Política

F. A. Juan Mata Hernández: «La vyda tras la vida. La quintaesencia»

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Probablemente la mayor angustia y la más injusta que podemos sufrir los hombres son aquellas que no podemos controlar porque excede de nuestra capacidad física y/o psicológica. El concepto de vida y las preguntas subsiguientes que genera el término: ¿De dónde venimos? ¿Qué hay tras la muerte? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?, son un ejemplo de lo que implica el misterio del significado y contenido exacto de esas cuatro letras: «vida».

«…debo inferir la analogía de que probablemente todos los seres orgánicos que han vivido en esta tierra han descendido de una forma primordial, en la que la vida respiraba primero» (Charles Darwin. El origen de las especies, 1859)

Cuando Charles Darwin publicó «el origen de las especies», predijo que la diversidad de la vida que observamos surgió de la descendencia común de un ser al que se denominó LUCA (acrónimo de Last Universal Common Ancestor), a través de la evolución por selección natural. Las implicaciones teológicas del descubrimiento suponían una ruptura total con la idea de que los seres humanos éramos únicos y especiales, sin relación con el resto de la vida animal o vegetal.

¿Y quién o qué era LUCA, como origen de la vida?

La RAE dice que vida es: “la fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee”. En realidad la RAE es pródiga en acepciones del concepto vida, pues nos ofrece hasta 18, y algunas tienen que ver con el título de este artículo, pues dice que vida es: “existencia después de la muerte” o “visión y gozo de Dios en el cielo”. ¡Voto al chápiro verde!, que podríamos terminar ya este apunte con la satisfacción de esas dos definiciones de vida, pues responden a lo que la mayoría desearíamos que fuese esa VYDA tras la VIDA; pero no sería justo dejar que la Academia de la Lengua simplificara tanto el trabajo.

Saltando de la RAE a la ciencia vemos que LUCA se difumina en el espacio. Es ahora una cuestión existencial necesaria para explorar otros mundos, pero aún se trata de un camino tan oscuro como el vacío interestelar, porque ni siquiera los científicos se ponen de acuerdo: «vida es un sistema químico autosostenible capaz de evolución darwiniana», dice una definición reciente. Quizá nos equivocamos de interlocutor y en vez de acudir a la ciencia, mejor sería pedir opinión a la filosofía o a la teología. Así pues, Erwin Shrodinger, que era un destacado físico pero también filósofo, lo simplificó diciendo que: “está vivo todo aquello que evita la tendencia del Universo hacia el equilibrio”. Se refiere a que mediante el proceso metabólico, los seres vivos nos mantenemos, mal que bien, con capacidad para aumentar el desorden en contra de las leyes universales. Encontronazo temporal porque, tras la muerte, el cuerpo se degrada en partículas ya ordenadas, conforme prevé la Segunda Ley de la Termodinámica.

Como estas, existen otras muchas definiciones de lo que es vida, pero no hay aún una aceptada por todos. Quizá porque para definir algo, es necesario que lo comprendamos, y estamos aún muy lejos de entender este gran misterio del universo que nos acerca a su conocimiento. Pero además, todo ese esfuerzo definitorio se refiere exclusivamente a la forma de vida que conocemos, con riesgo de dejar fuera otros modos de existencia vital.

¿Qué es la VYDA”

Aunque LUCA fuera el progenitor de todas las especies de nuestro planeta, eso no significa que la vida se deba circunscribir a algo similar en otros entornos. Así que posiblemente, sea solo el origen de una de las variadas formas vitales que pueden existir en el universo. Unos investigadores del Instituto Tecnológico de California, Sturat Bartlett y Michael Wong, han expandido el término cambiándolo por un nuevo concepto más amplio “VYDA” que englobaría a cualquier ser capaz de cumplir lo siguiente: Captar y transformar energía; crecer o expandirse; adaptarse al medio en un proceso de selección natural; y además, almacenar y procesar la información que recibe.

Esto no limita la existencia a una composición determinada. Los seres humanos, somos fundamentalmente agua en un 60%, y toda la vida que conocemos se apoya básicamente en estructuras de carbono, oxígeno e hidrógeno. Pero los descendientes de LUCA estamos aquí vivos en la Tierra por unas circunstancias sumamente afortunadas, baste recordar las cinco extinciones masivas que sufrió nuestro planeta.

Menos exigente sería un tipo de vyda basada en el silicio, como alternativa al carbono. Los seres silícicos de morfología cristalina podrían vyvir en planetas mucho más calientes. Otros tipos de vyda que sustituyeran el agua por otros solventes como el metano o el amoniaco, permitirían una vyda en planetas o satélites más fríos y alejados de su estrella.

¿Y hacia dónde van las vydas cuando llega la muerte?

Es la pregunta del millón y yo no lo tengo en mi cartera, pero les invito a razonar sobre ello con algún toque teológico. Creemos, yo al menos lo creo, que Dios asumió la materia del Cosmos para adoptar forma humana sin renunciar a su trascendencia. Así pues, inmerso en la caducidad humana ¿cómo superar la muerte? La respuesta nos traslada forzosamente a la evidencia de que la materia no puede ser sino un atributo meramente circunstancial de la vida. Mi buen amigo Diego cuando dice que sólo somos química, evidentemente está pensando desde su 99% agnóstico, y no tiene en cuenta ese alma que bien pudiera estar formada por algo, como la recién descubierta «quintaesencia» cósmica que lo impregna todo.

Cada átomo que compone hoy nuestro cuerpo, llegó desde los confines del universo, a través del aire, la bebida y la comida que ingerimos. Y todos ellos se irán reemplazando a diferente ritmo, de modo que, en un período de 10 años, no quedará en nosotros ni rastro de los que lo componían una década antes. Imagine que ahora quiere analizar el origen de un átomo que acaba de llegar a su cuerpo con el desayuno; sin duda proviene del alimento que ingiere, pero antes estuvo en una planta, un mineral, o en el aire, y hace seis siglos bien pudo formar parte del cuerpo de Isabel la Católica, o de Aníbal Barca hace 2.200 años. Hay en nuestro cuerpo, 10 elevado a 5 veces más átomos que todo el orbe humano desde que existimos como especie. Así pues, puede apostar a que alguno de ellos estuviera también en esas celebridades que he citado, o cualquier otra que le venga a la mente.

Cada partícula de nuestro cuerpo ya existía cuando la Tierra se formó, y seguramente muchas de ellas aparecieron tras el Big Bang. Así que nuestra vyda, ese proceso químico que soporta un ser con una existencia tan corta, no está básicamente en su materia, pues, visto así, ni nosotros somos el de ayer ni seremos tampoco el de mañana.

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