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Ni precios más bajos ni más audiencia: el paisaje tras la batalla del IVA cultural

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Hace poco más de un mes la Federación de la Música de España se reunió con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para solicitar al Gobierno una rebaja del IVA de la cultura desde el tipo reducido del 10% en el que se encuentra ahora hasta el superreducido del 4% que se reserva para los bienes de primera necesidad como medida transitoria para compensar el impacto sobre el sector de las restricciones de aforo impuestas para contener la propagación de la Covid y como estímulo para reanimar el consumo de espectáculos culturales por la población. La asociación insistió en la histórica reclamación sectorial de tributar a la cultura el tratamiento de ‘bien esencial’ y advirtió de que sin respaldo fiscal muchas empresas se verían obligadas a cerrar y muchos artistas se quedarían sin empleo.

Es muy probable que a la fecha de esa reunión, la ministra de Hacienda ya conociera las principales conclusiones del estudio que el ‘think tank’ del Ministerio, el Instituto de Estudios Fiscales, acaba de publicar sobre los efectos de las sucesivas rebajas del IVA de los espectáculos culturales que se operaron entre 2017 y 2018, y que llevaron desde el 21% al 10% el tipo de IVA aplicable a las artes escénicas, conciertos, circo y espectáculos taurinos, en primera instancia, y de las entradas del cine, en segundo término. El informe concluye, entre otras cosas, que la rebaja de los impuestos a la cultura solo se trasladó a las tarifas establecidas por los empresarios en una pequeña parte y que si bien sí sirvieron para estimular la demanda de la población que ya consumía este tipo de espectáculos, fracasó a la hora de acercar la cultura a la base de población que no frecuenta este tipo de actuaciones.

El estudio, firmado por los investigadores Ignacio Moral-Arce y Miguel Gómez-Antonio, cuestiona la eficacia de la medida como incentivo para extender el consumo de cultura entre la población y subraya que para conseguir ese objetivo el mejor camino sería la concesión de subvenciones directas a determinados colectivos, antes que una ayuda fiscal de la que se beneficia de manera general toda la población. “Los subsidios directos son más adecuados para estimular el acceso a la cultura de ciertos grupos de población como estudiantes, pensionistas o desempleados. Si, por el contrario, el objetivo es potenciar el sector cultural quizá otro tipo de políticas públicas con un objetivo definido serían más deseables”, aseguran los autores, para los que la utilización del IVA para estimular el consumo de espectáculos culturales choca con el principio de justicia.

Montoro tenía razón

El asunto sin embargo desencadenó en su momento una lucha encarnizada, que no sólo provocó un choque frontal entre el sector de la cultura y el Gobierno de Mariano Rajoy sino que agrietó al propio Ejecutivo, escindido entre el respaldo a la rebaja fiscal del Ministerio de Educación y la resistencia a la medida del Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro. Entonces se habló de ‘la guerra del IVA cultural’ y sólo el posicionamiento favorable de Ciudadanos al respecto y la necesidad perentoria de apoyos políticos del Gobierno del Partido Popular para sacar adelante los Presupuestos de 2017 y 2018 consiguieron doblegar la oposición de Montoro, especialmente contrario a la rebaja del IVA del cine.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ayer en el Congreso.

La negociación para rebajar el IVA del cine del 21% al 10% a lo largo de 2018 fue especialmente dura y el ministro de Hacienda de Rajoy sólo cedió tras arrancar a los exhibidores el compromiso de que trasladarían la bajada fiscal a los precios de las entradas. Luego vino la moción de censura, el cambio de Gobierno y la aplicación efectiva de la medida dentro del proyecto de Presupuestos de 2018 por el Gobierno de Pedro Sánchez, que había apoyado desde la oposición esa rebaja fiscal.

El informe publicado por el Instituto de Estudios Fiscales confirma las sospechas de Montoro. Los productores de espectáculos culturales no trasladaron el efecto de la rebaja fiscal a los precios más que en un pequeño porcentaje que oscila entre el 25% y el 50% de media y que alberga una gran diversidad de situaciones. La danza y los conciertos musicales fueron los espectáculos en los que más se redujo el precio tras la rebaja fiscal; en el teatro y la ópera el ajuste en la taquilla fue algo más moderado; mientras que en las salas de cine, éste fue imperceptible, según los datos del estudio. 

Efecto imperceptible sobre el consumo de cultura

Los autores encuentran que la rebaja del IVA del año 2017 tuvo un efecto significativo al incrementar la afluencia del público ya fidelizado a los espectáculos culturales e incluso logró ensanchar en alguna medida la base de familiar consumidoras de productos culturales. No encuentran la misma evidencia para la rebaja del IVA del cine en 2018, que sí impulsó la asistencia de los habituales pero no logró atraer a las salas a nuevo público.

Los autores se muestran taxativos a la hora de asegurar que rebajar el IVA no es ni mucho menos la mejor opción para estimular la asistencia de público a los espectáculos culturales. “No es posible dar una definición global de actividad artística o cultural, el sector de las artes es muy innovador y ceñir la definición de actividad artística a un listado hace que rápidamente quede desfasado, dando lugar, en ocasiones, a numerosos contenciosos para determinar si un determinado bien y servicio se considera cultural a efectos de IVA”, aseguran. Y no sólo la litigiosidad que puede generar es un problema, también lo son las distorsiones que puede crear sobre el cumplimiento de las obligaciones fiscales, ya que son estímulos más difíciles de controles que las subvenciones directas.

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