Cultura

La página de los libros

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Pedro García Cueto Galgo Corredor

Llega de nuevo el universo del prolífico escritor Fernando Sánchez Dragó en su libro de memorias ‘Galgo corredor’ donde nos cuenta la importancia que tenía el mundo de antes para él, el Madrid de billares, cines porno, guateques y tantas otras cosas que ya han desaparecido. También vive en él el deseo de traspasar la frontera de las ideologías, habiendo estado en la cárcel en aquella época por enfrentarse al franquismo, hoy adolece de una posición más conservadora, como si la vida fuese un fantasma que nos coloca en diferentes lugares.

Nos cuenta su experiencia en prisión, donde respira el buen prosista que es Dragó, donde se cuelan nombres como Enrique Múgica, Dionisio Ridruejo, Aranguren y tantos otros.

El libro camina con paso veloz por toda una época donde vive un hombre de gran calado existencial. Cada página nos va envolviendo en ese aire de tiempo pasado, donde el autor va dejando su impronta, su forma de ver la vida y nos ofrece opiniones siempre certeras sobre su visión del mundo.

Hay en Sánchez Dragón un hombre que cuestiona el mundo, que abre una ventana al mar de una época donde aún quedan rastrojos de paisajes que se han ido diluyendo, personajes que se han ido borrando, miradas que el tiempo ha desvanecido.

Su opinión sobre la política expresa bien que uno ha de ser lo que el tiempo le prepara, lo que se encuentra en el camino:

«Mi interés por la política, pese a la vehemencia in crescendo con la que durante varios años se manifestó, era solo una máscara de mi irrefrenable tendencia a vivir a contracorriente y de mi deseo de correr aventuras similares a las de los héroes de los libros. Nacer y crecer en la España de Franco me obligó a ser antifranquista y de extrema izquierda».

Hombre que contempla el tiempo sin nostalgia, que sabe que los que ahora quieren abanderar la libertad son una clase más de tiranos con la boca muy ancha, hombre que desprecia el tedio del matrimonio, que se envuelve en la bandera de todos los países, porque no siente que pertenezca a ninguno, en Dragó vive un ser que se aleja como si fuese un personaje de un libro de Stendhal, un poeta en un mundo de barro.

El libro muestra la luz de un Dragó que reflexiona y sabe que toda verdad es mentira y que la verdad es siempre cuestión de miradas. Un libro ameno y muy interesante para conocer una época donde aún cabía la ilusión y a un escritor que no se esconde entre bambalinas.

Al oído del tiempo (Antología poética)

Con cinco números publicados, la novísima editorial Poéticas incluye entre ellos el título Vicente Huidobro. ‘Al oído del tiempo (Antología poética)’, con selección de Mario Meléndez y prólogo de Hernán Lavín Cerda, quien adelanta que este nombre es «el precursor hispanoamericano de las ideas estéticas que habrían de surgir con la vanguardia europea». Sin duda, insiste el prologuista, el poeta «se convierte en el joven más audaz dentro de la poesía de Hispanoamérica. Es un vanguardista precoz, el gran precursor de la ruptura y de los cambios, un espíritu lúdico y lúcido, de altísima temperatura, que no le teme al vértigo de la libertad». Lo que representa Huidobro, su lenguaje («una red metafórica más o menos inaugural»), sus aportaciones al Creacionismo, su bibliografía lírica –haciendo hincapié en Altazor y Temblor de cielo– y otros aspectos necesarios, quedan bien delineados por Lavín Cerda, dando paso pronto a una selección poética centrada en quince unidades –’El espejo del agua’, ‘Poemas árticos’, ‘Últimos poemas’…– que son la manifestación de cuanto escribió. Ya el lector irá apreciando tanto verso ensimismado en el arte y en la naturaleza («Éramos los elegidos del sol / Y no nos dimos cuenta / Fuimos los elegidos de la más alta estrella / Y no supimos responder a su regalo»), clamoroso ante el encanto femenino («Mujer el mundo está amueblado por tus ojos / Se hace más alto el cielo en tu presencia / La tierra se prolonga de rosa en rosa / Y el aire se prolonga de paloma en paloma»), sorprendido por las metáforas que depara la vida (véase su poema ‘Sombras chinas’), y evidentemente apegado a un gusto descriptivo original y certero («De una mirada encendí mi cigarro / Cada vez que abro los labios / inundo de nubes el vacío. En el puerto / los mástiles están llenos de vida»).

