Política

Paul Buchet: «Una nueva constitución con o sin Dios?»

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El general Pinochet promulgó la Constitución del 80 invocando a Dios. La constitución colombiana, peruana y la de otros países latinos americanos invocan también la protección de Dios para su Constitución. La canadiense empieza la suya estableciendo la supremacía de Dios por sobre todos los derechos. Distinta, la norteamericana declara en su primera enmienda no privilegiar ninguna religión. Cuando se organizó constitucionalmente la Comunidad europea, el papa Juan Pablo II lamentó que no se hiciera referencia a Dios. En la constitución española, Dios dejó el lugar al Rey; la francesa, fue tan laica que llegó hasta prohibir todo símbolo religioso en los edificios públicos.

En un país como Chile, a pesar de tener una gran mayoría de censados: que se declaran “creyentes”, se ve difícil que se nombre el nombre a Dios para promulgar la próxima nueva constitución. La “laicización” del país no es nueva. Chile ha sido siempre la republica más secularizado de América Latina y, últimamente, esta postura se reforzó progresivamente dejando de privilegiar la Iglesia católica que se había prestigiada por su resistencia a la dictadura militar pero que las corrupciones en su clero desacreditó.

Los creyentes pueden lamentar que no se “santifique” el nombre de Dios al redactar un acto tan fundamental como la constitución de su país sin embargo esta omisión puede encontrar explicación porque Dios no es, de ninguna manera. ”santificado” por los vicios que aparecen en las religiones, además la multiplicación y las divergencias de las instituciones religiosas traicionan la verdad de Dios que no merece ser tironeado entre todas las verborreas teológicas. Se hace un uso perverso de Dios cuando se lo utiliza para competir entre religiones, cuando lo tienen por autoritario y temible, cuando lo invocan como salvavidas o tapa hoyos. Los cristianos chilenos rivalizan por unos “Te Deum” una vez al año pero se conforman el resto del año recluyendo a Dios cada una en su ámbito particular. Esta reclusión de Dios es vergonzosa.

Como no hay mal que por bien venga, se puede esperar que este silencio público produzca un efecto positivo y recupere la autenticidad de Dios en las consciencias cristianas y que algún día nuestros descendientes devuelven a Dios su reconocimiento en la sociedad.

La manera de volver a conectar nuestros contemporáneos con Dios en tiempos de crisis es de abrir una reflexión en los temas culturales más “profanos”. El desafío de la evangelización empieza allí. La clase obrera se “perdió” antaño por unos discursos religiosos obsoletos, hoy día, se va “perdiendo las nuevas generaciones por el desfase de las religiones. Aún si no se puede nombrar a Dios en los cambios de Constitución se puede preparar una nueva inteligencia de la fe que posibilitará la reposición futura de Dios en los asuntos humanos.

Las doctrinas sociales tradicionales de la Iglesia quisieron enseñar cómo tomar en cuenta a Dios en las tareas humanas pero si, ayer, los catecismos hacían preguntas y ellos mismos daban las respuestas, hoy día, es todo lo contrario: ni se pregunta, sólo se adoctrina y… se ve el resultado. Es necesario abrir espacios donde los cristianos laicos pueden cuestionarse a sí mismos y expresar su creer para su vida seglar. La fe, en este mundo en crisis, es toda una aventura. Se presenta como la travesía de una selva tupida. Abrir camino de fe para sí mismo y para los demás no puede hacerse de otra manera sino a través de un dialogo esforzado de cristianos decididos. Dejando en suspenso las referencias doctrinales teóricas, se indagará las vivencias más terrenales para encontrar las motivaciones fundamentales que tienen para captar las resonancias que se encuentran de Dios en ellas. Compartir estas las referencias de fe aportará luces para la evangelización del mundo.

A modo de ejemplo, se puede adelantar unas reflexiones para algunos temas de actualidad.

La Libertad es una demanda especial de nuestros contemporáneos. Es una demanda mal gestionada por las religiones que la reprimen con una moral autoritaria. Para un joven frustrado de sus carretes, para una pareja poca convencida de casarse, para un anciano confinado en su departamento, la libertad tiene matices muy particulares. Muchos la perciben en su vida personal de manera negativa, cómo un libertad perdida y reclamada todo lo contrario a una realización personal original, una vida sin prohibiciones, hasta con adrenalina y desenfreno…No es común pensar la libertad vivida en algunos gustos que se dan, unos momentos de alegrías, algunas oportunidades, algunas decisiones, algunas realizaciones. Es importante partir dialogando entre cristianos de estas vivencias propias para darse cuenta de ellas y de su importancia… formarse unas nuevas percepciones, nuevas perspectivas y decisiones para guiar su vida. Si en este trabajo grupal se busca explicaciones y motivaciones que refieren a Cristo y su evangelio, entonces con la libertad de los hijos de Dios se podrá empezar a evangelizar.

Otro tema importante caliente es la Política. Si uno es de derecha, si uno es de izquierda o de centro o si está en contra de toda política, que se pregunte de donde provienen sus opiniones ¿Somos capaces, entre cristianos, de dar explicaciones profundas de nuestras posturas políticas? ¿Somos capaces de escuchar a los demás en sus planteamientos? Se puede dar razones de la economía, del Bien común , de la libre iniciativa, del progreso tecnológico…. No se trata de discutir explicaciones de especialistas sino de compartir las motivaciones personales que sustentan cada toma de posición ¿Se podrá encontrar puntos de encuentro y algunas referencias cristianas aun cuando se disiente politicamente? Este dialogo es imprescindible si uno quiere evangelizar el quehacer político. Es todo un desafío…sobre todo cuando no somos capaces de mantener un diálogo interreligioso entre cristianos…” que sean unos para que el mundo crea” decía Jesús.

La crisis del coronavirus que vive el planeta proviene de una causa que no es de responsabilidad primordialmente del ser humano, por esto, se plantea como un cuestionamiento especial. Las religiones tienen explicaciones mitológicas por las que ocurre fortuitamente. Lo explican por la condena del pecado de Adán, los misterios de la voluntad de Dios o la fatalidad de la vida…No muchos cristianos se abren para lograr una mejor inteligencia de lo que ocurre, prefieren pedirle pronto a Dios su ayuda pero este recurso fácil deja a Dios incomprensible. ¿Cómo se puede evangelizar en tiempo de pandemia si no se logra una mejor comprensión de los designios de Dios para los hombres en lo que ocurre? Los que optan por ponerse al servicio de las necesidades apremiantes como el personal hospitalario, los organizadores de comedores populares, los políticos, los funcionarios de todo tipo, ¿Qué pueden decir? – Que Dios, también, construye su Reino por ellos en las mismas tareas humanas, que el mundo evoluciona en una autonomía que es todo un desafío para los hombres y que es para reforzar el empeño humano que Dios se hizo hombre…- ¿No será tiempo de organizar grupos de médicos, de enfermeras, de parroquianos, de laicos que puedan expresarse con toda libertad dando este tipo de explicaciones de fe? Por seguro que darán mejores testimonios que los que se oyen en los pulpitos de las iglesias.

Son muchos los temas que deberán tratar los constituyentes para redactar una nueva constitución. Las numerosas religiosidades que se publican en las redes sociales difícilmente abren reflexiones en esos temas. El silencio de Dios fuera de las iglesias hace recordar la advertencia de Jesús en Lucas 19,39-44 : “Les digo que si éstos callan, gritarán las piedras”.

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