Salud

Una desescalada demasiado rápida que precipitó la segunda ola

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Hubo un día no tan lejano, hace sólo cinco meses, que el Ministerio de Sanidad registró sólo 48 nuevos contagios por covid-19 y ningún fallecido. Fue el 15 de junio, cuando comenzaba la última semana del primer estado de alarma, que había sido decretado justo tres meses antes. Ahora, cuando los positivos superan una jornada sí y otra también los 25.000 y el número de muertos se ha disparado por encima de los 300 cada 24 horas, aquellas cifras de mitad de junio parecen ciencia ficción. La segunda ola del coronavirus lo ha arrasado todo y aunque ha afectado a todos los países, a algunos incluso más que a España, cunde la sensación de que las cosas se podían haber hecho mejor.

«Hay un momento clave: el fin del primer estado de alarma y el comienzo de la desescalada, que se fue acelerando en lugares que no hacían PCR o que no habían contratado rastreadores. Con más PCR y más rastreadores, podríamos haber controlado mejor los primeros brotes», explica el epidemiólogo Pedro Gullón. «Esos brotes de julio parecía que se iban a controlar, pero no se consiguió y ahora vemos las consecuencias. Habíamos hecho lo más difícil y cuando por fin volvíamos a ver la luz, fallamos», lamenta Estanislao Nistal, virólogo y profesor de Microbiología en la Universidad CEU San Pablo.

La tendencia positiva de España después del primer golpe, lograda durante un confinamiento estricto en marzo y abril y un viaje a la «nueva normalidad» a través de fases estructuradas, se fue yendo al traste durante el verano, y la discusión política y la falta de unidad han contribuido a empeorar las cosas. «Cada semana tenemos la ‘medida de moda’. Primero fue el toque de queda, luego el confinamiento perimetral, más tarde el confinamiento domiciliario… El Consejo Interterritorial de Salud aprueba una serie de recomendaciones, pero luego las comunidades autónomas tienen las competencias para desarrollarlas y no las ponen en práctica de modo estricto», señala Gullón, que, aun así, pide que se vea la situación española con cierta perspectiva. «Vemos que el empeoramiento ha ocurrido en todos los países, la comparativa internacional no nos deja tan mal».

El nuevo estado de alarma desemboca en un galimatías de 19 normativas

A juicio de Nistal, el repunte de otoño también se explica por factores ambientales, como la bajada de temperaturas y el aumento de la humedad. «En este tiempo, quedamos más en lugares cerrados y con concentración de personas, mientras que en verano hay más horas de sol y estamos en la calle», cuenta; «de hecho, no es casualidad que se hable de seis meses para que mejore la situación. Los coronavirus estacionales llegan hasta abril». Pero la falta de medidas cuando las cosas estaban bien aparece como la principal causa. «No se controló el número de casos subyacentes y muchos de esos casos son los que ahora han explotado».

Lecciones de marzo

La pandemia es una curva de subidas y bajadas muy difícil de predecir, y probablemente, así lo seguirá siendo hasta que el conjunto de la población no se inmunice gracias a una vacuna. ¿La solución pasa por encerrarse otra vez todos en casa? «Nos equivocamos si pensamos que podemos parar quince días y ya estaría todo controlado. Además, si tenemos que apostar por un confinamiento domiciliario, hay que aprender lecciones del de marzo. Por ejemplo, los efectos secundarios en la salud mental o en la violencia de género. Tiene que ser un confinamiento más dinámico y flexible, que permita salir a pasear o que deje las escuelas abiertas», señala Pedro Gullón.

Pero no todo son malas noticias, en comparación con marzo. «Ahora tenemos capacidad de detección a través de PCR que nos permiten ver más allá de la punta del iceberg», asevera Gullón. «Vamos sabiendo más sobre el virus, sobre cómo tratar a los pacientes, y cada vez hay más personas inmunes», destaca Nistal.

«Pero el problema, ahora mismo, está en la calle, en la concienciación de la población para no reunirse o guardar la distancia de seguridad», recuerda el profesor del CEU San Pablo, que pide mejorar el diagnóstico y el rastreo o realizar diagnósticos masivos en áreas que se han confinado perimetralmente, como ha hecho China y se ha intentado en algunas zonas de España, sin demasiado éxito. «Y también sería importante que los jóvenes que no están cumpliendo visiten los hospitales y vean lo que está pasando», recalca, antes de lanzar un último mensaje: «Lo verdaderamente crucial es evitar que el virus vuelta a entrar en las residencias. a los mayores los dejamos abandonados durante la primera ola y eso no puede volver a ocurrir. Pase lo que pase, hay que tomar medidas, vigilando a los mayores, a los trabajadores y las visitas».

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