Queda para el lector, patente en esta antología que inserta sesenta y dos poemas, la validez de un poeta del que Octavio Paz escribió: «Está en todas partes y en ninguna: es el oxígeno invisible de nuestra poesía».

Por ello, con esta aportación sobre Huidobro y otros poetas que han dado novedad y revelación al género lírico (como Herman Melville, García Lorca o P.B. Shelley) se constata la necesaria presencia de la editorial Poéticas en el panorama literario de hoy al que insufla nueva vida y desde luego una esperanzada longevidad a la Poesía, porque –también con palabras de Huidobro– «Los grandes poetas quedan fuera de toda escuela y dentro de toda época. Las escuelas pasan y mueren. Los grandes poetas no mueren nunca». Y a esto aspira Poéticas.

Rainer María Rilke Auguste Rodín (Cartas al maestro)

Por Paco Huelva

Mucho se ha escrito sobre Rilke. Su compleja y contradictoria personalidad, su continuo nomadismo y la esencia de su poética y de su narrativa, han hecho de él una relevante figura de la literatura europea. Publicadas inicialmente en Ediciones Archipiélago (Buenos Aires), en 1946, hoy forman parte de los Archivos VOLA, quien los ha puesto en circulación en este año de 2020. Estas cartas dirigidas a Auguste Rodin suponen una otra forma de mirar a Rilke, que encantará a los amantes de su literatura e incluso de su biografía; tan intensa, verdad. Nada hay que decir sobre el predicamento de ‘Las elegías de Duino’, ‘Los sonetos a Orfeo’ o ‘Cartas a un joven poeta’ entre otros de sus textos, porque son obras fundamentales de la literatura. Este manojo de cartas a Rodin se inicia el 28 de junio de 1902 en Holstein (Alemania) y finaliza el 31 de diciembre de 1912 en Ronda (España).

En un mundo en donde las nuevas tecnologías de la comunicación han enviado al cráter del olvido al género epistolar, estas cartas de Rilke nos sirven para redondear si cabe la figura de tan extrañado y peculiar escritor. Muy interesante texto.

Pascal Engman Tierra del fuego

Por C. de la Rosa

La huida de los criminales del régimen nazi tras la caída de Hitler ha servido como argumento a múltiples novelas y un buen puñado de filmes, con desigual resultado. En ‘Tierra del fuego’, la primera parte de una trilogía protagonizada por la detective Vanessa Frank, el sueco Pascal Engman usa con acierto el protagonismo de unos antiguos jerarcas nazis traficantes de órganos para construir una trama que lleva al lector desde los Andes a Estocolmo. Como primera parte de la trilogía, Engman dibuja en la novela los rasgos distintivos de su protagonista, que se inserta en su entorno intentado seguir unas reglas a veces heterodoxas pero que la conducen al éxito.

Elisa Díaz Castelo Principia

Por José María García Linares

La autora plantea la miopía del paradigma científico como única posibilidad de acercamiento y entendimiento del mundo. Para la poeta es lo imaginario, la intuición, la única herramienta de graduación y la estrategia para combatir el terreno de lo borroso, de lo difuminado. Es la fusión de ambos sistemas, el científico y el poético, la que permite la comprensión de la realidad y del individuo tardomoderno. Una, digamos, física–poética en la que los cuerpos se desplazan en el espacio y en el tiempo, se atraen, se repelen, multiplican sus sentidos, iluminan sombras o ensombrecen astros. Aunque fue publicado en 2018 en Méjico, Ediciones Liliputienses lo edita en España.

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