Coronavirus

Estados Unidos afronta sus presidenciales en medio de una crisis con múltiples frentes

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El país enfrenta un proceso electoral envuelto en un escenario de conflictividad inédito. La pandemia de Covid-19 ha desatado una crisis sanitaria, que también tiene sus consecuencias en la economía. Mientras que los reclamos sociales contra el racismo sistémico y la polarización política completan un panorama desafiante para el próximo presidente.

Cuando Donald Trump imaginó su camino a la reelección, seguramente no contaba con enfrentarse al escenario actual. La pandemia de Covid-19 y el estallido en las calles ante los hechos de racismo y brutalidad policial cambiaron el mapa de la campaña electoral.

Estados Unidos se dirige a las urnas en medio de una triple crisis: la sanitaria, con la pandemia afectando al país como a ningún otro en el mundo; la económica, efecto colateral del coronavirus y las restricciones que ha provocado; y la social y política, que se ha traducido en reiteradas protestas y una marcada polarización entre las dos principales fuerzas del país.

El Covid-19 puso contra las cuerdas a la salud estadounidense

Decenas de miles de muertos y millones de contagios deja, hasta el momento, la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos y la salida de la crisis -al igual que en el resto del mundo- aún no se observa con claridad.

El brote de coronavirus ha tensado la situación del sistema sanitario del país y la gestión del Gobierno de Donald Trump ha sido puesta en entredicho, con críticas y una división entre dos formas de abordar el problema.

Desde el inicio, el mandatario se mostró reacio a los confinamientos, medida que fue adoptada localmente por algunos gobernadores según el avance del virus, y priorizó la protección de la economía. El jefe de Estado ha sido cuestionado por enviar mensajes confusos o contradictorios con las propias recomendaciones de, por ejemplo, los Centros de Control de Enfermedades o sus asesores médicos en aspectos tales como el uso de las mascarillas.

El Covid-19 ha demostrado que no distingue a nadie y también alcanzó a Trump. Si bien debió ser hospitalizado por precaución y luego de ser atendido con tratamientos experimentales, el presidente superó la enfermedad con relativa rapidez y utilizó eso como un arma política.

Un hombre se arrodilla frente a la instalación artística "IN AMERICA How Could This Happen..." de Suzanne Brennan Firstenberg, en Washington D. C., el 23 de octubre de 2020.
Un hombre se arrodilla frente a la instalación artística “IN AMERICA How Could This Happen…” de Suzanne Brennan Firstenberg, en Washington D. C., el 23 de octubre de 2020. © Hannah McKay / Reuters

Desde que retomó la campaña, el presidente ha adoptado un discurso triunfalista contra el virus, minimizando su gravedad y asegurando que, quienes lo contraigan, serán bien atendidos en los centros de salud. También ha insistido en que la pandemia está mermando en el país, que las vacunas “están llegando” y que la gente “está cansada” de oír sobre el Covid-19. Todo esto, mientras el país experimenta un nuevo repunte en los contagios.

En su discurso, Trump sostiene que su decisión de suspender vuelos con China al inicio de la pandemia salvó “millones de vidas” y afirma que, de haber escuchado a los científicos -a los que llegó a calificar de “idiotas”-, el país estaría mucho peor, como consecuencia de la crisis económica.

Toda una retórica que contrasta con la de sus críticos, entre ellos su principal asesor epidemiológico, Anthony Fauci, quienes han advertido que otro manejo de la pandemia hubiera permitido evitar un buen número de casos y muertes.

También se pone en la vereda de enfrente, con lógica, su rival Joe Biden, quien aseguró que, para superar la pandemia, si es electo presidente, exigirá el uso de mascarillas e implementará un plan masivo de pruebas.

El desempleo se disparó por el Covid-19

La crisis provocada por el Covid-19 no solo tiene consecuencias sanitarias, sino también económicas. Las restricciones aplicadas para contener el virus han borrado prácticamente en su totalidad los logros económicos de la gestión de Donald Trump, que antes de la pandemia contaba con los bajos niveles de desempleo y la tasa de crecimiento como sus principales argumentos para buscar la reelección.

Según el Departamento de Comercio, el producto interno bruto (PIB) del país cayó un 32,9 % en el segundo trimestre del año, en relación con el mismo período de 2019, lo que representa la contracción más fuerte desde que iniciaron los registros oficiales en 1947.

La paralización de la actividad productiva y comercial para contener el brote provocó que se disparara la tasa de desempleo, que en abril marcó un pico de 14,7 %, mientras que, en ese momento, la cantidad de estadounidenses que solicitaron un seguro por paro llegó a un récord de 22 millones.

