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Sánchez pactó con Iglesias tentar al PP con el ‘dulce’ del CGPJ en plena bronca

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El ‘caramelo envenenado‘ que lanzó Pedro Sánchez a Pablo Casado en los estertores del debate de la moción de censura de Vox para volver a negociar la renovación del CGPJ lleva detrás un trabajo que comenzó en agosto y que ha tenido detrás la implicación de hasta seis piezas: presidente, vicepresidente segundo, Ministerio de Justicia, dos negociadores de Unidas Podemos y los dos grupos parlamentarios de la coalición. Todo con el objetivo de intentar desatascar el bloqueo que se mantiene desde la vuelta de las vacaciones. Los cambios en el órgano de gobierno de los jueces son un “asunto prioritario” para Moncloa, según explican fuentes implicadas en la estrategia, y van a seguir dando la batalla, con Unidas Podemos además de la mano. La coalición está unida y no habrá fisuras en este sentido.

La moción de censura de Vox llevaba preparándose con tiento en Moncloa desde el momento en que Sánchez aterrizó en Moncloa desde Doñana. El mes de julio se había cerrado con Santiago Abascal anunciando que a Vox no le quedaba “más remedio que anunciar una moción de censura que presentaremos en el mes de septiembre” y la maquinaria monclovita se puso entonces a trabajar. Objetivo: aprovechar las vísperas y el desarrollo del debate parlamentario para intentar volver a atraer el PP a la mesa negociadora sin romper -condición ‘sine qua non’- con Unidas Podemos y, además, sorteando las críticas, no menores, desde diferentes sectores.

Ya desde septiembre comenzaron a moverse las primeras piezas. Bajo la batuta del ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, y con la colaboración de Jaume Asens, portavoz del grupo parlamentario de Unidas Podemos y Enrique Santiago, adjunto. Exploraron una reforma arriesgada del sistema de elección de los vocales del CGPJ y pulieron aristas. Por ejemplo, dejaron fuera el carácter retroactivo de la norma para poder deshacer los últimos nombramientos en el Tribunal Supremo. Eliminados posibles aspectos inconstitucionales, el Gobierno cree firmemente que esta reforma, pese a que es arriesgada, encaja dentro de la legalidad. De hecho, en su concepción participaron otros ministros jueces, como Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. Además, la vicepresidenta primera Carmen Calvo es jurista constitucionalista y dirige el aparato jurídico del Consejo de Ministros. Fue un trabajo coral. Sánchez, por cierto, lo único que hizo ayer es “detener el reloj” de esta norma a la espera del PP. El término no es casual, dicen en Moncloa. La reforma con UP, por tanto, no está desechada.

El presidente Pedro Sánchez en Bruselas

En Moncloa contaban con que la controvertida reforma iba a causar revuelo, no solo en España sino también en Europa. Por eso Sánchez y su equipo cuidaron con esmero el momento de anunciarla. Lo hicieron el día después de la recepción del 12 de octubre en el Palacio Real, un instante que tampoco fue casual ya que el Gobierno no quería ofrecer una imagen de tensión con Carlos Lesmes presente. Y, en segundo lugar, a horas de un Consejo Europeo en Bruselas donde, presumían, el asunto iba a salir. Ahí Sánchez tuvo una vía de escape lanzó la primera oferta con destino a Casado: se ofreció a retirar la Proposición de Ley si el PP volvía al preacuerdo de julio. Es decir, intentó trasladar la presión a Casado mientras arreciaban las críticas de jueces y Europa. Pero Génova contrarrestó bien con su contrapropuesta de reforma.

Y llegó la moción de censura. Semana marcada en rojo en el calendario monclovita. Sánchez e Iglesias tenían todo pactado. Lo habían hecho ellos ellos dos, por un lado, e Iván Redondo y Juanma del Olmo, por otro. La coordinación es, probablemente, la más engrasada de lo que llevamos de legislatura. Pactaron el grueso del debate: cuándo iba a intervenir el presidente, a quién iba a responder (a Abascal), cuándo era el turno del vicepresidente segundo, contra quién (Casado), su tono pausado… y el cierre. Ahí Moncloa incluyó ese “pausar el reloj“. El tic tac está detenido.

​Conversaciones congeladas pero no rotas

En realidad las conversaciones entre PSOE y PP nunca llegaron a romperse sino que quedaron en punto muerto. Tal y como adelantó este diario, los contactos han proseguido en parte debido a la buena relación que mantienen el ministro Campo, y el consejero madrileño de Justicia y responsable del ramo en Génova, Enrique López. Fuentes cercanas a las negociaciones consideran que se está en la senda correcta y que en este tercer intento podría fructificar el acuerdo definitivo para renovar un CGPJ, que se mantiene en funciones desde diciembre de 2018.

