Cultura

Xoel López: «Disfruto más ahora que hace quince años»

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«Me crucé con un amor que yo creí haber olvidado / Su reflejo me hizo ver con claridad / Los aciertos son errores del pasado / Y los errores un camino que abrazar», canta Xoel López (La Coruña, 1977) en ‘Tigre de bengala’, uno de los temas más «positivos y cachondos» de ‘Si mi rayo te alcanzara’, su último larga duración. Un álbum lleno de primeras veces y «posiblemente, uno de los más libres» de toda su carrera.

-Quince discos en su haber, ¿es usted mucho de mirar atrás?

-Creo que la nostalgia es inevitable, en cierta medida, pero también considero que no es del todo sana y que es peligrosa porque no deja de ser una idealización del pasado. A mí me gusta revisar el pasado, pero no idealizarlo, porque creo que no es mejor mi pasado que mi me presente, necesariamente. Obviamente puedes echar de menos cosas pero procuro no regocijarme en la nostalgia. Además cuando miro atrás, me pasa todo lo contrario: creo que disfruto más de mi carrera ahora que hace quince o veinte años y tiene que ver precisamente con ese camino recorrido, con saber un poco más a dónde voy y saber que si me aventuro, siempre acaba trayendo cosas buenas tarde o temprano, que el riesgo tiene una recompensa. La experiencia te da cosas positivas: sabes mejor lo que haces y por qué lo haces, tienes más claro quién eres.

-Y supongo que liberadora…

-No lo sé, porque depende de cada uno. Date cuenta de que hay gente que cada vez es más acomplejada y que incluso hace de un nudo una bola y al final se acaba ahogando en su propia limitación. Yo creo que depende de lo que tú hagas con esa experiencia. En mi caso, sí trato de ir desnudando cosas a nivel personal a nivel musical, trato de liberarme cada vez más y de tener menos complejos. Al final considero la música como un canto de libertad, como un vehículo para ser un poco más libre en un mundo que ya bastantes limitaciones tiene.

-¿Por dónde va el título del álbum, ‘Si mi rayo te alcanzara’?

-Para mí, es un rayo liberador, algo que surge de forma espontánea, como para mí hacer canciones, algo que ni siquiera tengo que decidir muchas veces. A veces me preguntan: «¿Qué quisiste hacer con este disco? ¿Cuáles eran tus intenciones?». ¿Cuál es la intención de un rayo cuando cae de una nube? La misma que la mía. No lo sé, voy donde me lleve la energía. Lo mío es una forma de vivir. Escribir canciones es mi oficio y cuando reuno varias digo: «Pues ya tengo para un álbum». Luego puedes poner un poco de cabeza en algunos momentos del proceso, pero yo compongo porque vivo, así que tampoco puedo controlar esa energía. Puedes tratar de poner un pararrayos, pero no puedes dirigir un rayo. Y luego el título lo puse en condicional porque es una invitación, un «si tu quisieras compartir esto conmigo, si quisieras comunicarte y tenderme la mano». Es la idea de la comunicación y de la comunión en los conciertos.

Xoel López, en varias fotos promocionales de su nuevo álbum. / Mónica Figueras

-¿Cómo y cuándo empezó a fraguarse el disco?

-Fue en 2019, no sé si el 100%, pero básicamente es un disco de 2019. Es un disco prepandemia, por suerte.

-¿Por qué por suerte?

-Por qué prefiero pensar que se libró de este contexto y que ahora es un golpe de aire fresco, por lo menos para mí. Yo ahora pienso en este disco y digo: «Jo, ¡qué guay me lo pasé en 2019! Y, ojo, también lo pasé mal, que la vida antes no era color de rosa, pero me gustaba más. Me gusta más el 2019 que el 2020 y tengo canciones de 2020 que estarán en otro disco y que tendré que defender igual, pero prefiero centrarme en las alegrías que me está dando un disco que está exento de confinamientos.

«Me encanta pensar que este disco está exento de confinamientos y ahora es un golpe de aire fresco»

-Un disco escrito durante la pandemia, ¿hubiera sido un disco más oscuro?

