Cultura

«Nos quejamos porque miramos el presente con los anteojos de la España negra»

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Nuestro país no se encuentra al borde del desguace ni se ha reducido a la condición de abstracción o trámite legal, en palabras de Fernando García de Cortázar. «Nos avergonzamos de nuestra historia porque no la conocemos y nos quejamos del presente porque miramos las cosas con los anteojos de la España negra. En ‘Y cuando digo España’ trato de enmendar esa visión negativa e invitar a los lectores a conocer los logros de una nación apasionante. Los historiadores debemos ser optimistas y pensar que cualquier tiempo pasado fue peor; pero los que siempre exigimos a la política un comportamiento ético no podemos estar contentos de nuestro presente. Y la imagen que ofrece la sociedad española es la de una sociedad narcotizada, espantada ante la gigantesca catástrofe económica y política que nos ha caído encima».

El autor hablará hoy de nuestro devenir, la geografía y la actualidad del país en un encuentro online del Aula de Cultura de IDEAL que tendrá lugar a partir de las 20.00 horas y que podrá seguirse en www.ideal.es. En el evento también tomará parte José Domingo, presidente de Impulso Ciudadano. El acto cuenta con el apoyo de esta entidad y Arzalia Ediciones, y la colaboración de Fundación ‘la Caixa’.

El ascenso del populismo en España ha sido el fenómeno más descollante de la política durante la última década, cuestión que también analiza el historiador en su última obra. A su juicio, no evidencia el fracaso de los partidos que gestionaron el país desde la Transición. «Al contrario, confirma la ‘bondad’ del bipartidismo imperfecto responsable de los mejores años de nuestra reciente historia, en los que se pedía una mayor solvencia a los que pretendían gobernar», aduce, y señala que la emergencia de estas corrientes de derecha e izquierda «es fruto directo de la pérdida de densidad intelectual, de las simplificaciones de la procacidad abreviada del discurso y del acaloramiento del líder». El conferenciante califica a los partidos de tal cariz de «proyectos atestados de arrogancia, como si la voluntad de poder y el deseo de imposición fueran el equipaje intelectual más convincente para afrontar nuestros problemas».

Respecto a la violencia de ETA, el autor de ‘Breve historia de España’, uno de los grandes éxitos editoriales de la historiografía, dice que hay un deseo evidente de no mirar atrás, impulsado por el nacionalismo vasco. «Por eso son tan importantes las películas de Iñaki Arteta, documentales sobrecogedores, de obligada visión terapéutica en un tiempo en el que la mentira y el olvido pugnan por enterrar la verdad de lo ocurrido, un tiempo en el que la memoria amputada sustituye a la justicia negada, un tiempo en el que se nos presenta como ideal una obscena confraternización entre los terroristas y sus víctimas. ¿Alguien se imagina a Eichmann en un congreso sobre memoria y convivencia?».

El apoyo de supuestos colectivos religiosos a Mikel Azpeitia, expárroco de Lemoa que justificó la acción de ETA como respuesta de un pueblo reprimido, es también cuestionado por García de Cortázar. «¿Por qué no se han preocupado los periodistas en averiguar cuántos sacerdotes se encuentran detrás de esos colectivos durmientes que ahora parecen resucitar emboscados en el completo anonimato de sus integrantes?», se pregunta.

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