La situación no es sencilla. La oposición de los actores jurídicos a la Proposición de Ley registrada por los socios de Gobierno, así como las advertencias de Europa, han hecho mella en la reactivación de la búsqueda de ese pacto. Desde que se conociera la iniciativa de PSOE y UP, las asociaciones de jueces mostraron su rechazo a la modificación de elección de vocales de su órgano de gobierno. Las críticas, a las que se unieron la mayoritaria Asociación de Fiscales, así como colegios de abogados y varios tribunales superiores de Justicia, fueron en aumento hasta llegar al punto de que algunas de ellas anunciaron que no participarían en más reuniones con Justicia hasta que se retirara la iniciativa parlamentaria.

A todo ello hay que añadir que el Grupo de Estados Contra la Corrupción (GRECO) lleva advirtiendo desde 2013 que el talón de Aquiles de la Justicia española es precisamente el sistema de elección de vocales del CGPJ debido a la falta de protagonismo de los jueces para elegir a sus homólogos. Esta misma semana el grupo, dependiente de Europa, volvía a advertir sobre la necesidad de modificar el reparto actual en la dirección contraria a la proposición de ley registrada la semana pasada en la cámara baja. No obstante, las miradas están puestas ahora en la necesidad de desbloquear las negociaciones para renovar el órgano que preside Carlos Lesmes. El bloqueo le llevó incluso a no buscar sustituto a Ángel Juanes, vicepresidente del Tribunal Supremo, tras su jubilación en octubre del pasado año, a la espera de que revirtiera la situación. El también presidente del Tribunal Supremo se ha dirigido hasta en cuatro ocasiones por carta a las presidentas del Congreso y Senado para que impulsen las negociaciones.

El comisario europeo de Justicia, Didier Reynders

Las mismas parecían estar cerradas a finales de 2018, cuando entonces sonaba fuerte el nombre de Manuel Marchena, presidente de la Sala de lo Penal del Supremo, como sustituto de Lesmes. Sin embargo, un whatsapp de Ignacio Cosidó sobre el presunto control que podrían ejercer en dicha Sala, que iba a juzgar a los miembros del procés, hizo saltar por los aires el acuerdo. Tras muchos meses en ‘standby’ las negociaciones cogieron vuelo y julio se antojaba como el mes que se pondría fin al bloqueo. Las fuentes consultadas explican que el reparto que había sobre la mesa era de 10 vocales para el PP y otros 10 para el PSOE, el cual daría uno a PNV. La presidencia del órgano, aunque la tienen que votar los vocales escogidos, se otorgaría por primera vez a una mujer de talante progresista.

Sin embargo, el PP se negó en rotundo a que Podemos participara en el reparto haciéndose con dos vocales del Consejo. El estancamiento que produjo esta situación se ha ido convirtiendo cada vez en una de las principales preocupaciones de los actores jurídicos hasta el punto que se erigió como tema estrella en el tradicional corrillo celebrado tras la apertura del año judicial. Aunque el acto estuvo marcado por las restricciones del covid, los protagonistas del evento que preside el jefe del Estado, mostraron su preocupación por la falta de consenso para desatascar la situación. Ahora, y tras el rechazo del PP a apoyar la moción de censura, las partes participantes de las negociaciones confían en alcanzar un acuerdo lo antes posible.

​Moncloa: la pelota está en el lado de Casado

Moncloa considera ahora que la pelota está en el tejado de Casado. O vuelve a negociar, con Unidas Podemos, está vez o el “reloj”  parado volverá a funcionar. De momento Génova continúa anclada en el ‘no’ a renovar el CGPJ si Iglesias está en el acuerdo y se felicita por el nuevo Casado que ha surgido de la moción de censura. Lo ocurrido en el hemiciclo marca un antes y un después. Dicen en su entorno que el duro discurso que pronunció ayer había sido preparado “durante semanas” y que ese “es la hora de poner las cartas boca arriba, hasta aquí hemos llegado” estaba decidido desde entonces. “Muy pocos” conocían la decisión, entre ellos Teodoro García Egea, su inseparable escudero desde las primarias.

Al más puro estilo debate electoral, Casado quiso tener un fin de semana para su familia antes de elegir la ‘vía Feijóo’ que tan buenos resultados le dio en la Xunta para el resto de legislatura. La ruptura con Vox estuvo precedida de un sábado con su mujer, Isabel Torres, y sus hijos en el Circo Price de Madrid. El domingo optaron por El Retiro. Los papeles los remató el martes por la tarde tras escuchar a Abascal. Lo tuvo claro: era el momento preciso de marcar distancias con Vox.

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