-Mira yo fui a ver a Joe Crepúsculo la semana pasada porque aquí en Madrid todavía nos dejan hacer algunas cosas y cantó algunas canciones covid. Pensé que tenía su parte tierna, porque al final tampoco es que hablase de lo más oscuro, hablaba de echar de menos a alguien… Al final es un momento que hay que reflejar, sobre todo si lo hemos vivido. Inevitablemente saldrán referencias, lo que pasa es que yo evito el ser explícito y también creo que no me apetecerá mucho recordar esto de una forma tan explícita, pero sí a nivel emocional porque nos está afectando a todos y es importante ponerle palabras. Hay mucha gente, yo tengo amigos, queriendo luchar contra esa idea de caer o de estar mal y al final se ha dado la hostia, porque todos caemos o tenemos un día, una semana o unos meses malos. En este sentido, sí que abracé el bajón cuando tuve que abrazarlo.

-No lo escribió durante la pandemia, pero sí trastocó su grabación.

-Afectó directamente. Yo creo que llevábamos ya un 40% del disco, la idea era terminarlo en abril para sacarlo en mayo o junio, cuando ¡pum!, de repente la cosa se corta y nos vamos cada uno a nuestra casa. Fue un poco coitus interruptus, la verdad. La única parte buena es que cuando volvimos lo cogimos con unas ganas y una ilusión tremendas, fue como ver una novia que no viste en todo el verano. Me preguntan si no sería mejor sacarlo cuando podamos salir a dar conciertos, pero creo que artísticamente no podía pasar de este año. Creo, además, que para la gente tener un disco en estos momentos es incluso más importante que nunca, tener algo que algo escuchar, algo a lo que agarrarte ya que no puedes ir a un concierto…

-¿Éramos felices y no lo sabíamos?

-No lo veo en términos absolutos. Yo creo que antes teníamos más posibilidades de ser felices y que ahora la felicidad está un poco capada. Es como si tuviéramos un limitador. De hecho yo lo siento así. Ahora me da la sensación de que puedes estudiar mucho, que no vas a pasar del 6,5 y antes estudiabas mucho y tenías notable o un sobresaliente. De todas maneras, la felicidad sigue dependiendo de muchos otros factores que van más allá de la salud o de la pandemia y creo que es interesante no focalizarlo todo en la covid.

«Antes de la pandemia teníamos más posibilidades de ser feliz, ahora la felicidad está capada, como si tuviera un limitador»

-Es un disco lleno muy de contrastes, con alguna canción descarnada como ‘Joana’, pero que también anima mucho a bailar con temas como ‘Tigre de bengala’ o ‘Dancehall’, ¿es una decisión consciente?

-No. Creo que cuando intelectualizas las cosas, más bien las limitas y este disco es un disco totalmente libre y me salió como me salió porque suelo hacer las cosas así. Alguna vez he hecho el ejercicio de intentar controlar esa energía de la que te hablaba, pero suele salir regular. Al final es mejor mostrarse tal y como uno es y me salió un disco ecléctico porque yo realmente tengo una mente abierta y mi cabeza capta de todo. Luego a nivel emocional he tenido días como ‘Joana’, de melancolía, duelo, tristeza… Pero también he tenido días como ‘Tigre de bengala’, de descojonarme de todo eso. Creo que es la canción con mayor desparpajo de mi carrera, con más ironía y cachondeo. Ahí se ve una parte de mí que a lo mejor muchos no habían visto, la parte más cachonda. Y es que al final soy un gallego loco y luego está el gallego melancólico, el de «ay, mi Madrid»… Todo eso convive.

-Y uno, cuando prepara un disco nuevo, ¿se abre y empieza a escuchar más música o se cierra en banda?

-En mi caso me abro. Yo me siento como un tipo que va a pescar y está mucho más atento a las aguas de lo normal. Estoy mucho más abierto, con la con las orejas puestas, ávido… Y todo lo que escucho durante ese tiempo me puede influir. Es como si estuviera con las antenas puestas. Puedo estar conduciendo al estudio y escuchando M80 y llegar y decir: «Quiero meter aquí un teclado con chorus porque quiero que suene a lo Peter Gabriel». Soy muy permeable a las circunstancias cuando estoy en el proceso creativo.

-¿Mantiene intacta su capacidad de sorpresa en torno a los nuevos hallazgos musicales o le pasa como al grueso de la población, que a partir de los cuarenta resulta más difícil emocionarse y disfrutar con nuevas referencias?