Personas hacen fila afuera del Kentucky Career Center antes de su apertura para radicar sus reclamos de desempleo en Frankfort, Kentucky, EE. UU. el 18 de junio de 2020.
Personas hacen fila afuera del Kentucky Career Center antes de su apertura para radicar sus reclamos de desempleo en Frankfort, Kentucky, EE. UU. el 18 de junio de 2020. © Bryan Woolston / Reuters

Una pequeña parte de esos empleos perdidos ya se han recuperado, pero todavía está lejos de un repunte completo. Pese a esto, Donald Trump promete que Estados Unidos tendrá una recuperación en forma de V, es decir, después del profundo desplome, vendrá una fuerte tendencia alcista, una vez que la reactivación sea completa. Asimismo, en sus actos de campaña, ha alimentado la idea de que, de ser electo, Joe Biden volverá a cerrar la economía, algo que el demócrata ha negado en varias ocasiones.

Por su parte, Biden ha contraatacado con el concepto de que la recuperación, bajo la gestión de Trump, tendrá forma de K: los ricos serán más ricos y los pobres serán más pobres. Además, en su plan para la economía del país, subrayó la necesidad de, primero, controlar la pandemia mediante una gestión coordinada de gobiernos nacional, regionales y locales, con uso universal de mascarillas y un plan de rastreo y testeo masivos, para luego sí encarar una recuperación total de la economía y el comercio.

Las protestas contra el racismo y la brutalidad policial han evidenciado la polarización política

La muerte del ciudadano afroamericano George Floyd, asfixiado por la rodilla de un policía que lo tenía bajo custodia, puso en evidencia el uso desmedido de la fuerza por parte de los agentes de seguridad y desató un enorme movimiento de protestas, bajo la consigna ‘Black Lives Matter’ (las vidas negras importan). El objetivo final: atacar el racismo sistémico en el país. Las movilizaciones masivas se replicaron en múltiples ciudades del país a lo largo de los meses, mientras otros casos de brutalidad policial contra la comunidad afroamericana salieron a la luz.

Shannon Greaves lidera una Caminata de Conciencia durante el 15 de junio para manifestarse contra la desigualdad racial tras la muerte de George Floyd. Boston, Massachusetts, EE. UU., el 18 de junio de 2020.
Shannon Greaves lidera una Caminata de Conciencia durante el 15 de junio para manifestarse contra la desigualdad racial tras la muerte de George Floyd. Boston, Massachusetts, EE. UU., el 18 de junio de 2020. © Brian Snyder / Reuters

Algunas de esas protestas terminaron en desmanes y disturbios, argumento que Donald Trump aprovechó para tomar su posición: la de la defensa de la “ley y el orden” y el respaldo a las fuerzas de seguridad, frente a los supuestos grupos de extrema izquierda detrás de esas manifestaciones (a los que el mandatario condenó con una fuerza que no utilizó, por ejemplo, con grupos nacionalistas blancos).

El presidente abrazó a una política de “mano dura” y movilizó incluso a agentes de la Guardia Nacional para sofocar las protestas, a la vez que aprovechó para cuestionar a gobernadores demócratas por no aplicar esa dureza contra los manifestantes.

La forma de abordar este estallido social también marcó diferencias con el Partido Demócrata, que se mostró -con un obvio grado de conveniencia política- más partidario de avanzar hacia una reforma de los cuerpos de seguridad.

“Estamos aquí luchando por las vidas de los afroestadounidenses todos los días y todavía nos tratan como si fuéramos animales. Nos da dudas sobre si nuestro voto importa o no, por lo que muchos de nosotros estamos en conflicto al respecto, pero siento que es muy importante votar, sin importar cómo te sientas, porque necesitamos a Trump fuera del cargo. Tenemos que conformarnos con Biden, aunque tampoco estemos de acuerdo con sus tácticas, pero él es un mal menor que Trump”, aseguró a Reuters Renee White, activista de BLM en Detroit, resumiendo el sentimiento de buena parte de la comunidad afroamericana.

En todos estos aspectos, la polarización política que ha caracterizado los 4 años de Trump en la Casa Blanca se ha profundizado y varios acuerdos bipartidistas en el Congreso -como un segundo plan de alivio económico por el Covid-19- se han estancado.

Amy Coney Barrett juramenta como jueza de la Corte Suprema a una semana de las presidenciales


El último episodio de esa disputa fue la nominación de Trump de la jueza conservadora Amy Coney Barrett para tomar el lugar de la fallecida Ruth Bader Ginsburg en la Corte Suprema, ignorando los llamados a permitir que sea el nuevo presidente quién nombrara a la magistrada. 

La mayoría republicana en el Senado confirmó a Barrett y el máximo tribunal quedó compuesto por 6 jueces de corte conservador y 3 de corte progresista. Esto elevó las preocupaciones por el futuro del acceso a los servicios de salud, el derecho al aborto y las reglas migratorias.

Una pandemia en curso, una economía golpeada, un tejido social dañado y una fuerte polarización política. Los desafíos no serán pocos para el próximo presidente de Estados Unidos.

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