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La decisión que divide al BCE: la banca pagará dividendos pese a la morosidad

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Es una fecha marcada a fuego en la crisis. La banca europea se juega buena parte de su futuro a corto plazo a partir de este jueves 10 de diciembre. La reunión de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) revelará el nuevo alcance de los billonarios programas de compra de activos (PEPP, APP), tanto en cuantía como en duración. También se conocerá cuánto se extienden y si se dulcifican las subastas de liquidez a los bancos (TLTRO, PELTRO), así como las nuevas proyecciones macroeconómicas del instituto emisor para 2021, claves para “recalibrar el bazuca anticrisis.

Tras esta cita deberá comenzar otra que genera todavía mayor expectación en los mercados: el cónclave del Comité de Supervisión bancaria del BCE. Su presidente, Andrea Enria, lleva semanas en contacto con los otros 31 miembros del organismo que marca la regulación y vigila la salud del sector bancario. Sobre la mesa, la decisión que genera mayor controversia y división en el seno del banco central: levantar la cuarentena al pago de dividendos y recompra de acciones en los bancos.

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde

Fuentes financieras señalan a ‘La Información’ que en la reunión se escenificará el pulso entre el supervisor y las entidades financieras para reactivar la remuneración al accionista, una medida cuyos efectos son discutidos nueve meses después. El veto al dividendo en efectivo y recompra de acciones permitió embalsar un colchón de capital de 30.000 millones de euros en 2020 entre los bancos europeos, al evitar salidas del balance por ese importe y permitir que puedan respaldar la concesión de crédito.

El supervisor del euro ha ido preparando el terreno para su decisión después de que otros reguladores como los de Suecia o Suiza hayan avalado la doctrina de ‘caso por caso’. El nórdico dijo que “será razonable que los bancos paguen dividendos en 2021”, mientras que el centroeuropeo bendijo los pagos millonarios de UBS (27 noviembre) y Credit Suisse (7 diciembre) con cargo a 2019 y sin recortes pese a la pandemia.

El propio BCE ha confirmado el regreso del dividendo en respuesta oficial a algunos eurodiputados como el español Luis Garicano. Hace un mes, en una entrevista con la prensa belga, el italiano Enria ligó la decisión a las previsiones macroeconómicas que se dibujen en Fráncfort. “Haremos lo que sea más conveniente para la industria. En este punto todavía estamos esperando. Decidiremos después del 10 de diciembre…cuando el BCE publicará sus previsiones macroeconómicas”, apuntó el italiano. ¿Significa esto que habrá un levantamiento del veto? Sí, pero con restricciones.

Los banqueros españoles quieren quitarse la mascarilla que les impide repartir dividendos, lo que supone un serio desafío a los planes más conservadores del Banco Central Europeo

Efecto contraproducente

Algunos bancos europeos denuncian una situación discriminatoria: que sean los accionistas bancarios quienes tengan que sacrificarse por la concesión de créditos a empresas, que luego sí podrán repartir dividendos a sus dueños, como aseveró el consejero delegado del Santander, José Antonio Álvarez, durante la conferencia con analistas tras los resultados de octubre. 

La situación es crítica para algunas entidades porque están perdiendo accionistas, sus cotizaciones bajan y su capacidad para reunir capital es menor en caso de que tengan que salir al mercado a buscar inversores. El desplome de los bancos europeos en bolsa de marzo a octubre fue sangrante. El índice sectorial Stoxx 600 Banks llegó a perder un 43% en ese periodo, hasta 82 puntos, mínimo histórico. Algunos bancos llegaron a perder tres cuartas partes de su valoración en bolsa como el español Sabadell, el holandés ABN Amro o el italiano Bper (antiguo Popolare), entre otros.

Sin embargo, todo cambió a partir de noviembre con los primeros anuncios de vacuna contra el Covid-19. Los desarrollos de Pfizer-Biontech, Moderna, Sinovac y Astrazeneca-Oxford han cambiado las reglas del juego y el sector financiero ha sido uno de los grandes beneficiados. El mercado comienza a descontar el principio del fin de la alerta sanitaria y de las restricciones económicas de la pandemia. Las vacunas han cambiado el relato de la crisis hasta tal punto que los inversores y algunos bancos comenzaron a descontar que podrán remunerar a sus accionistas. Sus cotizaciones se han disparado en cinco semanas. El mismo índice Stoxx 600 Banks se eleva un 36%.

BBVA ha sido una de las voces del sector que más alto y claro han sonado en este sentido. Cuando el pasado 16 de noviembre anunció la venta de su filial en EEUU por 9.700 millones de euros, su consejero delegado, Onur Genç, fue contundente: “Nuestra intención es hacer una recompra relevante [de títulos propios] teniendo en cuenta el precio de las acciones actual”. Junto al rally de la vacuna, el anuncio de premio al accionista en cuanto el BCE lo permitiera ha sido suficiente para catapultar su cotización un 80% en un mes.

Andrea Enria es el jefe de supervisión de los bancos europeos.

Quiebras y ola de morosidad

Desde que comenzó a vislumbrarse la cercanía de la vacuna contra el Covid-19, la euforia se ha desatado entre los inversores y los propios bancos. Sin embargo, Andrea Enria ha adoptado un tono más lúgubre al alertar de quiebras en el sector como consecuencia de los efectos de la pandemia. El BCE estima en 1,4 billones de euros el volumen de préstamos dudosos susceptibles de impagar o convertirse en morosos si se agrava la crisis.

De ellos, una buena parte cuenta con avales de los Estados. El último informe de la patronal bancaria EBA con datos hasta junio identifica un volumen de 187.000 millones de euros, el 10% de la cartera de crédito de los bancos españoles, bajo situación de moratoria, es decir, con pagos de créditos aplazados como recomendaron las autoridades competentes. El riesgo ha crecido de forma alarmante hasta noviembre, según fuentes del sector.

Los aplazamientos impulsados por el Gobierno y la flexibilidad del BCE a la hora de contabilizar préstamos morosos han permitido a las entidades financieras esquivar el aumento de morosidad. De hecho, la estadística oficial del Banco de España sitúa la tasa de mora de la banca en el 4,6%, dos décimas por debajo del cierre de 2019 e inferior al 5,8% de 2018. Pero todo es cuestión de tiempo. El índice de morosidad se elevará temporalmente más rápido y más que en la crisis de 2008 cuando se levanten las moratorias, debido al daño shock del Covid-19, que ha llevado al cierre temporal o definitivo a miles de negocios del turismo o la hostelería. 

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