-Yo te diría que creo que la mantengo o como decían los Smiths, que es una luz que nunca se apagará. No puedo evitar esa avidez por la música. Pero haría una distinción: una cosa es escuchar cosas nuevas porque quieres estar conectado con lo que está pasando ahora mismo, escuchar lo que escucha la gente más joven, que a mí me interesa, pero que obviamente no puedes sentir exactamente igual que como lo siente alguien en el contexto en el que le corresponde. Pero sí me gusta tener una oreja puesta. Hay cosas que me interesan y mucho y otras que no me interesan, pero se trata de curiosidad, de cultura del conocimiento. Pero luego están las canciones. Más allá de los estilos, a mí me siguen ilusionando las canciones, ya sea música de los años cuarenta, folk, pop, Rosalía o Silvio Rodríguez. Si descubro una canción nueva que me gusta, me importa un huevo el contexto o la estética, y en ese sentido soy una persona muy abierta.

-¿Cómo lleva que el álbum haya perdido relevancia como unidad en la industria?

-Nosotros tenemos una mentalidad construida alrededor de lo que es un álbum, del respeto al disco, pero date cuenta que desde los sesenta para atrás fue de otra manera. Los discos no dejaban de ser una recopilación de singles, que es lo que vuelven a ser. No es ni mejor ni peor. Son tiempos de libertad artística y a nadie le van a castigar ahora porque haga un LP. También te digo que en esto soy afortunado porque la gente que viene a escucharme escucha todo el disco. Yo flipo porque en los directos veo que la gente no viene a verme por una canción, viene a escuchar el repertorio y creo que eso es algo que también se construye. Nunca tuve una canción en Los 40 principales que de repente sonara tanto que hiciera sombra al resto del repertorio. Es un repertorio muy equilibrado, sin grandes alegrías, pero también sin grandes penas y eso me favorece al final.

«Soy muy afortunado porque la gente que viene a escucharme a los conciertos es de las que escucha el disco entero. Y eso también se construye. Mi repertorio es muy equilibrado, sin grandes alegrías pero también sin grandes penas»

-Por primera vez, coescribe los temas con otra persona, David Quinzán. ¿Cómo fue un proceso que normalmente es tan personal?

-No me valía cualquier persona. Fue David porque es un amigo mío íntimo y lo conozco perfectamente en lo musical. También era una idea que yo siempre tuve porque David es un tío que tiene varios discos en el mercado, aunque no se dedicó al 100%, pero siempre me ha parecido que el mundo se estaba perdiendo un talento y en ese afán de que la gente pudiese conocer su obra le propuse formar parte de la mía. Es verdad que la propuesta era estar complementándome a mí, no quería un disco que no fuese yo, quería un disco mío con la ayuda de David y así fue como empezamos. Empezamos con canciones de prueba y al final le dije: «Vamos a hacer el disco entero así porque me encanta este proceso creativo». El venía a mi casa, temprano, nos poníamos con el cafecito y yo le contaba ideas que a lo mejor había tenido la semana anterior… Hubo casi un punto terapéutico porque le contaba mis sentimientos y trataba de enfocarlos poéticamente para tratar de hacer canciones que reflejasen cada momento. Por eso el disco es un poco un diario, un disco totalmente fiel a su momento. No hablo, como en otros discos, de hace veinte años o de mi niñez o de viajes, no. Es un disco de mis aventuras en Madrid en 2019.

-Hay otra primera vez. Deja la totalidad de la producción en otra persona, Carles Campi Campón. ¿Por qué tomó esa decisión? ¿Fue complicado dejarse llevar?

-Ahí sí que hay algo premeditado y que viene determinado porque yo tengo una necesidad de cambio y lo enfoco así desde el principio. Mi sentimiento es no quiero hacer un disco yo solo, lo quiero componer yo solo en mi casa, pero no quiero producir. Y ahí aparece David y y aparece camping el productor. Le mandé una canción, me la mandó producida y ya me convenció totalmente. Fue una propuesta de mi manager de Kin, Joaquín Martínez, es mi manager desde 2001 y este disco es más suyo que cualquier otro. Incluso la portada del disco, que es de Rebeca Losada y que ya había hecho otras. Esta vez le dije: «Haz una portada, no quiero saber nada». Solo elegí los colores. Todo esto me permitió hacer un disco más como director, en el que pude tener más perspectiva para entenderlo todo.

