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Los aportes clave del ébola y el VIH a la ciencia contra el COVID-19

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Una de las frases más frecuentes de los investigadores que intentan poner fin al coronavirus es: «Estamos ante algo nuevo».

Precisamente este hecho empuja a los científicos a mirar al pasado, es una de las bases de la ciencia para afrontar retos como esta pelea que busca salvar a toda prisa vidas humanas.

Las epidemias del VIH y del ébola han enseñado que las intervenciones deben basarse en una ciencia sólida. Como en los primeros días del SIDA, se enfrentan hoy muchas incertidumbres sobre la epidemiología, la presentación clínica y la historia natural de un nuevo virus.

En este sentido, la ciencia del SARS-CoV-2 está evolucionando rápidamente, el coronavirus también se presenta una oportunidad para la implementación inteligente del conocimiento adquirido.

El VIH ha enseñado el valor y el imperativo de involucrar a las comunidades afectadas en la planificación y ejecución de la investigación y de la atención en el caso de los contagios.

Tanto éste como el ébola han demostrado que se requiere información local precisa y oportuna para permitir y guiar intervenciones personalizadas. Los expertos médicos y de salud pública deben prestar atención al lema «Conozca su epidemia» y orientar las intervenciones en consecuencia.

En una entrevista publicada por el New England Journal of Medicine, el doctor Anthony Fauci de los Departamentos de Salud Global, Medicina y Epidemiología de la Universidad de Washington; el Instituto de Salud Global y Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Carolina del Norte, del ICAP en la Universidad de Columbia y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Londres (PP), se ha vertido un análisis que propone una lectura crítica de hechos pasados que colaboraron en el desarrollo positivo de otros tiempos.

Otro idioma, pero con raíces similares

«Por supuesto -dice el especialista-, COVID- 19 presenta nuevos desafíos: la epidemiología de un virus respiratorio pandémico cambia rápidamente y las respuestas deben ser ágiles. Dado que todo el mundo es susceptible a este nuevo coronavirus para el que carecemos de intervenciones biológicas eficaces, la respuesta ha requerido un cambio de comportamiento a gran escala, incluido el distanciamiento social y el enmascaramiento público, que se propusieron rápidamente en circunstancias de emergencia. Sin embargo, estas medidas podrían haber tenido un mayor impacto si se hubieran adoptado antes y de manera más amplia, una acción rápida que requiere la confianza y la aceptación de la comunidad».

Cita en la charla que hay ejemplos de éxitos de salud pública contra COVID- 19; por ejemplo, Hong Kong, que tiene una densidad de población mucho más alta que la ciudad de Nueva York, tuvo menos de 100 muertes relacionadas con COVID, gracias en parte a la rápida y generalizada adopción del enmascaramiento, aumentado por pruebas de fácil acceso.

Alemania introdujo pruebas de COVID- 19 a gran escala combinadas con respuestas lideradas localmente y un fuerte liderazgo nacional. A nivel mundial, las respuestas a nivel individual y comunitario requirieron sacrificios sustanciales que tuvieron importantes efectos económicos.

Sin embargo, la respuesta de Estados Unidos se ha visto obstaculizada por la negación, los pasos en falso, las demoras en la ampliación de las pruebas, los mensajes inconsistentes y la politización de las respuestas de salud pública; en consecuencia, la transmisión comunitaria aumentó en muchas partes de los Estados Unidos.

Pero esta pandemia presenta una oportunidad para tender puentes entre los científicos y el público. “La confianza debe ganarse -dice Fauci- La experiencia con el HIV demostró que la colaboración entre científicos y la comunidad era factible y mejoró el proceso científico”. Los defensores del sida presionaron a los científicos para que actuaran más rápidamente, fueran más transparentes y comunicaran claramente los fundamentos y métodos científicos. El resultado fue plazos más cortos para la investigación científica, la revisión regulatoria y la implementación de intervenciones efectivas.

Fauci brindó un modelo excepcional para tender puentes con el público. Su disposición a escuchar las preocupaciones de los defensores sobre la investigación del SIDA fue fundamental para que la investigación clínica sobre el VIH / SIDA fuera consultiva y colaborativa.

Al enfrentar el ébola, el ensayo de la Asociación para la Investigación de Vacunas contra la enfermedad en Liberia (PREVAIL) demostró que una inversión sustancial y enfoques adaptativos para la educación comunitaria y la movilización social podrían abordar los mitos sobre la dolencia, motivar la participación y lograr una alta retención en los ensayos de vacunas, a pesar de la desconfianza en el gobierno, escasa alfabetización, estigma asociado con el ébola y deficiente infraestructura clínica en las comunidades afectadas.

Con COVID- 19, la participación de la comunidad debe ser a una escala aún mayor y debe ser adaptativa y estar dirigida por científicos confiables y expertos en salud pública. En los Estados Unidos, Fauci ha vuelto a liderar el camino, proporcionando con confianza y autoridad una comunicación clara y basada en hechos sobre COVID- 19. Su voz debe seguir siendo escuchada, especialmente desde que la respuesta a la pandemia de Estados Unidos se ha vuelto tan politizada.

Aislarse de todo lo que no sea ciencia

Fauci manifiesta la importancia de que los científicos y profesionales de la salud pública transmitan «la necesidad crítica de investigación, vigilancia y ensayos clínicos bien diseñados y rigurosamente implementados para identificar intervenciones seguras y efectivas, incluida la profilaxis previa y posterior a la exposición, tratamientos y vacunas».

Se necesitan marcadores objetivos de respuesta para evaluar la eficacia, incluida la diseminación del SARS-CoV-2 como medida de efectividad además de los puntos finales clínicos.

Dada la gran cantidad de ensayos de tratamientos y vacunas, se necesitan muchas decenas de miles de participantes en el estudio. Reclutar participantes negros y latinos es esencial, a la luz de las tasas más altas de adquisición de COVID- 19 y los peores resultados clínicos en estos grupos.

Se requiere la participación de la comunidad para abordar la desconfianza en la investigación y la renuencia a participar en ensayos clínicos. Los proveedores de atención médica, los científicos, los líderes comunitarios y los formuladores de políticas pueden trabajar para fomentar la participación.

La lucha contra el VIH demostró la necesidad de una combinación de intervenciones para reducir nuevas infecciones y reveló la falsa dicotomía entre tratamiento y prevención.

Con el tiempo, se vieron avances en el tratamiento y ahora hay más de 30 medicamentos antirretrovirales; «ni esta cartera existirían si hubiéramos detenido después de los estudios iniciales» comenta el profesional. La inversión en medicamentos contra el VIH ha dado lugar a importantes reducciones en las nuevas infecciones, una mejor calidad de vida para las personas con la enfermedad y una menor mortalidad, a pesar de la falta de una vacuna.

«El VIH también nos ha enseñado que el momento de una intervención durante el curso de la enfermedad puede ser fundamental para su impacto terapéutico -continuó-; retrasar el tratamiento debido a la magnitud de la inmunodepresión provocó enfermedades y muertes innecesarias. Este principio es clave para abordar el COVID- 19, dada la posible contribución de una respuesta hiperinmune a la gravedad y duración de la enfermedad. Se necesita una intervención temprana para prevenir la adquisición de COVID- 19 o la progresión de la enfermedad antes de que ocurra la participación de múltiples órganos”, concluyó.

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