democracia, tampoco la libertad de enseñanza, de pensamiento, de conciencia, de expresión. Vamos ninguna. Tratan de convertirse en gobiernos teocráticos que controlan a la población mediante la religión y sus ideales,  imponiendo la formación religiosa y moral a todos sus fanáticos seguidores. A través de los guías espirituales de los yihadistas, son inducidos a ignorar y seguir lo equivocado y manipulador de sus “enseñanzas”. Y, ya sabemos que existen tres clases de ignorancia: no saber lo que debería saberse, saber lo que se sabe y saber lo que no debería saberse. Estos salvajes degolladores de la cultura se dejan arrastrar por toda clase de perversiones. Es el triunfo del terror islámico, otra de las epidemias ya existentes desde hace mucho tiempo.

Sirvan mis breves comentarios como reconocimiento y sencillo homenaje a la inmensa mayoría de profesores que imparten sus enseñanzas acordes con la libertad de expresión y la tolerancia, sin permitir cualquier tipo de presiones, especialmente al profesor francés Samuel Paty que la defendió con su propia vida. Como dijo recientemente Ken Follet “La libertad está amenazada y los responsables de mantenerla son los ciudadanos”.

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