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La peligrosa transición de Trump a Biden y el activo refugio del Ibex 35

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El peor resultado en unas elecciones es que no haya resultado. Si hay que sacar alguna lección a vuelapluma del show electoral más largo de la historia de Estados Unidos -del martes 3 al sábado 8 de noviembre-, la primera es que se debería revisar un modelo de recuento de votos impropio del siglo XXI. La segunda, con tiempo, debería ser la búsqueda de un freno al populismo político que crea división y polarización donde no la hay. Donald Trump ha sido la reencarnación de la cizaña durante los últimos cuatro años no solo para los estadounidenses sino para el mundo entero con su filosofía del MAGA (Hacer América Grande otra vez) o el America First (EEUU, primero). La primera gran buena noticia del 2020 probablemente es la elección de Joe Biden como presidente de EEUU y el espíritu con que nacerá su mandato: la sanación en lo social y sanitario (Covid-19).

Pero ahora, démonos una oportunidad. Es hora de dejar de lado la retórica dura. Bajar la temperatura. Para volver a vernos. Escucharnos de nuevo. Para progresar, debemos dejar de tratar a nuestros oponentes como a nuestro enemigo. No somos enemigos. Somos americanos. La Biblia nos dice que para todo hay una temporada: una época para construir, una época para cosechar, una época para sembrar. Y un tiempo para sanar”. Este extracto del primer discurso de Biden como presidente electo debería servir como base para la buena política, la reunificación social en su país y para tender puentes con el mundo después de que Trump los haya roto casi todos.

Alarma en el Gobierno por el entorno de inestabilidad tras el duelo Biden-Trump

El futuro expresidente de EEUU representa, sin embargo, toda una amenaza por la manera en que afronta su salida de la Casa Blanca, la misma que le llevó hasta ella en 2016: división y destrucción. La transición presidencial supondrá por primera vez un desafío en sí mismo después de las amenaza de guerra legal para anular los votos que le han arrebatado la victoria desde Nevada a Pensilvania, pasando por Georgia, Wisconsin y hasta Michigan. Su acusación de fraude electoral no tiene precedentes. Tampoco pruebas ni fundamento más allá de su mera estrategia 

Por distintos motivos, la próxima llegada Biden se ha convertido en una gran señal positiva para Europa, perdida y deambulante en el nuevo orden mundial construido durante la desconcertante legislatura de Trump. La felicitación en tromba de los principales líderes europeos (Sánchez, Merkel, Macron, Von der Leyen…) al líder demócrata es significativa. Es la mano tendida de una alianza que estaba en sus horas más bajas. Es el regreso del multilateralismo, la cooperación y, por supuesto, del comercio internacional. La era Trump acabará con un gran destrozo en las relaciones económicas globales por las guerras arancelarias.

Para España, el relevo en la Casa Blanca es un balón de oxígeno desde muchos puntos de vista. Las prioridades del programa de Joe Biden para acelerar la lucha contra el cambio climático (energía, gestión de residuos, educación…) convierten a las empresas españolas en punteras a nivel global. Grupos como Iberdrola se han convertido en referentes en el sector energético internacional como ejemplo de transformación verde. Endesa, Naturgy, Repsol, Siemens Gamesa y un largo etcétera de multinacionales que cotizan en la Bolsa española están expuestas al verde esperanza de las renovables. Pese a que Trump acordó ejecutar la salida del Acuerdo de París en plena noche electoral el pasado martes, Biden corregirá el error. No lo duden. El Ibex 35, el peor índice bursátil representativo de un país en lo que va de 2020 en Europa, debe recoger el viento a favor de la geopolítica.

Con una caída acumulada que ronda el 30% desde enero, los inversores internacionales han cerrado la puerta al parqué español. Hay quien pensará en la pandemia del Covid-19 y sus efectos sobre la potente industria turística. Pero no es toda la verdad. También ha habido preocupación con los ramalazos contra el ‘business’ de Moncloa o la sostenibilidad de las cuentas públicas sin el maná del turismo. Con las elecciones en EEUU, el Ibex 35 se ha reencontrado con un vigor que parecía perdido. Una subida semanal del 6,4% que tiene mimbres para continuar en el tiempo. 

No solo el peso energético ‘verde’ pone en un buen lugar al mercado de capitales español con la Administración demócrata. El 46º mandatario estadounidense también prevé invertir miles de millones en proyectos de infraestructuras que mirarán con fruición la armada que conforman ACS, Acciona, Sacyr, FCC,  Talgo, CAF, Aena… Biden es un declarado defensor, por ejemplo, del transporte ferroviario, infradesarrollado en EEUU y puntero en España. Los inversores internacionales deberían fijarse para bien -como hasta lo han hecho para mal- en el lado emergente de multinacionales como Santander, BBVA o Telefónica, que  través de Brasil o México pueden convertir al Ibex 35 en la gran historia de recuperación bursátil en los próximos meses. A ello ayudará que EEUU vuelva a abrirse al mundo.

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