Cultura

«Me llevo bien con la silla de ruedas, es mi hermana»

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María Jiménez ha vuelto casi dos décadas después al estudio de grabación, el lugar donde se siente «la mujer más feliz del mundo». A sus 70 años sigue fiel a sí misma, a su voz, a su desgarro, a su descaro y a ese odio africano que, con fervor casi religioso, profesa a su difunto exmarido. La sevillana lanza el disco ‘La vida a mi manera’. «Yo no soy la que mejor lo canto, pero soy la que mejor lo cuento», proclama.

– Como que la comparan con Chavela Vargas.

– Ay, no. No quiero parecerme a esa señora, que era ‘mú’ fea. Prefiero ser como Bambino pero con tetas. También me comparan mucho con Édith Piaf. Yo he arrastrado mucha vida. Pero he tirado pa’lante con fuerza.

– «Lo que perdí ya lo lloré», dice en una canción. ¿Es así?

– No. En eso el corazón sigue abierto. Sigo llorando muchas horas del día, pero hacia dentro. Le lloro a la pérdida de mi hija. A nada más.

– ¿Al amor perdido no?

– Al amor perdido lo que hay que hacer es enterrarlo.

– ¿Cuántas veces ha resucitado?

– Yo creo que solo esta. Pero, bueno, si te refieres a salir de situaciones difíciles, he resucitado más de veinte veces.

– ¿Ahora se siente inmortal?

– Eso es de tontos o locos. Me siento con más ganas de vivir. Yo le pregunté al médico: ¿Cuánto tiempo he estado dormida? Me contestó: tres meses. Y le dije: pues el sueño esta noche no sé si lo voy a coger, je, je…

– ¿Y cómo lleva la soledad?

– Acompañándola. La soledad va siempre conmigo. Yo he estado toda la vida sola.

– Pues estuvo casada muchos años.

– Sí, pero sola. Así de sencillo. La soledad compartida es la peor que hay. Y yo eso lo he sentido toda la vida. Hace muchos años que me hice amiga de mi soledad.

– En la canción ‘Marioneta’ dice haber salido al escenario con el alma muerta…

– Muchísimas veces, hija. En la época de casada precisamente. Y eso duró 22 años.

– Con su temperamento, ¿qué le impidió reaccionar?

– Los llantos del contrario. O sea, la manipulación.

– Vamos, que si volviera a nacer no se volvía a casar con Pepe Sancho.

– Por supuesto que no. ¡Lo fumigaría, lo fumigaría y lo fumigaría! Como se hace con los mosquitos.

– ¿Hay que haberse roto por dentro para cantar bien?

– Desde chica canto con un sentimiento muy especial. Pero es que el hambre ya me había roto.

– ¿Hay que emborracharse muchas noches para cantar bien?

– También, también. Ha habido de todo un poco.

– ¿Y ahora se lleva bien con la silla de ruedas o la maldice?

– Me llevo muy bien. La silla es una hermana que me hace falta, ¿cómo la voy a maldecir?

– ¿Le agobia esta época de restricciones?

– Me encerré antes de que nos encerraran y estoy tranquilita. Tengo una casa muy amplia.

– ¿Se pondrá la vacuna cuando esté disponible?

– ¡Yo no! A mí no me meten un bicho en el cuerpo estando sana. Cuando se la ponga mucha gente y yo vea que siguen pa’lante, entonces a lo mejor me animo. Pero a ver quién se pone el primero en la cola… ¡Que se pongan los ministros!

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