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Estudiantes de la Universidad de Granada hacen las maletas para ahorrarse «algún dinero» en el alquiler y mantenimiento

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Los universitarios se replantean su estancia en Granada tras la decisión de que todo el primer semestre en la Universidad de Granada (UGR) se desarrolle de forma on line en cuanto a lo que la docencia teórica se refiere. Están atrapados en una madeja de clases prácticas, exámenes presenciales, cláusulas covid en sus contratos de alquiler o la ausencia de las mismas y otras casuísticas que no les hace fácil tomar una decisión. Hacen cuentas y no les salen, pero si se pueden ahorrar unos cuantos euros y tienen la oportunidad hacen la maleta para volver a sus hogares.

Los alumnos de la UGR no volverán a las aulas hasta febrero

Jesús Maldonado, que ha sido y se mantiene aún en algunos órganos como representante estudiantil, regresa a su hogar familiar en Alhama de Murcia. «En diciembre no pagaré nada. Me voy para ahorrarme el piso», relata. Sabe que su caso es particular. Comparte el piso con familiares de la casera, a la que conoce. Se mudó al alojamiento este curso, a pesar de que está lejos de su centro universitario, precisamente para garantizarse poder tener esta opción de irse a su casa y no tener que pagar. En enero no sabe qué pasará. Si tiene que venir algún día para exámenes, quizás se quede solo esos días y los pague, pero no todo el mes.

Este joven está terminando el doble grado en Matemáticas e Informática. «No he pisado un aula en los tres meses que llevo en la UGR porque no he tenido ninguna clase presencial», señala. Todo ha sido virtual.

Su madre, explica, le ha preguntado en varias ocasiones, desde que hubo prórroga de las restricciones, si volvía a casa. Ya no puede quedarse más en la capital granadina si las clases siguen siendo virtuales.

Los que no pueden irse

Unos 26.000 universitarios de la UGR son de otras provincias. A ellos deben sumarse los que son de pueblos granadinos que no están cerca de la capital. Entre ellos, hay muchos que no saben lo que hacer. Los que tienen prácticas experimentales, clínicas o prácticum, deben quedarse en Granada; no pueden elegir. Muchos de los que solo tienen docencia on line hace tiempo que regresaron a sus hogares.

No todos lo tendrán igual de fácil que Jesús Maldonado para dejar de pagar el alquiler sin tener que llevarse sus enseres. Muchos de los universitarios están en un laberinto que les obliga a pagar toda la cuota cada mes o, en algunos casos, la mitad de la misma. Una de las quejas de estas semanas por parte de los universitarios se ha centrado en el desembolso que les supone el pago de los alojamientos.

Evaluación problemática

La evaluación presencial también está creando quebraderos de cabeza entre los estudiantes. Si son de Cádiz, como expuso uno de los alumnos en el claustro el viernes pasado, o de Huelva o de Canarias, no pueden estar yendo y viniendo para hacer una prueba a la semana, por ejemplo.

El coordinador de la Delegación General de Estudiantes de la Universidad granadina, Javier Torres, le ha trasladado a la rectora que no quieren que los exámenes parciales sean presenciales. Precisamente, para evitar esta problemática.

Estar en Granada no solo supone un gasto en alquiler de pisos o en otro tipo de alojamiento como colegios mayores o residencias. El mantenimiento, mayoritariamente en alimentación, supone otro desembolso importante. Las facultades y escuelas han seguido abiertas, pero el comedor universitario está cerrado; solo sirve a becarios.

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