Cultura

La primera historia protagonizada por una aceituna andaluza

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Emilio e Irene, padre e hija, salieron de Granada con una maleta ligera, como manda el verano, a pasar unos días con los abuelos, en Jaén. Al caer la noche, con todas las ventanas bien abiertas, Irene pide un cuento para irse a dormir. Su padre le lee el que han traído de casa pero la pequeña quiere más. Al mirar en la maleta descubren que no han echado otros libros y la niña necesita seguir fabulando, que si no no se duerme. Emilio saca la cabeza por la ventana y respira el aroma de su tierra como el que cata un buen aceite. «¿Y si yo escribiera una historia?», pensó. Estaba a punto de varear, estrujar y prensar una vida entera en un cuento infantil: ‘La aceitunilla Pepa‘ (editorial Abresueños, 2020).

‘La aceitunilla Pepa’. Emilio Fuentes y Sergio Bimbo. Editorial Abresueños. Sevilla, 2020. 14,300 euros.

Emilio Fuentes Espejo (Jaén, 1980) es un periodista afincado en Granada que sabe lo que es transformarse. Al terminar la carrera hizo prácticas en Málaga, luego estuvo casi un año aquí, en IDEAL, para pasar después a Teleideal y, más tarde, al periódico La Opinión, donde pasó cinco años como redactor hasta su cierre. Entonces se marchó a Sevilla, a la Consejería de Educación, y se especializó en comunicación educativa. Pero aquello también se acabó y terminó recalando en el Colegio Privado El Pinar, como director de comunicación. «Como ves, he dado más tumbos que una aceituna rodando, como Pepa», bromea. En el colegio –un centro cooperativo laico– sus compañeros siempre le han animado a escribir. «Entre eso, mi hija y la inquietud que siempre he tenido por juntar letras nació el libro».

«Es el relato de una aceituna y es el fruto de volcar todo lo que he visto en mi infancia»

La aceitunilla Pepa‘ cuenta el proceso de creación del aceite de oliva visto desde la perspectiva de una aceituna. «Es el relato de una aceituna –explica Fuentes– y es el fruto de volcar todo lo que he visto en mi infancia, con mis tíos y mis padres, algo que siempre me llamaba la atención: el campo, los animales, los tractores, el molino, los engranajes, las turbinas, el olor… tenía radiografiado en mi cabeza todo el proceso hasta que salía casi al bidón. Y quería darle vida a eso. Hacerlo bonito».

El ciclo

Él mismo se compró su primer coche con lo que sacó siendo jornalero en la aceituna, con su familia. «He vivido la cultura del olivo desde que nací. Y nunca se ha puesto el foco en la primera persona que está al pie del cañón. Hay mucho ensayo, mucha documentación… pero nada así». Se imaginó a Pepa, una pequeña aceituna que acaba de nacer, para ponerse, literalmente, en su piel. En el cuento, preciosamente ilustrado por el artista sevillano Sergio Bimbo, recorremos la experiencia del campo a la mesa, en un viaje fascinante para los niños y reflexivo para los adultos: «La aceituna se transforma una y otra vez y va afrontando los cambios de manera natural, sin drama, es su destino. Termina convertida en una gota de aceite de oliva que la prueba el chef de mejor restaurante del mundo. Era mi manera de dignificar todo el esfuerzo del campo andaluz». Desde la aceituna a la persona y vuelta a empezar, un círculo que se cierra una y otra vez.

La pequeña gran aventura de Pepa, la aceitunilla, llamó la atención de la editorial Abresueños nada más tocar en la puerta. «Me dijeron que les pareció muy original –detalla Fuentes–, que no era lo de siempre, y se pusieron manos a la obra a transformar el relato en un álbum ilustrado. Ha quedado de fábula. Lo digo de verdad: Sergio ha hecho un trabajo magnífico, si quitas el texto el libro sigue siendo igual de bueno». El cuento se publicó el pasado tres de noviembre en toda España y está recibiendo una acogida muy buena, pese a la pandemia. «Me han dado ganas de seguir escribiendo, la verdad –confiesa el periodista–. Tengo relatos por ahí que también ponen el foco en el origen, en la tierra».

«La transformación de la aceituna es un espejo de la propia vida. Los cambios llegan siempre»

‘La aceitunilla Pepa’ es un retrato de la Andalucía del olivo, un maravilloso ejercicio por dignificar a la gente del campo de una manera colorida, imaginativa y sin prejuicios. «Hay una idea flotando en el cuento. La idea de una vida reposada, de dejarse llevar por la vida, de que los cambios dan miedo pero siempre son buenos, ni mejores ni peores». Paseando por mitad del Parque García Lorca, junto al estanque de los patos, donde descansan un puñado de olivos centenarios, termina: «La transformación de la aceituna es un espejo de la propia vida». Lo dice alguien que e ha transformado varias veces.

A. AGUILAR

Ahora, Emilio e Irene –que ya suma tres años más que aquel verano caluroso en el que se quedó sin cuentos– disfrutan paseando por el campo. Y, cada vez que ven una aceituna, se miran con ternura antes de decirse el uno al otro: «Mira, una Pepa».

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