Negocio

Naturgy vende activos para disponer de liquidez en el baile de las renovables

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Objetivo, engordar la caja. Naturgy ha dado un paso más en el proceso de venta de activos impulsado desde 2018 por el nuevo presidente del grupo energético Francisco Reynés bajo la mirada, atenta, de los grandes fondos CVC y GIP (suman el 40% de las acciones) que lo acompañan desde su etapa en Abertis. La venta de la filial chilena de redes Compañía General de Electricidad en Chile (CGE) a la empresa estatal China State Grid (SGID) engrosa la caja de la compañía en 2.570 millones, que se destinarán a participar en el baile de operaciones corporativas de la transición energética. La operación se ha cerrado en paralelo a la renegociación de contratos de suministro de gas por parte del grupo y elimina, además, 4.000 millones de deuda de su balance. Naturgy mantiene en Chile los negocios de gas y de renovables.

“Ha llegado el momento de aprovechar las oportunidades que brinda la transición energética” aseguró Reynés en una conferencia de prensa en la que enmarcó la operación en Chile en una estrategia de compras y ventas de activos para lograr más rentabilidad. Dio las pistas justas. A la espera de los planes que serán desvelados en febrero, el primer ejecutivo de Naturgy se limitó a señalar que piensa invertir en países “con monedas fuertes y menos volátiles y con marcos regulatorios estables, para evitar sustos”. En general, en renovables y en redes eléctricas, pero siempre  en línea con el proceso de transición energética.

De momento, nada que decir sobre operaciones concretas. Naturgy suena como posible comprador de T-Solar, el antiguo negocio fotovoltaico de Isolux Corsán y ahora propiedad del fondo I-Squared. T- Solar, con medio centenar de instalaciones fotovoltaicas y termosolares en España (237 MW). T-Solar encaja en las apetencias de la compañía. Pero según la gasista, que cuenta entre sus ejecutivos- ojeadores con el expresidente de XElio, Jorge Barredo, fichado este año, se trata sólo de un rumor.

Compromisos y dividendo

En todo caso, el presidente de la compañía desvincula la estrategia de compras y ventas de activos del compromiso que asumió en 2018 para repartir hasta 9.000 millones de euros en cinco años. Las operaciones, asegura, “no se hacen para cambiar la política de retribución al accionista, que fue fijada en 2018 para cinco años y que estamos cumpliendo de forma estricta”.

Reynés llegó en 2018, cambió el nombre de la sociedad de Gas Natural a Naturgy y revolucionó la  compañía. En apenas un año aceleró la salida de personal -hoy cuenta con 4.000 empleados menos-;  devaluó activos vinculados a la generación tradicional con gas y carbón -una decisión seguida después por todos los grandes grupos-; redujo el consejo de administración y  simplificó toda la estructura societaria. De paso, despertó todos los recelos ante un posible desmantelamiento y venta de la empresa que todavía cuenta como gran accionista con Caixabank (24,8%).

Francisco Reynés, presidente Ejecutivo​ de Naturgy

Acompañado en el accionariado por los fondos CVC y GIP, buenos conocedores de su gestión en Abertis, Reynés ha profundizado en la estrategia de ventas de activos no estratégicos de Naturgy. En dos años, Naturgy ha vendido posiciones en Italia, en Kenia, en Sudáfrica, en Colombia, en Moldavia y ahora en Chile. Sólo en el primer año de Reynés en la compañía, las ventas de activos rondaron los 2.800 millones, incluida la venta de parte de  las redes de gas de la filial Nedgia.

Entonces se trataba de soltar lastre, ahora, asegura la empresa, el enfoque es otro. Los 2.570 millones de la operación chilena, con una plusvalía de 400 millones, no se destinarán a reducir deuda o a asegurar el dividendo prometido a los grandes inversores. El plan consiste en entrar en una nueva fase de compra y venta de activos renovables en países seguros, sin descartar EE UU, para aprovechar las oportunidades de negocio de la transición energética.

Demanda y precios

El tercer año de Reynés en Naturgy ha estado condicionado por la pandemia, la caída de la demanda de gas y el derrumbe de los precios. Hasta septiembre, la compañía obtuvo un beneficio neto de 490 millones de euros. La cifra supone una caída del 45,6% con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Pese a los malos resultados, la empresa mantiene los objetivos previstos, incluida la inversión en renovables, apoyada en las previsiones de mejora en el último tramo del ejercicio.

El grupo intenta capear el temporal apretando el cinturón y revisando los contratos de suministro. Hasta la fecha ha renegociado compromisos que suponen más del 50% de los volúmenes negociados. Además del logrado con Sonatrach -con apoyo del Gobierno Sánchez- espera nuevos acuerdos antes de final de año. Esa mejora de las condiciones de aprovisionamiento de gas, junto con la recuperación de la demanda son la luz al final del túnel que espera para enderezar un ejercicio más que complicado.

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