-Es un disco que habla de amor, desamor, del paso del tiempo… Pero sobre todo de la importancia que en la vida tiene aprender. ¿Qué es lo más importante que ha aprendido a lo largo de su carrera?

-Que la vida se va construyendo un poco sobre la marcha, con aciertos y con errores, y que realmente no puedes ser caprichoso, que tienes que intentar entender que las cosas suceden a veces a pesar de ti. Mira lo que ha pasado este año. Yo tengo la suerte de hacer canciones y la verdad que es que eso es muy terapéutico. Me ayuda a entender la vida de una manera y cuando me siento mal hago una canción y me siento mejor y cuando me siento bien hago una canción y la disfruto. A mí me ayuda mucho, me permite ser más feliz, dentro de que la felicidad es un concepto muy amplio, y con sus subidas y bajadas, y tocando contextos sociales. ‘Alma de oro’, por ejemplo, es una canción que propone precisamente ser más auténtico, no con todo este rollo de las redes sociales, del postureo, propone un alma de oro, con todos tus defectos y tu belleza complea porque yo los defectos los considero también parte de la belleza de cualquier individuo. Y ‘Si mi rayo te alcanzara’ es una propuesta hacia algo mejor pero habla también de la falsedad, de cómo esa persona que supuestamente es una cosa y luego es otra, de que hay juego de tronos aquí y de que también aparecen complejidades.

-Acostumbrado a girar y a dar conciertos ante miles de personas, ¿cómo ha vivido el confinamiento y la desescalada?

-Yo me dedico a la comunicación, como quien dice, a hacer canciones y mostrarlas. Lo mío tiene ver con el público, con la gente, con el otro, y cuando falta el otro me siento como sin brazos es una sensación muy extraña y desagradable. No me gusta y no me está gustando, pero al mismo tiempo vamos intentando zafar con lo que hay… Se trata de bailar a pesar de todo. No es lo que querríamos pero que tampoco sea lo contrario.

«Me dedico a la comunicación, a hacer canciones y a mostrarlas. Lo mío tiene que ver con el público y cuando me falta me siento como sin brazos»

-Durante la pandemia, los músicos habéis sido súper solidarios y os habéis entregado en cuerpo y alma, ¿es para estar orgulloso no?

-No lo sé, me da casi vergüenza contestar. Es que es lo que sabemos hacer y lo que nos gusta y qué vamos a hacer. Es casi una cosa que no puedes ni pensar, que sale natural. De todo esto me quedo un poco con la importancia de la música, que nos sirva esto para entender lo importante que son las artes, la música, el cine… Porque al final lo técnico, lo estratégico, es también necesario pero no puede convivir sin lo poético y sin lo emocional y nosotros nos ocupamos de esa parte de la que a veces, como es abstracta, no se pueden tener resultados, no se puede medir, pero es fundamental y es un poco lo que nos enseña este año de mierda.

-¿Cree que la respuesta del Gobierno ha estado a la altura?

-Me cuesta responder con términos absolutos porque creo que han fallado algunas cosas, pero también se han hecho bien otras, han seguido pagando, han tratado de mantener a flote algunas cosas. Y luego cada autonomía es un mundo. Por hacer una crítica, se obvió demasiado la parte emocional y a través de los medios creo que se fue un poco morboso de más, se destacó mucho lo malo, nunca se destacó una buena noticia y se han dado titulares buscando clicks y ahí alguien debería ser un poquito crítico.

-Con los conciertos paralizados durante meses, ¿qué cree que va a pasar con la industria?

-Todavía tenemos un poquito de margen. A ver qué pasa estos meses. Para empezar yo creo que ha sido una hostia demasiado fuerte, que va a cambiar la industria. Vamos a perder a mucha gente. Es una pena, porque la industria ya estaba empezando a crecer, estaba mejorando, con este golpe perdemos un poco esa buena deriva que llevábamos no lo sé me preocupa mucho la gente que ya directamente se tiene que salir de esto y empezar otra vida otra carrera profesional.

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