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JPMorgan coloca a Repsol en su ‘lista negra’ del sector petrolero para 2021

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En permanente reconversión. Ha pasado apenas un lustro desde que Repsol cometió el error de la compra de la petrolera canadiense Talisman por 10.400 millones de euros, su mayor apuesta corporativa desde YPF. Apenas tres años desde que tuvo que vender su histórica participación en Naturgy (Gas Natural). Solo un ejercicio desde que provisionó sus activos petroleros en EEUU y Canadá, asociados a Talisman, para emprender su proceso de transición energética. Ante ese nuevo escenario tampoco parece encontrar su sitio a ojos de las grandes firmas de Wall Street. JPMorgan acaba de colocar a Repsol en su ‘lista negra’ de petroleras con una recomendación de vender sus títulos, que solo comparte la italiana Eni y frente al tono positivo con los planes de competidoras como BP, Shell, Equinor y OMV, entre otras.

En su informe estratégico para 2021, el equipo de analistas del banco apunta algunas debilidades detectadas en el relato de Repsol tras la presentación de su Plan Estratégico el 26 de noviembre, que deja un mal sabor por la falta de recuperación en el refino; dan tres razones para vender las acciones de la petrolera de cara al año que viene. Primero, el beneficio por acción (BPA) conlleva un “sesgo negativo para 2021 y 2022”, entre un 5% y 10% por debajo del consenso. Segundo, la recuperación del refino sigue siendo clave para reducir el riesgo en el crecimiento de la remuneración al accionista. Tercero, su cartera de proyectos renovables está “bien situada” pero por debajo de las expectativas que manejaban en JPMorgan.

Antonio Brufau, presidente de Repsol

La petrolera anunció que invertirá 18.000 millones de euros hasta 2025 para alcanzar el objetivo de cero emisiones, aunque una parte de los fondos vendrán de su recorte en la retribución al accionista. Repsol iba a repartir un dividendo de un euro por acción el próximo ejercicio y, finalmente, lo hará de solo 0,6 euros, un 40% menos. De hecho, no prevé recuperar el euro de dividendo hasta dentro de cinco años. Para entonces Antonio Brufau, el actual presidente de la compañía, ya no estará en el puesto. En marzo de 2019, el directivo renovó mandato hasta 2023, cuando cumplirá 75 años y casi dos décadas en el sillón presidencial.

“El reciente rally de la vacuna previo al Plan Estratégico (CMD) deja las acciones cotizando en máximos de dos años relativos frente Shell. La narrativa [de Repsol] fue de sobra consistente con nuestra lista de verificación, pero, en nuestra opinión, sobrevalora el Upstream [exploración y producción] y deja como una ‘historia por demostrar’, ya que llevará tiempo en eliminar el riesgo y en recuperar el margen de refino (5,8 dólares por barril para 2025)”, apunta JPMorgan, que hace sus cálculos con un barril de petróleo Brent en torno a los 45 dólares para 2021 y 2022, frente a los 50 dólares que plantea la cúpula de Repsol. El informe destaca los planes de Repsol para vender por 1.400 millones de euros parte de su área de renovables antes de sacarla a bolsa de la mano de un socio. La cartera de proyectos verdes de Repsol situará su capacidad en 7,5GW en 2025 y 15 GW en 2023, cifras que se sitúan por debajo de lo previsto por JPM.

Por los motivos citados, la firma rebaja desde ‘neutral’ a ‘vender’ su recomendación sobre Repsol, el único consejo negativo de su cartera de petroleras analizadas. JPMorgan mantiene el precio objetivo en 8 euros por acción, un 6,5% por debajo de su cotización actual. El viernes, la petrolera española repuntó un 5,3%, hasta 8,56 euros, al calor de la decisión de la OPEP+ de aumentar la producción de crudo en solo 500.000 barriles. Esta sobrevaloración les lleva a recomendar otras opciones como la austríaca OMV o la noruega Equinor, a las que califica como sobreponderar. También reciben recomendación de compra Royal Dutch Shell, BP o Saudi Aramco, mientras que son neutrales en Total o Galp.

Antonio Brufau, presidente de Repsol

El escenario posCovid del crudo

En general, salvo con la compañía española y la italiana Eni, los analistas de JPMorgan se muestran positivos tanto con el mercado petrolero como con las compañías. “Creemos que los discretos beneficios tras el Covid-19 serán acumulativos a nivel macro y sectorial. Antes del coronavirus, el mercado petrolero sufrió por el incesante suministro de nuevo petróleo y una respuesta histórica por “no dar abasto” de petróleo no convencional (Shale)”, apuntan en relación a la sobreoferta de crudo registrada en 2020 tras la guerra de producción entre Arabia Saudí y Rusia.

Según la visión de JPM, la crisis de 2020 ha debilitado sobremanera la capacidad de los operadores de petróleo no convencional para ser rentables y reunir capital. De hecho, muchos en EEUU se han ido a la quiebra después del crash histórico de precios del oro negro. JPMorgan detecta aquí una tendencia de fondo: los precios del crudo subirán por la menor competencia de productores, además de por la menor inversión en nuevos proyectos de exploración y extracción (upstream). “Ese colapso ha ‘forzado la mano’ de las grandes petroleras para que dimensionen correctamente sus dividendos y estructuras de capital; mientras tanto, los planes de transición energética se han acelerado a medida que el sector se embarca en el viaje de “petrolera a una nueva empresa”, concluyen. En este sentido recuerdan que el tren de la descarbonización ha abandonado la estación y está acelerando su marcha.

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