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«Queremos trabajar, las ayudas son irrisorias, estamos muertos de verdad»

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La hostelería endurece su mensaje: «Queremos trabajar, las ayudas son irrisorias, estamos muertos de verdad». Los empresarios y trabajadores del sector estaban convocados a las 11 en el Triunfo, con la idea de recorrer el eje Gran Vía-Recogidas y poner punto y final a su segunda manifestación en ocho días junto a la gasolinera de Neptuno. Pero la cabecera se salió del recorrido y avanzó hasta la salida a la Circunvalación. Una vez allí dio otro paso al frente hasta quedarse al borde de la autovía. «Queremos cortarla», dijeron a los agentes de la Policía. Veinte minutos después, los manifestantes ya habían detenido el tráfico la Circunvalación en sentido Jaén.

La del hostelero tumbado sobre el asfalto de la A-44 como símbolo de la «muerte» del sector es ya una de las imágenes destacadas en el álbum de la pandemia del coronavirus en Granada. La Covid-19 les impide abrir y ellos –bares, restaurantes, guías, hoteles, agencias de viajes, distribuidores y hasta locales de estética que ayer se sumaron a la marcha– lo acatan y comprenden. Pero a renglón seguido exponen que el sector que ‘da de comer a Granada’ también tiene que alimentarse, y son las administraciones –Gobierno, Junta y Ayuntamiento– las que deben otorgar ayudas directas para sostener a las alrededor de 15.000 personas que viven de estas empresas en la provincia.

Dispositivo especial de Policía en Granada para controlar las concentraciones del fin de semana

Así lo gritaron 5.000 personas, según fuentes de la Policía Local, en la manifestación que ayer obligó a cortar el principal eje del Centro y, durante media hora, la circulación de la A-44 en sentido Jaén. Tras ellos circularon 55 furgones y coches de distribución –agua, helados, cervezas– que completaron con sus bocinas la partitura de golpes de cacerola, petardos y trompetas.

Al inicio de la marcha, en el Triunfo, sólo los convocantes barruntaban entrar en la autovía, decisión que no confirmaron hasta el último momento. El presidente de la FederaciónProvincial de Empresas de Hostelería yTurismo, Gregorio García, lanzó ante los medios el tercer ultimátum en lo que va de curso. Insistió en que sólo quieren trabajar, calificó de «irrisorias» las ayudas de la Junta de Andalucía y volvió a advertir de que las empresas «están de verdad muertas».

Pagan impuestos, seguros sociales, alquileres y, según García, las ayudas prometidas para compensar estos gastos son «insuficientes» y no tendrán acceso a ellas los autónomos que hayan declarado el cese de la actividad. En su cuenta, los números no cuadran. Las ayudas comprometidas por la Junta suman 660 millones, de los cuales 215 corresponden a compensaciones directas. Estiman que de ese dinero a cada empresa le llegarán, como mucho, unos mil euros. «¿Se imaginan si diputados y presidentes no cobraran? ¿Si les quitáramos el coche oficial o el sueldo?», preguntó García.

Zona catastrófica

En la manifestación hubo representación política. Asistieron, hasta la Plaza del Carmen, el alcalde, Luis Salvador y el concejal de Seguridad Ciudadana yMovilidad, César Díaz. Ante el regidor se ‘tumbó’ en Reyes Católicos uno de los manifestantes. Salvador incidió ayer en su petición:quiere que se declare a Granada como «zona catastrófica» para tener acceso a ayudas, ya que es la «única capital andaluza en situación de cierre absoluto de la actividad». Díaz subrayó que no es tiempo de «subvenciones ni descuentos», sino de «ayudas directas como las que ha propuesto el gobierno andaluz». A diferencia de las dos manifestaciones anteriores, ayer no salieron a atender a los convocantes ni el delegado de la Junta, Pablo García, ni la subdelegada del Gobierno, Inmaculada López Calahorro.

La protesta fue una muestra de presión a dos días –mañana– de que la Junta decida si prorroga las restricciones en Granada. Gregorio García las comprende: «Si los hospitales están saturados tenemos que aguantarnos y seguir así, tenemos que ser solidarios». Pero empresarios y trabajadores piden un par de medidas de alivio: poder abrir hasta las seis de la tarde o que les permitan abrir para que los clientes recojan en el local.

Un grupo de manifestantes intentó saltar a la autovía antes de que la Guardia Civil detuviera el tráfico

«Ahora el café parece una droga, no podemos ni dar un café por una ventana habilitada». En el cuerpo de la manifestación –al inicio tuvieron que pedir que no se aglutinaran para dejar distancia– se cruzaron historias de indignación e impaciencia. Como la de Cristina, dueña de una cafetería que protestaba porque «cierran pero siguen cobrándonos impuestos. Pedimos justicia, que se bajen los alquileres, se fraccionen los impuestos, se concedan aplazamientos».

Asun, trabajadora de una cafetería, lamentaba que les culpen de los contagios –insisten en que son espacios seguros– mientras «vemos fiestas privadas y cosas que no se deberían permitir». Leo, camarero de un popular bar del Centro, criticó que con las medidas actuales nadie puede garantizar la supervivencia de un negocio hostelero. Joel y Fernando son camarero y propietario, respectivamente, de un bar del Campo delPríncipe y reclamaron que por lo menos dejen abrir las terrazas.

La Circunvalación

A las 12.24 alcanzaron la rotonda de Neptuno, cortada por la Policía. La pancarta subió por la salida de la A-44 y tras ella más de la mitad de los manifestantes que habían recorrido las calles. Hicieron saber a los agentes que querían entrar en la Circunvalación –hasta unos minutos antes los convocantes no lo habían decidido–. Hubo gritos de «gobierno dimisión» y una mujer, entre lágrimas, les hizo saber que están «en la ruina, ¡en la ruina!»

Fue en plena negociación cuando un grupo saltó el quitamiedos e intentó detener el tráfico. La Policía Nacional puso freno, pero finalmente, cuando llegaron los refuerzos y apoyó la Guardia Civil de Tráfico, acabaron ocupando los tres carriles en sentido Jaén. Un cuarto de hora después, ya con todos sobre el asfalto, pudo abrir un carril para descongestionar la circulación. A la una y diez se disolvió en Méndez Núñez la tercera manifestación de los hosteleros y las empresas de turismo.

Pidieron a las administraciones la cuenta:compensaciones directas, exoneración de impuestos, aplazamiento de pagos… Suman días de cierre y su colchón económico es cada vez más delgado. Tienen la certeza de que las restricciones se prolongarán este domingo porque la otra cuenta, la del coronavirus, sigue siendo elevada en Granada.

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