Negocio

Naturgy afina el nuevo plan estratégico con más ventas y la apuesta por T Solar

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Las grandes compañías energéticas están revisando las entrañas del negocio para ver qué falta y qué sobra ante un futuro  marcado por el despliegue de las renovables y la descarbonización. Naturgy también. La compañía afina el plan estratégico que quiere presentar en el mes de febrero con dos puntales: proseguir con las ventas de activos y afirmar los pies en las energías limpias. Naturgy es  finalista en la puja por T-Solar abierta por el fondo estadounidense I-Squared. La carrera por controlar la compañía especializada en la construcción y explotación de centrales fotovoltaicas y termosolares la iniciaron nueve empresas. Quedan tres, Naturgy,  la china Three Gorges -accionista de EDP- y el fondo canadiense de pensiones CPPIB.

La puja por T Solar es fuerte. Se abrió con 1.500 millones, una  cantidad que fuentes de la compañía que preside Francisco Reynés consideraron en su momento demasiado elevada. Desde entonces, la compañía ha engordado la caja con las primeras ventas de activos importantes en Chile y Egipto y se ha desprendido del peso que suponían los grandes contratos de suministro acordados con Argelia. Todo en un contexto desfavorable. En los nueve primeros meses, Naturgy perdió cerca de la mitad de los beneficios por la caída de la demanda

El plan que afina Reynés con directivos fichados para tomar posiciones en las renovables –caso del expresidente de X-Elio Jorge Barredotiene que confirmar tres puntos adelantados en los últimos meses desde la cabina de mando del grupo: que la empresa seguirá ofreciendo una rentabilidad atractiva a los accionistas; que la apuesta por las energías limpias es seria y que la decisión de sacar el máximo partido a activos no estratégicos no se limita a operaciones menores en Moldavia, Sudáfrica, Colombia o Kenia. 

Los grandes inversores

Bajo la atenta mirada de los grandes inversores que controlan un 40% de la compañía (los fondos CVC y GIP), el nuevo plan de Reynés debe asegurar el dividendo prometido en 2021 y 2022 – 1,51 euros y 1,59 euros respectivamente- y mantener una senda  atractiva en los ejercicios siguientes. Con el plan de eficiencia prácticamente hecho, menos estructura y un menor perfil de riesgo tras la renegociación de los grandes contratos de gas, la sensación en el mercado es que la compañía se prepara para algo importante. 

Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy

En lo inmediato, la estrategia pasa por participar en el baile  renovable. En palabras del propio Reynés: “Ha llegado el momento de aprovechar las oportunidades que brinda la transición energética”. Dispone de mayor liquidez tras la venta de la venta de la filial chilena CGE a China State Grid (SGID)  por 2.570millones y tras el cierre del pleito de Egipto por el que ingresará otros 750 millones. Con menos deuda -la operación chilena alivia 4.000 millones-,sobre el papel está preparada para afrontar la etapa agitada que se anuncia en el sector.

La llegada de Reynés a la compañía gasista en 2018 y la estrategia que aplicó de inicio, centrada en el ahorro de costes, la venta de activos de rentabilidad poco clara y la atención a los grandes accionistas alimentó la idea de una posible venta de la compañía a futuro. La hipótesis ha perdido fuelle. La empresa, recuerdan en la compañía, no ha dejado de invertir en planes a futuro.

Inversión en redes

A principios de año, Naturgy  redobló su apuesta en Panamá con una inversión de más de 750 millones de euros  en las redes de distribución para los próximos diez años. Fue la primera gran inversión en el extranjero de la etapa de Reynés y la segunda de peso si se considera el aumento de participación hasta el 49% de la compañía en el gasoducto Medgaz tras alcanzar un acuerdo con el fondo soberano de Abu Dabi Mubadala el pasado año.

El plan que Naturgy presentará en febrero, coincidiendo con los resultados del ejercicio 2020 será el punto y seguido de Reynés, que ha revolucionado la compañía a la que cambió el nombre nada más llegar. En apenas un año aceleró la salida de personal -hoy cuenta con 4.000 empleados menos-; devaluó activos vinculados a la generación tradicional con gas y carbón, una decisión seguida después por todos los grandes grupos; redujo el consejo de administración y simplificó toda la estructura societaria. De paso, despertó todos los recelos ante un posible desmantelamiento y venta de la empresa que todavía cuenta como gran accionista con Caixabank (24,8%). En febrero, toca despejar dudas.

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