Negocio

Indra mira al negocio tradicional de Defensa y carga el ajuste en la filial tech

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Vuelta a los básicos. Indra ha enseñado sus cartas en el ajuste global de plantilla que ejecuta en España y que ha puesto en pie de guerra a las organizaciones sindicales. La compañía participada por el Estado a través de la SEPI ha sacado la tijera en sus dos principales divisiones para aligerar costes ante la crisis económica y la reducción de sus ingresos en sendos despidos colectivos. Pero lo ha hecho de una manera muy desigual, cargando el peso del ajuste en la división tecnológica, bajo la marca Minsait, en un nuevo intento de la compañía de redirigirla hacia la industria de Defensa, su negocio de origen.

Después de retirar el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), en las dos últimas semanas la cúpula directiva de la empresa ha puesto números al ajuste. El más significativo se lo ha llevado la división tecnológica, que se centra en los servicios de ‘outsourcing’ tecnológico a grandes compañías de sectores como la banca y a la consultoría. La primera propuesta: 1.036 despidos, lo que supone el 8% de la plantilla total. La intención de la empresa es mantener esa cifra y no ha movido ni un ápice su posición. Desde los sindicatos calificaron la propuesta de “durísima”. “No hay un solo ERE en el que se hayan planteado medidas de estas dimensiones”, aseguraban.

Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra

Ese porcentaje de afección es justo el doble del que Abril-Martorell ha asignado a la división de Transporte, Defensa y Tráfico Aéreo (Indra Sistemas). En concreto, según comunicaron a los sindicatos este viernes, serán 240 empleados (3,8% del total), por debajo de lo que se llegó a barajar entre la plantilla en los días previos a esta primera reunión. De ellos, un centenar se concentra en el equipo de gestión. 

Justificaciones diferentes

En ambos recortes las justificaciones de la empresa han sido más o menos similares. En Minsait, la compañía fue algo más explícita, insistiendo en que la crisis económica actual ha evidenciado una caída en los resultados y un descenso de la demanda de los productos y servicios por parte de sus clientes, especialmente en el segmento de la banca, donde el nivel de subcontratación se está reduciendo. A esto, sumó lo que califican como “cambios estructurales” en todo el grupo.

Pero sí que hay diferencias entre ambas divisiones en cuanto a los números registrados en el negocio en lo que va de año 2020, especialmente afectado por la pandemia global del coronavirus. Mientras que en Soluciones Tecnológicas de la Información los ingresos apenas cayeron un 1,6% en los primeros seis meses del año con unas pérdidas de 61 millones de euros, en el caso de Sistemas, la facturación ha caído casi un 9% hasta septiembre, aunque los ‘números rojos’ antes de impuestos ascendieron a los 28,7 millones.

Más contratos en Defensa

Con todos esos mimbres, la compañía ha enseñado con este reparto del impacto entre las dos divisiones un nuevo intento de girar hacia la industria de Defensa, dejando en segundo término los negocios civiles agrupados en la marca filial Minsait, según explican algunas fuentes sindicales. En este mercado, los contratos son plurianuales y dan una mayor estabilidad al grupo. Esa es una de las justificaciones para ejecutar esta vuelta a los orígenes. Y todo ello a riesgo de perderse una parte de la ola de digitalización de los próximos años y de fuerte inversión en este segmento, tanto en grandes compañías como en pymes. Hay que tener en cuenta que la división tecnológica es la que ha permitido a Indra diversificar durante los últimos años y también expandirse internacionalmente.

Este giro hacia Defensa también tendría una mayor dependencia hacia el presupuesto público. Se trata de un sector con claro peso de los contratos de las administraciones, que no ha dejado de crecer. Según explican los sindicatos, no sólo no hay necesidad de despedir, sino que se tendría que contratar a hasta 400 empleados para dar respuesta a la demanda. “La contratación actual crece a doble dígito y aún esperamos mejorar el presupuesto inicial, por lo que nos hace entender que Indra Sistemas no necesita un ERE“, asegura CCOO, sindicato mayoritario. Uno de los casos paradigmáticos es el del contrato como “coordinador nacional” del futuro avión de combate europeo, el FCAS, que sustituirá al Eurofighter.

No es ninguna novedad el intento de Indra de reforzarse en este mercado. Hace algo menos de un año reactivó la compra de ITP Aero -valorada en unos 1.360 millones de euros en el año 2016- con la que quería convertirse en el gigante español de Defensa. No fructificó por las exigencias de Rolls-Royce, dueño de la compañía, que dispararon el precio reclamado por el grupo británico. Sin embargo, sí que dio algunas pistas sobre el interés del equipo presidido por Abril-Martorell de concentrar todos los esfuerzos en un mercado como el del negocio de carácter militar.

Ahora, la empresa tiene varias semanas para culminar la negociación de unos despidos colectivos que han puesto en pie de guerra a los sindicatos. El acuerdo con ellos es clave para Abril-Martorell, pues allanaría el camino con el Gobierno para dar ‘luz verde’. Por ahora, ese pacto está aún bastante lejos, aunque hay más posibilidades de lograrlo precisamente en Defensa, en plena vuelta a sus orígenes. 

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