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Viento en contra de la recuperación

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El INE ha revisado fuertemente a la baja la estimación de crecimiento del PIB del segundo trimestre y ha generado mucho desconcierto. Estimar el PIB en condiciones normales es complicado y su interpretación debe ser siempre prudente. Hacerlo en medio de una pandemia con condiciones tan excepcionales y sin precedentes históricos es casi un milagro. La contabilidad nacional se hace con ‘big data’ desde hace muchas décadas y los modelos de predicción cuando vienen curvas tan grandes en el ciclo económico patinan.

No obstante, los datos confirman que la recuperación fue muy intensa la pasada primavera. El consumo privado aumentó casi un 5% con respecto al trimestre anterior. Excluyendo el dato del tercer trimestre del pasado año, cuando se liberó el confinamiento extremo, sería el mayor crecimiento desde 1995 que el INE publica datos comparables. Destaca el 13% de compra de bienes duraderos como coches o electrodomésticos. Como su nombre indica estos bienes implican una decisión que afectará al consumidor muchos años. Por lo tanto, cuando ves un crecimiento de esta magnitud, no es necesario hacer encuetas para saber que los españoles ven el futuro con más optimismo que el pasado invierno. El éxito de la vacunación que ha minimizado el miedo a morir por el contagio del Covid ayuda a explicar este dato tan espectacular.

Sin embargo, la inversión empresarial cayó en el segundo trimestre, tras tres trimestres en positivo. Es un dato preocupante ya que en todas las recuperaciones de crisis anteriores la salida siempre fue liderada por las exportaciones y la inversión y luego llegaba la creación de empleo y el aumento del consumo. Esta crisis es muy diferente a las anteriores y la recuperación también lo está siendo. Las empresas han visto como se hundían sus ventas, especialmente las pequeñas empresas y en sectores muy afectados por las restricciones, han entrado en pérdidas y siguen temerosas ante sus expectativas futuras. Si el consumo mantiene esa senda de recuperación, las dudas se irán disipando.

Las exportaciones también cayeron ligeramente y ayudan a explicar la caída de la inversión. El sector exportador explica buena parte de la inversión en equipo en España. Destaca el desplome de la inversión en material de transporte del 13% trimestral que se ha debido principalmente a la limitación de oferta de material por los problemas de suministros y el aumento de precios de los bienes de inversión. Esto ha sido generalizado en todo el mundo, no sólo en España. Desde marzo, el precio del gas natural en los mercados internacionales se ha doblado y pone viento en contra en la recuperación del comercio mundial y también de Europa y las exportaciones españolas.

A eso hay que sumar su impacto sobre la electricidad y sobre los márgenes de muchas empresas industriales que habrán entrado en pérdidas y eso también ayuda a explicar la caída de la producción industrial. El precio del gas termina el verano en máximos y anticipa un invierno complicado. La crisis de Evergrande en China podría frenar en seco la construcción de viviendas y la demanda de gas para producir materiales de construcción en el país asiático. Y todo va a depender de la temperatura del próximo invierno en el hemisferio norte y de lo que sople el viento. Un invierno cálido y ventoso bajará la presión sobre el precio del gas y permitirá sustituir producción de electricidad con energía eólica que es mucho más barata. Si la demanda de China no frena, el invierno es frio y el gas y los ciclos combinados siguen siendo necesarios para producir electricidad, la industria tendrá que soportar mayores costes energéticos y eso drena recursos para invertir, crear empleo y subir salarios.

Los fondos europeos empezarán a tener impacto sobre el PIB y el empleo en el tercer trimestre e irán gradualmente creciendo a lo largo de 2022. El consumo público siguió creciendo en el segundo trimestre y no es previsible un ajuste fiscal hasta 2023. Las compras de deuda del BCE y la flexibilidad de las reglas fiscales en Bruselas han sido determinantes para explicar la recuperación europea y española. En 2022 irán reduciendo su intensidad pero no es previsible que pongan viento en contra de la recuperación, como sucedió desde 2010 hasta la recesión de 2012.

El dato más preocupante fue el desplome de la productividad por hora trabajada. Hay que ser prudentes en la interpretación de este dato ante la dificultad de medir correctamente las horas trabajadas en medio de la pandemia, con el teletrajo y los ERTE Pero como nos enseña Paul Krugman, la productividad a largo no lo es todo, pero lo es casi todo. La productividad son las ventas y el valor añadido dividido por el número de trabajadores en cada empresa. La contabilidad nacional suma todas las empresas y da la productividad promedio de la economía. Cuando crece la productividad, las empresas pueden crear empleo y subir los salarios y tener beneficios para remunerar al capital y volver a invertir. Cuando la productividad cae las empresas tienen que destruir empleo o reducir salarios para ser rentables y sobrevivir. El capitalismo sigue el mismo sistema de selección natural de la naturaleza.

España tiene un comportamiento único de la productividad. En la mayoría de países la productividad es procíclica; crece en las expansiones y cae en las recesiones. En España en las expansiones se estanca y crece en las recesiones cuando las empresas activan la destrucción de empleo, especialmente de los trabajadores temporales ya que los que tienen contrato indefinido y tienen muchos años de antigüedad están protegidos por costes de despido de los más altos del mundo. Durante el confinamiento extremo el PIB se desplomó, pero la productividad aumentó con fuerza, igual que en crisis anteriores. Pero desde el pasado verano la productividad por hora trabajadas ha caído, algo que no había ocurrido en recuperaciones de crisis anteriores. El sector industrial ha mejorado su productividad desde 2019 pero la productividad se ha desplomado en la construcción y ha caído en la agricultura.

La productividad es la asignatura pendiente de la economía española. Desde el nuevo milenio España ha dejado de converger en renta por habitante con nuestros socios europeos que es el área del mundo que menos crece. Si nos comparamos con Asia o EEUU nos hemos alejado. Para devolver la hipoteca de la deuda pública es necesario crecer. Para que ese crecimiento sea sostenible a largo plazo es necesario que nuestras empresas dejen de invertir capital y empleo en negocios low cost de baja productividad y entren en los nuevos sectores que están liderando el crecimiento de la demanda mundial. Esos sectores son principalmente los que han seleccionado en Bruselas para acceder a los fondos Next Generation.

A pesar de la revisión del PIB, la recuperación continúa su curso. La política monetaria mantiene fuerte viento de cola que impulsa la recuperación y la política fiscal y los fondos europeos mantendrán el crecimiento en 2022, aunque será menor al previsto. El mayor riesgo a corto plazo es que la crisis de Evergrande se expanda en China, llegue a Europa y acabe provocando un aumento significativo de nuestra prima de riesgo, como sucedió en 2012. De momento, ese riesgo está contenido gracias a las compras de deuda pública española por parte del BCE. Pero la caída de la productividad pone en riesgo la sostenibilidad de nuestra deuda pública y nuestro estado del bienestar a medio plazo. La solución es más y mejores empresas, con mejor calidad de nuestro capital humano y tres condiciones necesarias: innovación, innovación e innovación.

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