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La hostelería de Granada recibe la noticia del cierre con el susto en el cuerpo

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El Campo del Príncipe no ha visto el Canal Sur. Tampoco en la plaza Fortuny o en la de Carlos Cano del Realejo. Tampoco en la plaza de la Mariana. En Canal Sur, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, explicó ayer a las dos y media en punto y en directo las nuevas restricciones. Una de ellas supone el cierre de la hostelería en Granada desde este martes hasta el día 23 de noviembre. Para empezar y si no hay novedades.

La medida, ha sentado en la ciudad como un jarro de agua fría, como una caña de cerveza caliente. En estas plazas del Realejo y del Centro no han visto el Canal Sur porque estaban llenas de personal que tapeaba tan ricamente. El presidente andaluz había hecho hincapié en recomendar que la gente salga a la calle solo lo imprescindible pero, las terrazas, estaban llenas. Las terrazas a las que van los granadinos y granadinas, porque la ausencia de turistas ha dejado vacías plazas y calles tan emblemáticas como Navas, Bib Rambla o la mismísima Plaza Nueva.

Gregorio García, presidente de la Federación de Hostelería, resume muy bien el sentir del sector. «Las medidas no me parecen acertadas. Somos solidarios con la pandemia y todo lo que pasa, pero entendemos que son unas medidas demasiado duras, porque en el sector no hay contagios».

Entonces, reivindica una contrapartida. «Estas medidas tienen que venir de alguna manera con ayudas, que aunque anunciadas, de momento brillan por ausencia». Exige entonces un compromiso por parte del Gobierno andaluz. «Queremos que se sienten con nosotros, y si es cierto que van a disponer ayudas para la hostelería, que nos digan qué van a hacer con nosotros». La razón, es trágica:«Si no hay ayudas, vamos a morir».

Tragedia, comedia y drama

En el restaurante Papaupa de la calle Molinos del Realejo el tono pasa de trágico a cómico. Paco Moya, el propietario, tira de sarcasmo, ironía y cachondeíllo. «Qué majo es Moreno Bonilla, que ha decidido que empiece el cierre de los bares el día que tenemos el descanso semanal». A continuación, añade, «a ver cómo hago yo ahora para terminar este barril de cincuenta litros de cerveza que acabo de pinchar. ¡Solo tenemos hoy y mañana!». Termina: «Que vayan viniendo los proveedores a cobrar, que a ver si estamos. Y esto va por todos». Así es. El cierre de la hostelería no solo es un perjuicio para dueños y trabajadores. Hay toda una cadena económica de proveedores que, directamente, desaparece.

En el restaurante Arriaga no hay ni tragedia ni comedia. Mejor un buen drama. «Me da igual el color político. Todos lo han hecho mal. Todos lo están haciendo mal. Que se vayan y que dejen sitio a otros a ver si son capaces de gestionar esta crisis», estalla el chef Álvaro Arriaga. «Nos culpan a nosotros, a la hostelería. Pero los culpables son ellos». Yahora, la pregunta del millón de euros:«¿Quién me va a pagar ahora a mí? ¿Quién va a pagar a mis empleados? Esto es una vergüenza», resume el cocinero.

Cambio de escenario. Un grupo de amigos está pasando del aperitivo al tardeo. «Habíamos quedado para tomar unas cañas y luego el partido del Granada CF, pero como van solo con medio equipo y nos da que van a perder, preferimos evitar disgustos y nos vamos de tardeo y gin tonics». Es el ambiente que discurre por San Matías, Ganivet y la calle de las Moras. El personal ha decidido aprovechar y ha empalmado la quedada del mediodía con la de la tarde.

Jose, de Grupo Sancho;Santi, deBraserito;y Paco, del bar FM, brindan por el futuro de la hostelería. Abajo, dos momentos de la tarde de ayer en calle Varela y en la plaza de la Mariana. / Alfredo Aguilar

En la Mariana

Ocurre parecido en la plaza Mariana Pineda. Un grupo de amigos y amigas come opíparamente almejas y calamares en ‘La esquinita de Javi’. «Estamos aprovechando lo que nos dejan».

Santi, del popular Braserito en la calle Rosario está descompuesto. «Flipao. Estoy completamente flipao. No sé cómo vamos a sobrevivir a todo esto». Santi ha recibido la noticia de las nuevas restricciones como un mazazo. Está completamente apesadumbrado. Aunque reconoce que no tiene razón para quejarse, porque el restaurante le va bastante bien, esta situación le preocupa. «Las medidas se pueden llevar por delante al 50% de los negocios. Somos los más cautelosos con las medidas de Sanidad y sin embargo nos ha caído todo el peso de las restricciones». «Pagamos justos por pecadores». «Toda la hostelería estamos a favor de las medidas para favorecer la salud, pero no pagando con la nuestra», reflexiona.

