Cultura

«Yo también me rompo por dentro»

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Al pequeño Kai, de solo cuatro meses, algún día le contarán que ya desde muy bebé fue testigo de la pasión culinaria de su imparable mamá. «Coloco al niño en la trona, a distancia de los fogones para que no haya peligro, pongo un poco de musiquita… Y me dedico a cocinar durante horas», detalla Ona Carbonell. La nadadora sigue enganchada a la cocina desde que ganara, hace dos años, la tercera edición de ‘MasterChef Celebrity’. Haber pasado gran parte de su embarazo en confinamiento le ha reafirmado en que hay que saber «adaptarse y reinventarse». Pero también le ha redescubierto los congelados… «Es la mejor opción para esta época en la que hay que salir de casa lo menos posible».

Ona acaba de participar en un ‘showcooking’ junto al chef Isma Prados para presentar la nueva Revista de Navidad de la marca La Sirena. «Qué mejor sinergia que una sirena con otra sirena», razona. Elaboraron un cóctel de bogavante en mousse de marisco y canelones veganos en crema de setas. «Yo no soy vegana, pero solo como carne una o dos veces por semana». A sus 30 años, esta medallista olímpica compagina sus cuatro horas diarias de entrenamiento en el agua con su afición culinaria y con la crianza de su hijo… «No me da la vida», confiesa entre risas.

Además de ganar un durísimo concurso de cocina al que llegó sin apenas saber freír un huevo, la mujer con más medallas de la historia en los Mundiales de natación también ha publicado su autobiografía y cuenta con una colección propia de cuentos infantiles denominada ‘Elena Sirena’. «Pero por muchas condiciones que tengas para una disciplina, si no hay trabajo y sacrificio no llegas a ninguna parte», puntualiza.

A sus 30 años compagina sus cuatro horas diarias de entrenamiento en el agua con su afición culinaria

Ona cree que su disciplina se debe a la educación recibida. «Siempre le digo a mi madre que ha sido la madre más dura del mundo y a la vez la más cariñosa. De pequeñita, si no me gustaba el puré de verduras, me tenía que aguantar porque me lo ponían para desayunar, para cenar… hasta que me lo comía. También recuerdo que quise estudiar guitarra y a la segunda clase ya me había cansado y quería abandonar, pero mis padres no me dejaron. Tuve que acabar el año entero».

Los padres de Ona son médicos. Él, reumatólogo y ella, traumatóloga. Ahora están jubilados pero la nadadora explica que su padre decidió echar una mano en la pandemia y se pasó el confinamiento atendiendo consultas por teléfono. «A mí en casa nunca me han exigido buenas notas. Lo que sí me han exigido es esfuerzo y sacrificio, y luego cada uno llega donde llega».

A la medallista le tocó confinarse junto a su pareja, Pablo Ibáñez, al comienzo de su embarazo. «Lo más difícil quizás fue pasarlo sin que nadie, salvo Pablo, me viera ni me diera un abrazo ni me tocara la barriga. Al niño, por culpa del coronavirus, hay tíos que todavía no le conocen».

Kai, que en japonés significa océano, nació el 2 de agosto. Al mes y medio de su nacimiento, en plena «lactancia exclusiva», su madre ya estaba entrenando en la piscina. El confinamiento se lo había pasado dando brazadas al aire…

«Hice muchos entrenamientos sin agua con las compañeras por internet -explica Ona-. También cociné sin parar, y me dediqué a colaborar con fundaciones y organizaciones solidarias. He intentado implicarme y que mi imagen ayude al máximo a grupos de personas que lo están pasando peor». Para ella tampoco fue fácil. No llegó a sentir miedo, «pero sí le tuve mucho respeto al virus y estuve bastante inquieta. Al principio apenas se sabía nada y yo estaba de cuatro meses. A nivel mental no ha sido nada fácil».

«Sumergirle con las chicas»

La pandemia ha hecho que el oceánico Kai, hijo de una ‘sirena’ y un surfero, todavía no haya tenido su bautismo acuático. «En cuanto pueda me lo llevo a un entreno y lo sumerjo allí con las chicas, que son como sus tías», planea Ona. A la nadadora no le importa que su hijo no sea deportista, «pero sí quiero que practique algún deporte, porque eso te transmite unos valores esenciales». El niño ya cuenta con una mini raqueta que le envió Nadal. «Si le gusta el tenis, lo mando a la academia de Rafa. Allí hacen una labor maravillosa».

Famosa en ‘MasterChef’ por su temple ‘waterproof’, Ona, sin embargo, entiende que Ainhoa Arteta perdiera los nervios durante una prueba del concurso. «Es la magia de ese programa, que te pone al límite. A mí quizás se me nota menos porque estoy acostumbrada a la presión de jugarme el trabajo de cuatro años en los tres minutos de una final olímpica. Sin embargo en el concurso pasé muchos nervios internos. Yo también me rompo a veces, pero por dentro».

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