Negocio

La frustrada fábula de la hormiga financiera china

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En China existe una máxima: cuando Jack Ma habla, el resto escucha. A diferencia de otros empresarios del Gran Dragón, que aburren con presentaciones en Power Point o interminables discursos publicitarios, el hombre que creó el gigante del comercio electrónico Alibaba disecciona con precisión quirúrgica los temas sin coger la tangente por la que tantos compatriotas prefieren deambular para no meterse en problemas. Es directo, ácido y, generalmente, acertado.

Pero por la boca muere el pez. En un país cómodo en la ambigüedad, su estilo puede resultar hiriente. Y ahí podría residir una de las claves del fiasco que protagonizó la semana pasada el brazo financiero de su imperio, Ant Financial, cuya salida a Bolsa en Shanghái y Hong Kong fue suspendida por las autoridades chinas. Iba a ser la mayor operación de la historia, con un volumen de 37.000 millones de dólares. Pero Ma, que ya no dirige Alibaba, habló en una conferencia el pasado 24 y se quedó a gusto en sus críticas a la banca china, en su gran mayoría estatal. «Tienen mentalidad de casa de empeños», espetó.

A pesar de que los líderes chinos llevan cuatro décadas prometiendo la apertura económica, Ma se refirió a la falta de reformas en el sistema financiero. La Prensa coincide en que sus palabras hirieron la sensibilidad de un buen número de altos cargos que, después de llamarle al orden en privado, decidieron poner en marcha una investigación y detener la operación de Ant, la sonriente hormiga azul que ha ido trabajando sin descanso para convertirse en un gigante que gestiona todo tipo de productos financieros relacionados con el consumo electrónico: desde préstamos hasta fondos de inversión que gestionan más de 150.000 millones de euros. La decisión, según ‘Wall Street Journal’, la adoptó el propio presidente chino, Xi Jinping.

LAS CLAVES:

Malestar.
Las palabras críticas de Ma molestaron al poder chino: el propio Xinping paralizó la salida a Bolsa
Más allá.
Las medidas restrictivas de Pekín pueden ser replicadas por otros países ajenos al comunismo

Ahora ya nadie espera que la salida a Bolsa se produzca en los próximos meses. Su empresa, crucial en la modernización del comercio chino, representa una amenaza para el orden establecido. El exprofesor de inglés ha erigido un sistema financiero paralelo, primero a través de los pagos electrónicos de Alipay –mil millones de usuarios– y luego con la propia Ant Financial, que el año pasado obtuvo beneficios de 2.300 millones de euros y que está relegando a la banca oficial.

Los grandes bancos son percibidos, sobre todo entre la juventud, como dinosaurios que solo tienen en mente a las grandes empresas estatales y que, en ocasiones, ni siquiera son necesarios para domiciliar la nómina o sus recibos. Los jóvenes, cada vez más adictos al crédito, prefieren fraccionar sus compras con Ant.

Sin rechistar

El problema radica en que, aunque se comporte como un banco, Ant no lo es. Lo que ha conseguido Ma con sus críticas es que los reguladores contra los que arremetió se lancen a restringir aún más los movimientos de la financiera, que ya ha anunciado que acatará las normas sin rechistar. Aún no está claro si China ha comenzado a erigir una gran muralla para poner a raya a las tecnológicas que han revolucionado el sistema y propiciar que el Estado recupere el control cedido. Buena muestra es el yuan digital, lanzado con éxito a prueba y cuya adopción por la población china puede ser especialmente rápida.

Esta divisa electrónica nace con un objetivo opuesto al del Bitcoin: evitar el anonimato en las transacciones para controlarlas más. Todo lo que se compre y venda dejará su estela en el Banco Popular de China, perfecto para arremeter contra el dinero negro, la corrupción y la evasión fiscal, pero también ofrecerá al Gobierno la posibilidad de controlar de forma estrecha a los ciudadanos.

Las tecnológicas han construido el sistema y el Estado podría expropiarlo. Al fin y al cabo, el sector financiero siempre ha sido estratégico. De hecho, aunque los bancos chinos cada vez tienen mayor peso en el resto del mundo, la apertura del mercado interno a las empresas extranjeras ha sido casi nula: no representan ni el 2%.

El hombre más rico de China se creía intocable. A menudo, Ma ha alabado las políticas del Partido Comunista, al que pertenece. Su lengua puede que le haya granjeado enemigos en la cúpula china, pero el fracaso del salto al parqué se engloba en una ofensiva que trasciende las fronteras y que tiene en su diana la concentración de poder de las grandes tecnológicas de todo el mundo, que van extendiendo sus tentáculos por sectores que nada tienen que ver con el que les dio la fama. Todo apunta a que Pekín ha decidido ponerle coto, y sus medidas podrían terminar inspirando a muchos otros países. Incluso a los que no blanden la hoz y el martillo.

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