Ciencias

Francis Mojica, cuando al Nobel le quitan la sal

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Francis Mojica (Elx, 1963), profesor de Fisiología, Genética y Microbiologíala Universidad de Alicante, ha ‘ganado’ este miércoles el Nobel de Química, aunque no se lo hayan dado y las que se lo hayan llevado hayan sido sus ‘colegas’ bioquímicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por las ‘tijeras genéticas’ que permiten ‘cortar y pegar’ secuencias de ADN y que crearon sobre la base de un descubrimiento del científico español.

Su ausencia en este Nobel compartido repite lo que ocurrió en 2015, cuando el Premio Princesa de Asturias de 2015 encumbró a Charpentier y Doudna pero olvidó el fundamental papel del investigador español. En cambio, en 2017 sí que fue incluido junto a ambas en la terna de ganadores del premio Albany, el más prestigioso de los Estados Unidos, y considerado por muchos la antesala de los Nobel.

Pese a todo, el alicantino ha asegurado que le da “mucha alegría” el premio. “No está bien decirlo, pero es como que el hijo que uno tiene ha triunfado en la vida”, ha explicado a Efe en su despacho.

Un descubrimiento ‘salado’

El investigador español estudiaba en la década de los años 90 en las salinas de Santa Pola la arquea ‘Haloferax mediterranei’ un microorganismo con una tolerancia extrema a la sal y encontró unas secuencias repetidas en su genoma que intuyó que debían cumplir una función importante para la célula. Cuenta habitualmente Mojica que la primera vez que se dio cuenta de la repetición pensó que el becario que le estaba recitando la secuencia la había repetido por error.

Años después confirmó que esa misma secuencia estaba en otros microorganismos y se les denominó ‘Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas’ o CRISPR, por las siglas en inglés. En la ceremonia de este miércoles, fueron las más repetidas.

Pero el gran hallazgo se produjo ya en 2003, una calurosa tarde en la que se refugió en la Universidad para tener aire acondicionado y en la que descubrió que se trataba de fragmentos de ADN de virus insertados en el sistema inmunológico del microbio. Un recuerdo ‘heredado’ de contactos de sus antecesores con patógenos.

Casi una década después las bioquímicas Charpentier y Doudna identificaron los elementos mínimos de esas secuencias y crearon una técnica universal de modificación del genoma, que es la que se ha premiado en este Nobel.

La sencillez del mecanismo, y por tanto que sea tan asequible, es una de sus grandes ventajas. Se envía el sistema bacteriano a un punto del genoma y se aprovecha el corte que se produce cuando se inserta para editarlo. Un ‘corta y pega’ barato y, por tanto, al alcance de muchos.

El hecho de que Mojica, y otros científicos que han contribuido significativamente a este avance, no hayan sido incluido en el premio estuvo tan presente en la ceremonia que la primera pregunta de los periodistas fue si se habían planteado incluir a alguien más en los elegidos. “Es una cuestión que nunca contestamos”, apuntó Claes Gustafsson, miembro de la academia. Mojica se queda sin Nobel pero, en el fondo, este es también suyo.

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