Jose es el propietario de Grupo Sancho que tiene un restaurante y dos hamburgueserías (c/Tablas, c/Portón de Tejeiro y en el centro comercial Serrallo). «Después de estas noticias la situación está supercomplicada. No sabemos lo que va a durar esta situación o si vamos a tener ayudas económicas. Tengo como todos el susto metido en el cuerpo. Y, además, sabiendo que hemos cumplido con todas las medidas de seguridad», recalca. Está muy preocupado. Tiene casi treinta empleados, y después de esta noticia, «todos al ERTE».

Paco, del bar FM, en la avenida de Juan Pablo II, coincide con sus colegas. «Pienso que quizá la hostelería está haciendo bien las cosas y va a pagar las consecuencias de los actos irresponsables de muchas personas. Los hosteleros echamos en falta el respaldo del Gobierno, como se ha hecho en otros países». Sobre el futuro, es reticente. «Al final va a sobrevivir el que estuviera en un buen momento, porque como te haya pillado con inversiones y créditos, vas a estar muy mal». Termina:«Es un momento muy complicado. La situación también te quita las ganas de todo».

Nicolás Chica, de Ibéricos Alhambra en calle Navas, ha colgado de calle a calle la ropa de trabajo, pantalones de cocinero y camisas de camarero con los logotipos estampados. Ha añadido un cartel de ‘Se Vende la calle Navas’. Razón: Hostelería‘.

Es algo más que una protesta, que una queja. Es un grito desesperado. «Sabíamos en el gremio que se iban a tener que tomar medidas, porque los contagios están desbocados. Lo que no esperábamos es que cumpliendo nosotros a rajatabla no hayan sido capaces de organizar nada y que nos dejen sumidos a todos sin ayudas. Y con una atmósfera de completa incertidumbre. Sin saber qué va a pasar en el futuro inmediato». Cierran la puerta los bares. Pero no se abren ventanas.

«La salud es lo primero,pero es otro palo a la economía de los comercios»

Las medidas anunciadas ayer por el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, terminan por liquidar la nueva normalidad a la que se llegó tras el proceso de desescalada. Ahora, Granada vuelve a entrar en fase. Una fase en la que solamente podrán abrir los negocios cuya actividad es considerada imprescindible. De primera necesidad.

A María Castillo, presidenta de la Federación de Comercio, no le ha pillado por sorpresa:«Esto se veía venir». Ahora bien, tiene muchas cuentas que saldar. «Está claro que tiene que ser por el bien general. La salud es lo primero. Yen Granada está complicado. Esto no quita que sea otro palo más a la economía, a la hostelería, al comercio y a la industria». Explica entonces que ya tenían problemas originados por el primer confinamiento. También durante toda la temporada de verano, porque el consumo se ha ralentizado muchísimo.

«Hay comercios cerrados y otros que se sostenían como podían, pero como la Junta de Andalucía no tome medidas para echarnos una mano, muchos comercios se van a ver abocados al cierre», vaticina de forma preocupante.

Es decir, recalca, «ya teníamos una situación complicada y más que se nos ha complicado ahora con las medidas anunciadas por la Junta. Se supone que es para poder salvar un poco la campaña de Navidad. Pero vamos ver quién llega vivo a esta campaña».

El pesimismo todo lo envuelve, y María Castillo llega a dudar que siquiera vaya a haber campaña de Navidad. «Espero que sí», cambia entonces de opinión. «La Navidad da mucho empleo en Granada, y como la Junta no nos ayude, muchos puestos de trabajo se van a perder».

«La salud es lo primero», repite el mantra. «Si se toman estas medidas es para cortar el contagio y para que los hospitales puedan atender a los pacientes contagiados. Lo vemos bien. Pero hay una cara b que nos afecta completamente».

Yesa cara b tiene datos. Son los comercios no esenciales, más o menos, todos los que no son farmacias, estancos o supermercados y tiendas de comestibles. «Así que imagínate, el 80%de nuestro sector se va a ver afectado por estas medidas».

Y, encima, sin ayudas. «En el primer confinamiento hubo ayudas para los ERTE, y los autónomos no pagamos la cuota. Yahora no sé. Veremos mañana a ver qué dice el BOJA».

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