Salud

Vacunas contra Covid-19: todavía hay muchas incógnitas

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Primera modificación:

El laboratorio Pfizer anunció el lunes 9 de noviembre que su vacuna contra el coronavirus es efectiva en un 90%. Dos días después, el miércoles 11, Rusia superó la cifra al anunciar que su vacuna, Sputnik-V, tenía un 92% de efectividad. Con tales niveles de eficacia, ¿podemos prever el final de la pandemia? Aún es demasiado pronto para decirlo.

Por Simon Rozé.

Los anuncios sobre la eficacia de las vacunas es una buena noticia, como las que no teníamos desde hace mucho tiempo sobre la pandemia de Covid-19. Sin embargo, hay que tomar una distancia prudente ya que muchas preguntas siguen sin respuesta. Por ejemplo, se continúa la práctica inhabitual establecida desde el comienzo de la pandemia de que los laboratorios anuncian sus resultados a través de comunicados de prensa en lugar de a través de estudios publicados en revistas científicas, a pesar de que Rusia se ha comprometido a hacerlo en los próximos días.

Sería muy útil compartir los datos de esos ensayos clínicos: no se sabe, por ejemplo, si la eficacia anunciada concierne a todos, incluidos las personas con mayor riesgo. Esta información es crucial. También hay que resaltar que los resultados anunciados son preliminares. En el caso de Pfizer, por ejemplo, la eficacia declarada se midió sólo 28 días después de que se administrara la primera dosis de su vacuna candidata. Por lo tanto, no se sabe si se mantendrá a este nivel por más tiempo. Solo el tiempo lo dirá.

Sin embargo, a pesar de estas incógnitas, Pfizer planea distribuir las primeras dosis para finales de año. La Unión Europea también anunció el miércoles que las vacunaciones podrían preverse en el primer trimestre de 2021. Estas reservas, en efecto, sólo se refieren a la eficacia, siendo el 90% es un resultado mucho mejor de lo esperado. Para las vacunas desarrolladas tan rápidamente, los científicos se habrían conformado con un 50%. Por lo tanto, aunque esta eficacia disminuya a medida que avancen los ensayos clínicos y el análisis de los datos, estas vacunas tendrán un papel importante en la lucha contra la epidemia.

Existen varios desafíos, el primero de los cuales es la cobertura de la inmunización. Para que una vacuna sea eficaz, debe ser utilizada por la gran mayoría de la población, de modo que el virus no tenga ninguna posibilidad de seguir propagándose.

Desafortunadamente, en la actualidad la desconfianza está socavando este objetivo. Un estudio publicado en Nature Medicine en octubre pasado, realizado en 19 países, reveló que una cuarta parte de su población, en promedio, no estaba preparada para dejarse vacunar.

“Nos preocupan los altísimos niveles de desconfianza en algunas regiones. Necesitamos entender estas razones y responderlas. De lo contrario, existe el riesgo de poner en peligro el control de esta pandemia”, dice Jeffrey Lazarus, que realizó el estudio para el Instituto de Salud Global de Barcelona. “Las autoridades deben hacer más que simplemente declarar una vacuna segura y efectiva. Los gobiernos deben enviar mensajes claros. La comunicación sanitaria que aborde las preocupaciones será una de las claves para mejorar la aceptabilidad de una vacuna”.

Este no es el único obstáculo que hay que superar. También hay importantes problemas logísticos para que estas vacunas estén al alcance de todos. Por ejemplo, la vacuna de Pfizer tiene que ser almacenada a -80 grados centígrados. En estas condiciones, un gran número de comunidades, especialmente las rurales, simplemente no tendrán acceso a la vacuna. También habrá que disponer de otros tipos de vacunas, pues de lo contrario el virus seguirá circulando en algunas partes del mundo y el objetivo de poner fin a la pandemia nunca podrá alcanzarse realmente.

¿Y las mutaciones en el virus?

Finalmente, la eficacia de una vacuna a lo largo del tiempo también depende del propio coronavirus. Las mutaciones podrían tener un efecto. El SARS-CoV-2 responsable del Covid-19 utiliza una llave para entrar en nuestras células e infectarlas, llamada la proteína S. Así que para combatirlo, podemos intentar neutralizar esta proteína S. El virus ya no puede entrar en nuestras células para multiplicarse: esto es lo que hace nuestro sistema inmunológico y es la base de la mayoría de las estrategias de vacunación.

Un equipo de investigadores de 12 países estudió una variante del coronavirus, la segunda más común. Su trabajo aún no ha sido publicado, por lo que debe tomarse con reservas, pero observaron que esta cepa tenía una diferencia en su proteína S, haciendo que nuestra respuesta inmune fuera menos efectiva. Por consiguiente, si una vacunación masiva actuara sobre la cepa dominante, tendría menos efecto contra esta variante. Por lo tanto, esta variante tendría rienda suelta para extenderse y podría convertirse en mayoritaria con el tiempo.

Por todas estas razones, una vacuna nunca será la única respuesta a esta crisis. Sólo será una herramienta, una muy buena, pero para ser utilizada en combinación con las demás medidas de contención, la detección de los enfermos y la identificación de los casos de contacto. Ante una pandemia, no hay una solución milagrosa.

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