Cultura

Manuel Ángeles Ortiz, aquel granadino que «solo sabía pintar» brilla en la sala Zaida

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Manuel Ángeles Ortiz (1895-1984) vivió probablemente la existencia que Lorca pudiera haber disfrutado si no le hubieran matado aquella madrugada de agosto del 36. Compañero de juegos de Federico, era uno de sus inseparables en aquella década de los ‘locos años 20’ que ahora va a comenzar a contar su primer siglo. Tenía un talento innato para pintar, pero también una bondad natural que le granjeó no pocas amistades. De una de esas muchas, la que le unió con Manuel de Falla y Lorca, sí, pero también con otros elementos de la Granada artística de hace ahora un siglo, da buena cuenta la exposición ‘Él solo sabe pintar’, que tras el periodo de cierre forzoso, reabrirá el día 11 en la céntrica Sala Zaida de Fundación Caja Rural Granada.

Comisariada por el experto José Vallejo y organizada por la Fundación Archivo Manuel de Falla, esta muestra parte de una anécdota que tuvo lugar en 1919 o 1920, cuando Lorca, deseoso de conocer al gran compositor por entonces recién llegado a Granada, se acercó a Manuel de Falla y le dijo: «Don Manuel, yo soy Federico García Lorca y este es mi amigo Manuel Ángeles Ortiz. Yo escribo versos y toco el piano; él solo sabe pintar». Tal introducción debió hacer gracia al maestro, de tal manera que los tres intervinientes se convirtieron en amigos hasta la muerte del músico, los últimos años con la lógica distancia impuesta por el exilio argentino de Falla.

Como afirma José Vallejo, el discurso histórico de la muestra, que incluye más de un centenar de piezas, comienza con la llegada del artista a Granada y su primera exposición en 1915. Entre ese año y 1922, cuando tiene lugar el Concurso de Cante Jondo, los periódicos de la época dan cuenta de la presencia del pintor en la vida cultural de la ciudad. En la vitrina correspondiente a esta época, aparece una postal dedicada a Falla por el artista y Lorca, así como fotografías que le muestran joven. También aparece una crítica, muy bella, de Miguel Pizarro, aquella «flecha sin blanco» del cariñoso mote lorquiano, correspondiente a aquella primera exhibición de su obra.

Modelo

Poco conocido es el hecho de que la estatua humana que aparece en el monumento alhambrino en memoria de Ángel Ganivet, obra del escultor Juan Cristóbal, tiene a Manuel Ángeles Ortiz como modelo. Ello indica la importancia del artista en ese círculo artístico granadino, tanto como su presencia en la famosa serie de fotografías que simula un ritual masónico en la que participan Lorca y otros amigos, donde el pintor tiene un papel fundamental.

De esa primera época anterior a su primer viaje a París es un retrato pequeño, delicioso, de Paquita, su mujer, prematuramente fallecida, al parecer, a consecuencia de las complicaciones derivadas del parto de su hija Isabel Clara. Junto a su efigie, dos cuadros de Carazo, compañero en las lides artísticas, donde se percibe la influencia del uno en el otro.

Esa misma influencia se comprueba al confrontar obras de Ortiz con las de Hermenegildo Lanz, en esa especie de juego que guía al espectador hacia el periodo de esplendor cultural que supuso la Edad de Plata en Granada. Comenta José Vallejo que «aunque no está comprobado, es posible que Lanz y Ortiz fueran compañeros de excursiones».

Otro personaje clave que aparece en esa época es Melchor Almagro San Martín, quien en una divertida carta le cuenta a un amigo cómo fue el bautizo de Isabel Clara, con Federico como padrino. En un momento determinado, comenta jocosamente los esfuerzos del joven poeta para infundir en la pequeña cristiana los preceptos evangélicos. Alguno de los presentes apeló entonces a la necesidad de regalarle un ‘Ripalda’ –catecismo vigente en la época– a Lorca para que se instruyera primero antes de catequizar a la niña. Luego, en otra carta, cuando ya ha fallecido Paquita, Hermenegildo Lanz contará a Ortiz, ya en París, cómo crece su hija, lo simpática que es, y que «no se asusta de mi bigote, aunque si es preciso, por ella, me lo afeito».

Caldo de cultivo

Todas estas pequeñas bromas y cariñosas contaminaciones dan idea del ambiente de aquel momento, caldo de cultivo idóneo para obras de arte de primer nivel en los más diversos campos. Manuel Ángeles Ortiz nunca dejó de lado la conexión con su tierra, y con los materiales que le inspiraron, con una especial predilección por la cerámica de Fajalauza, presente en la tumba de su querida esposa y en muchos de sus trabajos, siendo el más conocido de ellos el que se encuentra en el mirador de Melisendra, en el Auditorio Manuel de Falla.

El papel fundamental que ocupa Manuel Ángeles Ortiz en la organización del Concurso de Cante Jondo es reconocido en una vitrina especial donde el artista aparece con la artista ‘La Salvaora’ y donde se puede observar uno de los bocetos que condujeron al cartel del Concurso, encontrado por Vallejo en el Archivo Histórico Municipal, así como el propio cartel, que se muestra igualmente, procedente del archivo de Juan de Loxa y cedido por la familia. «No tengo muy claro si existe otro», afirma Vallejo, lo que otorgaría un extraordinario valor a la obra expuesta.

Otro de los trabajos en común con Falla fue la realización de las escenografías y figurines para las representaciones de ‘El retablo de Maese Pedro’ en París, Ámsterdam y Sevilla. Ortiz compartió responsabilidad con Picasso, y una de las principales piezas de la exposición es la carpeta de Picasso con esos figurines, que se expone por primera vez, según recuerda el comisario. Igualmente curiosos son los nueve figurines para la ópera de marionetas ‘Genoveva de Brabante’ de Erik Satie. Acompañándolos, unas marionetas griegas llamadas karagiosis, llegadas al Archivo Falla hace unos años como cesión de la familia de Manuel Ángeles Ortiz, y que sirvieron como modelo a la hora de crear el movimiento de los títeres usados en ‘El retablo’.

La muestra hace un recorrido certero por la trayectoria del pintor, que era además un excelente escritor, cantaba ópera e incluso hizo sus pinitos como cantante flamenco durante el Concurso, con gran enfado de Federico, que decía que el músico era él. En definitiva, un ser único que este recorrido emocionante nos acerca.

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