Cultura

Zen del Sur, un circo nacido para emocionar

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Los sueños son un naufragio. Aunque en ellos arrastramos nuestra impedimenta de cada día, siempre arribamos a una playa desconocida, que decoramos a golpes de deseo y de la que despertamos con la sonrisa del acaso o empapados en el sudor de la pesadilla. Zen del Sur ha vuelto a hacernos soñar con su obra ‘Órbita’, mejor que la última vez que la vi. En este caso, el marco ha sido el V Festival CAU, que solo ha tenido dos citas persenciales debido a la pandemia. La pareja juega con los restos de su onírico naufragio amparados por unas redes remedadas como estático decorado, unos cajones preñados de luz como único desarrollo vertical del espectáculo y mucho más flamenco que circo.

Una sirena de pantalones ajustadísimos y trenza sin fin y un Neptuno de algas negras por melena convierten la isla del naufragio en tablao flamenco con alguna muy queda guedeja de carpa circense. El piano grabado, cuyas dos manos son metáfora de la conjunción entre estos dos cuerpos bailando, da paso a la música en directo siempre apoyada por la técnica de la cabina o del pedal. Y eso se agradece. Noemí se luce a la guitarra mientras Carlos no tabletea mal sobre los cajones.

Un altibajo de sensaciones recorre el escenario bien iluminado cuando los escasos equilibrios crean bellas imágenes, la mujer se ayuda de guijas de la playa para que la acompañen en el zapateado o Leonardo da Vinci aparece redivivo con su círculo humano desafiando el mareo.

Tras algunas repeticiones coreográficas, una escena preciosa pone fin al espectáculo. En ella se da libertad a la arena de la playa, que otro naufrago guardó en una botella. Y los granos agradecidos dibujan órbitas de planetas imposibles solo sujetas a la inexorable ley del péndulo.

Más flamenco que circo y casi tanta danza como teatro para conformar una creación granadina original y seductora. Entre el público muchos universitarios pues la compañía, con esta representación, participa en un proyecto de investigación de la Facultad de Ciencias del Deporte, en la que se trata de evaluar la relación entre circo y emociones. Una relación que está fuera de toda duda, a la vista de la belleza conseguida en el escenario y de los aplausos cosechados desde el patio de butacas.

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