Cultura

«La cultura siempre será la última prioridad de un político»

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‘Reina Roja’ y ‘Loba Negra’ están entre los libros más leídos y vendidos en el último año. Pasará lo mismo con ‘Rey Blanco’ (Ediciones B), su continuación, que llega hoy a las librerías y con la que Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) culmina un ciclo en la trepidante serie de Antonia Scott y Jon Gutiérrez, su dúo de investigadores con millones de seguidores en cuarenta países. Su creador, un prestidigitador del ‘thriller’, no suelta prenda sobre el futuro de la pareja y lamenta que los políticos dejen siempre la cultura en el furgón de cola de sus prioridades.

–¿Qué garantiza tener millones de lectores?

–Absolutamente nada. El escritor está solo ante el teclado y la página en blanco. Debes esforzarte lo máximo posible para hacerlo bien. Cada frase es la única que importa.

–Al menos escribir ya no es llorar para usted, Pérez-Reverte, Javier Sierra, Manuel Loureiro el difunto Ruiz Zafón. Están en una liga de éxito internacional.

–Es bonito. Acabo de mandar un mensaje a Pérez-Reverte diciéndole que estoy deseando que se retire para que se acabe su competencia. ‘Todo llegará, pero entretanto ten cuidado con este pistolero viejo en un mundo donde se muere joven’ me dice.

–Ha creado a una de las mentes más capaces del mundo. ¿Los personajes son más inteligentes que sus creadores?

–En el caso de un detective es inevitable. Antonia Scott se enfrenta a asesinos en serie, mafiosos, tramposos… Por descontado debe ser mucho más lista que yo. Ya me gustaría ser una décima parte de lo inteligente que es Antonia.

–Lleva doce años en su cabeza. ¿Sigue sorprendiéndole para que sorprenda al lector?

–Cada día. Como todas las personalidades extremas, acaban perteneciendo a mucha gente. No solo al escritor. Los personajes existen fuera de mi cabeza y mi responsabilidad es contar su peripecia. Verlos a mi lado, hablar con ellos y que me susurren sus historias. No se puede ser escritor desde la humildad, pero debes tener la humildad suficiente para saber que la historia es lo primero. Mi auténtica responsabilidad es siempre con la historia.

-Antonia y Jon merodean por unas cloacas del poder ¿mucho más hediondas en realidad de las que imagina un escritor?

–Trabajar con la ficción es una inmensa suerte. Pero mayor fortuna es poderle dar a la historia una resolución, un cierre satisfactorio y una sensación de justicia que muchas veces los ciudadanos no podrían obtener jamás.

–¿Qué pasará con su pareja? ¿Habrá otra trilogía?

–En mi sello para dedicar ejemplares se lee que el final es solo el principio dentro del signo del infinito. Es cuanto voy a decir. El lector tiene la palabra.

–¿Le da más trabajo el villano o la heroína?

–Ambos. Pero siempre le tengo más cariño al villano que a los protagonistas. Y no soy el único. Tienes la envidiable libertad de hacer lo que quieras con él. El malo secuestra, tortura, asesina, pone bombas, quiebra huesos… Es extraordinariamente divertido en el mundo de la ficción. Catártico.

–¿Piensa cada día tres minutos en el suicidio, como Antonia?

–No. Pero cada vez pienso más en la muerte. Sobre todo si madrugo. Y es saludable. Recordar que somos mortales nos ayuda a situar las cosas en su sitio.

–La cultura es crucial en la pandemia, un salvavidas, pero los políticos culturales no parecen haber estado a la altura…

–La cultura siempre será la última prioridad de un político, y no debe extrañarnos que sea así. Para difundir un mensaje es mucho más cómodo tener una población de soldados obedientes que de creativos pensantes. A los creadores nos toca dar un paso al frente para seguir ayudando a la gente, para que se ría y se emocione. Y la mayoría lo está haciendo muy bien: editoriales, plataformas, cómicos, cines, teatros… Se vuelcan, como todos los que quieren hacer las cosas bien cada día al margen de ideologías, creencias y partidos. El gran éxito de España siempre ha sido su sociedad civil.

–Su grano de arena es vender ‘Rey Blanco’ a 4,74 euros en digital y darla gratis a quien no pueda pagarla.

–No es nuevo para mí. El libro digital existe desde 2011 en España. Desde entonces peleo por un precio muy inferior al del papel. Así se protege de verdad al mercado y a la cadena editorial. Hay quien piensa que ponerlos al mismo precio protege al pequeño librero, pero la realidad demuestra que no es así. Cuanto más accesible sea la lectura en digital más libros de papel se comprarán del mismo título.

–Jeffrey Archer dijo que prefería vender 100 millones de libros al Nobel. ¿Usted?

–Por más que me pese darle la razón a alguien que estuvo en la cárcel por falso testimonio y obstrucción a la justicia, creo que la tiene. Siempre es mucho mejor llegar a mucha más gente, y mucho más barato, que un reconocimiento. Sí echas cuentas, cien millones de ejemplares son cien millones de euros, y el Nobel se queda en un millón.

–Sus novelas se leen con frenesí ¿Al lector no hay dejarle que piense para que pase páginas como loco?

–Todo lo contrario. Lamento que mis libros se devoren a ese ritmo frenético. Ojalá se leyeran más despacio o una segunda vez. El mimo, el cariño y el esfuerzo en la construcción de los personajes, en aportar literatura para que no se queden la historia funcional, es imposible de apreciar si devoras la historia a toda pastilla. Pero es el mal del escritor de género, y hay que asumirlo. Stephen King es uno de los grandes escritores del siglo XX y quizá del XXI y en su vida se lo van a reconocer. Escribe sobre vampiros, fantasmas, casas encantadas y payasos asesinos y no nos detenemos apreciar que lo hace muy bien. Tanto la historia como el envoltorio. Pero no me quejo.

–¿El humor debe aparecer incluso en la escena del crimen?

–Sí. Pero no es lo mismo ser divertido qué gracioso. Si incorporamos sentido del humor, hablamos de lo que de verdad somos. El español es el inventor de la socarronería, del humor negro del que hablan los anglosajones. Nos reímos a carcajadas en un tanatorio con nuestros amigos y familia, y es la manera de honrar la vida de la persona a la que tanto vas a echar de menos. Cada día es más necesario el sentido del humor y más en la época que vivimos.

–¿Lee en voz alta lo que escribe?

–A menudo. Es muy importante la musicalidad. Me cuesta mucho dotar a la escritura del poso literario que tanto me interesa manteniendo al tiempo esa velocidad y el estilo tan directo y divertido. Lo que no suena bien, fuera.

¿Es definitivo podar un texto? ¿Menos es más en literatura?

–Sí. Lo que afina de verdad a un texto es esa poda. En ‘Rey Blanco’ cayeron casi 125 páginas del primer manuscrito. Ser directo, concreto y divertido es mejor. No hay nada peor que esa sensación de que se ha metido algo de relleno. Se nota mucho en las series.

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